Cada músculo de mi rostro se tensó cuando insistí con volver a llamarla y me di cuenta que ella había apagado su móvil. Y esa vez, sí me había dicho adiós. ¡Adiós y una mierda! No podía creer que quisiera darle final a lo que habíamos comenzado una semana atrás, luego de admitir que me amaba mientras yo la envolvía entre mis brazos en la oscuridad de mi habitación. ―Joder. Sintiéndome impotente, arrojé el móvil con todas mis fuerzas contra la pared. Pude oír el suspiro de Elijah mientras caminaba a buscarlo, dejándome sentado en el mismo sofá donde minutos antes habíamos visto a Olive huir del programa. ―Enano… ―empezó a decir mi primo, volviendo a mi lado con el celular en su mano. ―No ―le corté intentando mantener mi voz estable. Aunque casi nunca me hiciera caso, esta vez él calló.

