Victoriana
Seguía caminando y trataba de no rendirme. Mis pies ardían; no sabía qué diablos estaba pasando. Había caminado por toda la ciudad y no había encontrado un trabajo, pero sabía que tenía que seguir insistiendo. Cuando me paro en la puerta de entrada de mi casa, tomo el pomo y respiro hondo, pues ni siquiera sé cómo se lo diré a mamá. Estoy a punto de abrirla cuando, de pronto, se abre la puerta. Alaric, un poco agitado, me mira con los ojos muy abiertos. Yo me cruzo de brazos y alzo una ceja.
—¿No crees que es un poco tarde para salir? ¿A dónde vas?
Él trata de disimular su sorpresa, me sonríe de lado y hace lo mismo que yo: se cruza de brazos y me mira desafiante. Estúpido adolescente, piensa que conmigo va a jugar, pero está muy equivocado.
—No, aquí la pregunta importante es: ¿dónde has estado? ¿Acaso no has visto la hora? Es demasiado tarde.
Yo sonrío y niego. Lo miro con los ojos entrecerrados y le doy un pequeño golpe en su hombro con el puño.
—Yo nací de noche, pero no anoche. No quieres jugar conmigo, escuincle. Sé muy bien que no ibas a buscarme, así que habla de una vez.
Él suspira y se encoge de hombros.
—Lo siento, Try, solo iba a jugar un poco con Michael y Marcos. Sus papás les acaban de comprar un nuevo videojuego. ¿Podría, por favor...?
Yo volteo los ojos con fastidio, pues tengo que aceptar que esos dos muchachos no me dan muy buena espina. Sus padres son ricos y ellos no tienen límites, mientras yo trato de enseñarle a Alaric que tiene que esforzarse si quiere obtener algo. Pero también pienso que si le prohíbo acercarse a ellos, me ocultará las cosas, y no quiero eso. Así que simplemente me pongo de puntitas y le doy un beso en la mejilla.
—Está bien, pero ya es un poco tarde, así que solo una hora y regresas a casa, ¿vale? Tienes colegio mañana.
Él sonríe, estoy segura de que su cara se partirá en dos, y asiente. Sale corriendo como si de verdad eso fuera muy importante. Yo solo niego y por fin entro, pero de inmediato me detengo al ver la escena en la sala: Jason sentado mientras que una chica está encima de él, besándolo. ¿Pero qué es esto? ¿Acaso piensa que es un maldito hotel? Yo pellizco el puente de mi nariz. Juro que solo quisiera lanzarme a la cama y dormir, y no volver a despertar en mucho tiempo, pero estoy segura de que no tengo tanta suerte. Así que carraspeo y parece que a ellos no les importa. Así que lanzo mis cosas a uno de los sillones y me acerco a ellos. Tomo el hombro de ella, y de inmediato, se aleja de mi hermano, se pone de pie y me mira de arriba a abajo. Parece que este día se pondrá peor todavía. Pero yo volteo hacia mi hermano y le sonrío.
—¿Qué se supone que haces, idiota? ¿Por qué no respetas un poco la casa? ¿Dónde está mamá y Jared?
Él suspira con fastidio y se pone de pie. Se acerca a la chica y la toma por la cintura mientras ella sonríe y alza una ceja.
—Primero que nada, no te pongas de esa manera. Esta también es mi casa. Mamá está dormida, ni siquiera se ha dado cuenta de nada, y Jared no soy su maldita niñera. Deja de hacer un drama donde no lo hay. Es un simple beso. No porque tú seas una...
Yo doy un paso hacia él antes de que diga una estupidez y lo señalo.
—Escúchame, idiota. Tienes razón, es está también es tu casa, pero no por eso tienes que faltarle al respeto, y mucho menos faltarle al respeto a mi madre. ¿Qué tal si hubiera sido ella la que te hubiera encontrado?
—Estoy completamente seguro de que no hubiera armado tanto drama como tú.
Yo le sonrío y niego. Vaya que sí es un cínico.
—¿Sabes por qué no armaría un drama, como dices tú? Porque ella no sabe que has dejado la universidad. ¿Tú crees que soy tonta? Por favor, ¿piensas que porque te vas todas las mañanas me trago el cuento de que sigues estudiando? No, yo sé perfectamente que te expulsaron, y para tu desgracia, también sé por qué lo hicieron. Esos vagos y esta muchachita no te dejarán nada bueno. Pero cuando estés hasta el cuello de problemas, no vengas conmigo a pedir ayuda, porque seré la última persona que lo haga. Yo seré muy... ¿cómo ibas a decir? mojigata, monja. Sabes, no me importa porque soy honesta. Trabajo para que puedas comer, y ni así agradeces. Eres un adulto, solo recuerda eso. Si te llevan preso, yo no voy a sacarte de ahí, ¿entiendes?
Él me mira sorprendido, abre y cierra la boca como un pez fuera del agua, sorprendido, mientras la chica ha borrado su sonrisa. Yo suspiro resignada. Como dije, es un adulto, y si sucede algo, yo no puedo hacer nada. Me doy la vuelta y empiezo a caminar hacia mi recámara, pero él me empieza a llamarme, aunque yo lo ignoro completamente.
—Triana, Triana, tenemos que hablar. Victoriana, escucha.
Yo llego a mi habitación e ingreso. Dejo la puerta abierta porque sé perfectamente que él viene tras de mí. Me siento en la cama y quito mis zapatos mientras masajeo un poco mis pies. Duelen horrible, pero sé que mañana será un mejor día. Cuando por fin entra, se ve agitado, se para frente a mí y me mira con miedo y tristeza.
—¿Desde cuándo?
Yo lo miro confundida por su pregunta y él pellizca el puente de su nariz y niega.
—Sí, ¿desde cuándo lo sabes? ¿Desde cuándo estás enterada de que no estoy en la universidad? Y respecto a eso...
Yo de inmediato lo interrumpo antes de que lo mencioné en voz alta.
—Desde que inició el semestre. El rector me mandó llamar para preguntarme por qué no habías ingresado si te faltaban solamente tres semestres para terminar tu carrera. Pero está bien, Jason, no pasa nada. Es tu futuro, no el mío. Y respecto a eso, por favor, solo mi madre, que llega tan agotada, no se da cuenta de nada. Pero yo sé absolutamente todo. Solo le pido a Dios que te cuide porque sabes perfectamente que lo que estás haciendo no es bueno. Dañas a otras personas, te pones en peligro, y nos pones en peligro a todos.
Suelta una carcajada y camina de un lado a otro.
—¿Ponerlos en peligro? ¿Yo? no Triana. Yo jamás los pondría en peligro. Lo que yo hago es entre mis amigos. Sin embargo, Alaric...
No, no puede ser. Yo de inmediato me pongo de pie y me paro frente a él para que se detenga. Es mucho más alto que yo, así que agacha un poco su cabeza y suspira.
—Lo lamento, no quería que te enteraras así, pero...
—¿Pero qué? ¿Acaso has metido en ese mundo también a Alaric? ¿Por qué lo has hecho? Es un buen chico. ¿Por qué embarrarse en la mierda?
Veo cómo hace sus manos puños y sonríe de lado.
—¿Por qué siempre piensas que yo soy el culpable de todo? Yo no fui quien lo metió en este mundo de mierda, como tú dices. Fueron Michael y Marcos. ¿O acaso no te has preguntado por qué el director aún no te manda llamar por las colegiaturas que tienes pendientes? ¿No te hace ruido eso en la cabeza? Date cuenta, Alaric no es el santo que tú piensas. Justo en este momento, Michael y Marcos lo llamaron para ir a un antro llamado La Gata Negra y entregar una mercancía. ¿Acaso no lo viste cuando salió? Supongo que sí.
Yo lo miro a los ojos y sonrío.
—Sal de aquí, Jason. Necesito pensar las cosas, y tú deberías de hacer lo mismo. Pues mi madre debería de estar enterada de que ya no estás en la universidad y busca un trabajo, porque yo acabo de perder el mío. Así que si quieres comer, tendrás que trabajar. Si haces cosas de adultos, compórtate como un adulto.
Él me mira sorprendido. No sé aún por qué, si porque he perdido mi trabajo o porque tiene que hablarle con la verdad a mi madre. Yo le doy la espalda y él sale de mi habitación golpeando la puerta. No me importa lo molesto que esté ahora mismo; siento que mi corazón se ha partido en muchos pedacitos, jamás pensé que Alaric fuera capaz de eso. Per recordando lo que sucedió en la mañana. Entiendo todo, pues no iba a permitir que el director me informara que todo estaba cubierto. Por supuesto, soy una tonta, por eso me pedía abandonar el colegio. Pero, ¿por qué no me lo dijo? Tengo que hablar con él, pero antes buscaré la mercancía, tiene que guardarla en algún lugar. Así que con paso lento camino hacia su habitación. Cuando abro la puerta está en completa oscuridad. Limpio una lágrima que baja por mi mejilla y sonrío.
Me acerco a la mesita de noche, y tomo entre mis manos una fotografía donde estamos todos, incluso mi padre. Los recuerdos vienen a mi mente. Todo era diferente, nada parecía tan difícil, o al menos era lo que él demostraba. Pero ahora que yo lo vivo, vaya que es difícil. Ni siquiera vivíamos en un lugar tan malo. Nuestra vida era un poco más acomodada, sin tantas preocupaciones, pero él ya no está. Así que ahora hay que afrontar todo lo que venga. Coloco de nuevo el cuadro encima de la mesita de noche cuando escucho su voz.
—Supongo que ya lo sabes.
Yo volteo y lo miro a los ojos, decepcionada, y él se da cuenta, pues de inmediato da un paso hacia mí, pero yo niego y me alejo.
—Try, podría explicarte...
Cuando él dice esto, veo su labio que está sangrando. Quisiera acercarme, pero no lo haré y tampoco permitiré que me dé una excusa con algo que no tiene justificación. Así que simplemente niego.
—No, no quiero escucharte porque nada, escúchame muy bien, nada es una justificación para lo que estás haciendo, poniendo en peligro tu vida, haciéndole daño a otras personas. No a Alaric. Pensé que había hecho un mejor hombre de ti, pero me equivoqué. Ahora explícame, ¿quién te golpeó? ¿O también ha sido por la mercancía?
Él agacha la cabeza y asiente. Yo lo miro confundida, porque golpear a un hombre que hace el trabajo sucio. Así que me cruzo de brazos y lo miro, demasiado molesta.
—¿Por qué te han golpeado? ¿Qué hiciste? ¿Acaso no le entregaste? ¿O qué ha sucedido? No sabes, no me interesa. Lo único que tengo que decirte es que quiero que salgas de ahí, ¿entiendes?
Él camina hacia su cama en completo silencio y se sienta ahí. Estoy por marcharme, pues creo que ya hemos hablado lo suficiente, cuando él me dice:
—No puedo hacerlo.
Yo me volteo y lo miro con los ojos entrecerrados. ¿De qué diablos está hablando? ¿Se ha vuelto loco? Yo empiezo a negar.
—Quiero que salga de eso en este momento. Llamarás a los idiotas de tus amigos y les dirás que ya no harás entregas ni nada por el estilo, ¿entiendes?
Él suspira y me mira con miedo.
—Creo que aún no me has escuchado bien. Triana, no es que yo no quiera salirme, es que no puedo. Justo hoy tenía que entregar una mercancía; obviamente, la dejé en casa de Michael de Marcos y ellos la consumieron. Por eso salí corriendo, ya no había nada. Ahora tengo que pagar ese dinero, por eso mis golpes en la cara. Si no lo pago, me matan.
Juro que estoy a punto de desmayarme. Y ahora, ¿qué diablos voy a hacer? ¿Con qué dinero vamos a pagar eso? Si ni trabajo tengo, ¡mierda! Y ahora, ¿cómo saldré de esto?