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1050 Palabras

Edgar  Una simple palabra bastó para que Zoe dejara de pensar y centrarse en lo que su cuerpo le pedía. Su piel suave y su pelo despeinado se dejan ver sobre la almohada que tenía al lado, una ducha me refresca al llegar a casa y descubrir lo lindo que quedó la habitación de mi hijo, de cómo se le brillaron los ojos y disfruté cómo sonreía al ver muchos juguetes. —¿Tienes frío? — pregunté al verla tapada con el nórdico hasta el cuello. Recuerdo los días que ella era la compañera de mis noches, de mis besos, de mis brazos, verla de nuevo junto a mí es como revivir el pasado que juntos dibujamos, las veces que la hice gemir de placer y ella a mí, pienso lo felices que habríamos sido si hubiera llegado a pedirle matrimonio como tenía planeado hacer. —Pensándolo bien, no, de hecho, me es

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