Poco era lo que había recorrido las afueras de Hawái durante los pocos minutos libres que teníamos entre escenas y escenas. Apenas había tenido tiempo después de las grabaciones para ir al hotel y descansar las horas necesarias. Un par de veces, en las que mi papá había decidido darnos un merecido descanso por la tarde, Ricky me había invitado a la playa, donde se suponía que todo el mundo iba a relajarse. Yo había decido quedarme a «repasar el libreto». Sabía perfectamente que era la excusa más estúpida de mi repertorio, sin embargo, era la única que funcionaba. Con la misma excusa, incluso me había negado a la invitación de Harry para ir a la piscina del hotel. ―Vamos, Liv. No puedes pasar todo el día aquí ―insistió el domingo, cuando nos dieron el día completo libre. Harold era un bue

