―¿Cuál es tu sueño, Olive? ―me espabiló la voz de David, un poco dudoso y quizá temeroso de mi respuesta. Tras sonreír a las palabras de Alex escritas en la pulsera, alcé la mirada. ―Ser un buen ejemplo ―dije entonces. David, como respuesta y posterior pregunta, me miró―. Hasta hace unos meses, yo no me consideraba alguien que pudiese guiar a otros, mucho menos inspirar. Ya sabes, Olive Cameron, la chica que hace broma tras broma. ¿Momentos serios? Nunca ―titubeé intentando reír ante mi monólogo. Algunas personas rieron por ello―. Todo lo que podía considerar bueno en mí misma, lo destruía. El… el odio hacia mí misma era mayor que cualquier otro sentimiento ―confesé. ―¿A qué te refieres? Asustada, pero incapaz de retroceder, moví las pulseras de su lugar y alcé el brazo hacia las cámar

