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Una caricia al corazón ( Katy y Daniel)

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Descripción

Katia es una chica libre, feliz y sonriente, mejor conocida por sus seres queridos como Katy; enamorada de la vida , apesar de haber quedado huérfana.

Vive con su hermano mayor Estéfano y su madrastra Olivia, a quienes ama con toda su alma. Durante la Universidad vive un pequeño romance con un chico lindo pero idiota, que por consejos de su amigo, empieza a maltratar a katy ; pero ella al ser tan inteligente y empoderada no deja que eso avance; se aleja de él para siempre, empieza a vivir su vida feliz , esta dispuesta a no sufrir por amor una vez más, hasta que conoce a Daniel; un chico millonario,guapo y sexy que se volverá un placer para ella; pero que por motivos de muchas trabas; que ella se impone, lo aleja haciéndole daño para que nunca le queden ganas de volver a verla.

¿ Sera muy tarde para que Katy enamore una vez más a Daniel?.

¿ Podrá borrar cualquier dolor de su corazón ,para poder entregarse al verdadero amor?.

Una historia donde la que luchara por reconquistar a su amado sea la mujer.

Porque sí, las mujeres también cometemos tonterías y lastimamos al hombre que amamos

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1-❧𝑪𝒐𝒓𝒂𝒛𝒐́𝒏 𝒓𝒐𝒕𝒐❧
Katy. *Dos días después de la boda de Estef* El sol de media tarde rebotaba en los escaparates de la plaza. Olía a café recién molido y a perfume caro. El murmullo de la gente era un zumbido lejano. Yo tenía las manos heladas y el estómago hecho un nudo. Daniel estaba frente a mí, con esa camisa azul que le marcaba los hombros y esos ojos color café claro que siempre me desarmaban. Tenía el ceño fruncido, la respiración agitada. No de correr. De no entender. —Sí, Daniel, tengo novio —mentí, y la voz me salió más firme de lo que sentía—. Perdón por haberte ilusionado, o lo que sea que estés sintiendo... Estoy enamorada de él, de hecho llevamos juntos tres años. El aire se volvió espeso. Vi cómo tragaba saliva. Cómo su mandíbula se tensaba. —¿Estás bromeando, verdad? —su voz se quebró un poco—. Katy... yo no estoy jugando. De verdad me enamoré de ti. Eres una chica maravillosa, guapa, inteligente... —Para, para… no sigas, por favor —levanté una mano. Me temblaba—. Basta, cállate. Ese libreto ya me lo sé. Seguro es el que les dices a todas las tontas que caen en tu labia, pero yo no. Ni modo, chico rico, conmigo no pudiste jugar. Las palabras me quemaron la lengua. Sabían a mentira, a miedo, a protección. —¿Por qué dices eso, Katy? —dio un paso hacia mí. Su perfume, madera y algo cítrico, me envolvió y me mareó—. Tienes el peor concepto de mí. Me estás juzgando, estás con prejuicios conmigo, y eso no se vale. Jamás te he hecho algo para que pienses eso de mí. Sí, tenemos muy poco tiempo de conocernos, pero de verdad me encantas, Katy. Eres… increíble… Quiso tomar un mechón de mi cabello entre sus dedos. Yo retrocedí como si quemara. Estábamos en una plaza comercial donde nos quedamos de ver después de la boda de Estef. Aunque en la boda y días anteriores —meses, para ser certera— la pasamos muy bien... no podía enamorarme de un chico con vida complicada. Ya era suficiente con mis dramas como para anexar más dificultades a mi vida. No quería sufrir como veía a Aurora, por estar con un millonario heredero de una dinastía. —¿Verdad que me estás probando? Ya, Katy… —me abrazó por detrás, pegando su rostro en mi hombro. Sentir su aliento en mi cuello me estremeció demasiado. Estaba a punto de ceder—. Deja tus bromas, esta sí que no me gusta. —Es que no es broma, Daniel. Me volví a verlo. Veía confusión en su mirada, una ligera sonrisa en sus preciosos labios, como queriendo disimular el dolor que estaba segura le estaba causando. Me dio un dolor en el corazón verlo así, pero era necesario. Yo no estaba dispuesta a sufrir, eso no era para mí. Es mejor que de una vez muriera todo lo que estaba surgiendo entre nosotros, y si tenía que desilusionarlo para lograr que se olvidara de mí, pues ni modo; tenía que hacerlo. —Ya veo… estás hablando en serio. Vi cómo tragó saliva. Esto le estaba doliendo. Ahora caía en cuenta que de verdad me amaba, pero ya estaba dicho todo. No podía echarme para atrás. Dio unos pasos para atrás, alejándose de mí un poco, con sus manos en la cabeza demostrando su frustración. Por dentro quería lanzarme a sus brazos y culminar lo que habíamos estado haciendo días anteriores. Después de salir con él varias veces, empezó una atracción excitante por él. No podía dejar quietas mis manos y mi boca cuando estaba cerca de ese hombre, cosa que jamás me había pasado. Bueno, nunca tuve más experiencias; para ser sincera, mi único novio había sido Fernando, pero con él nunca surgió un deseo, no como el que tengo con Daniel. Pero no podía ser lo nuestro. No podía. Yo no había sido hecha para sufrir por amor. Cuando vi cómo sufrió Estefy con mi hermano después del malentendido con la apuesta, y luego conocer a Aurora y ver todo lo que estaba pasando, yo no quería pasar por nada similar. Estaba convencida de que el dolor, el sufrimiento, no entrarían nunca más en mi vida. Por eso siempre andaba feliz y trataba de estar bien siempre. Aunque me encanta Daniel en todos los sentidos, esto me iba a hacer daño tarde o temprano. Es mejor cortarlo de tajo y de raíz. —Lo siento… —Cállate, Katy… no es justo lo que me hiciste. Jamás me porté mal contigo. —Discúlpame, no era mi intención. Además, siempre has tenido chicas a tus pies. Qué más da si una pueblerina como yo no cae rendida a tus encantos. —¿Por qué crees que soy esa clase de hombre? Me miró con sus preciosos ojos color café claro. Tenía su rostro desencajado. Veía que no asimilaba nada de lo que le estaba diciendo. En ese momento sentí la necesidad enorme de olvidar todo, lanzarme a él, decirle que sí era una broma lo que le estaba diciendo. Pero no. Ya era demasiado tarde mi arrepentimiento. Se dio media vuelta y se alejó. Caminó a toda prisa, sin volver siquiera a mirar atrás. Si lo hubiera hecho, habría visto a una Katy que nadie ha visto aún: una Katy vulnerable, que demostraba dolor. Pero así estaba mejor, que no lo supiera. Me quedé ahí viéndolo cómo se retiraba, después de haber tenido una linda cita con él. Le rompí el corazón. Ya sé que eso no estaba nada bien, pero mejor yo que él. ¿Acaso estoy mal? Las historias con millonarios nunca terminan bien, y no quería arriesgar nada por nada. 🪻🪻🪻🪻🪻🪻🪻🪻🪻🪻🪻🪻🪻 *Varios meses después* Yo soy Katia Villaverde Burgos, mejor conocida por todos como Katy. Tengo 25 años. Y estoy tonta. Sí, tonta por dejar ir al hombre más sexy y guapo que he conocido en mi vida. Una vida que estaba perfecta antes de conocer a Daniel. O eso creía... ¡Ay, no! Mi dulce tormento. Ese chico guapo, sexy, maravilloso y realmente precioso, con los ojos más divinos que había mirado. El mejor sueño de cualquier mujer, sin omitir que es millonario. Ese es el problema para mí. Uno muy grande. Han pasado varios meses desde que le di la peor desilusión y me enterré un cuchillo en el corazón para no seguir sintiendo esto. Y todo para qué, ¡ah!, para que mi estúpido corazón y mi cerebro se mandaran solos, y me hicieran recordarlo y amarlo cada día más. ¿Cómo era posible que yo estuviera enamorada y sufriendo por no estar con él? Es que no lo podía creer. Justo lo que no quería fue lo que me pasó: sufrir por amor. Eso yo no lo planeé, no lo quería y no lo quiero. Después de haber terminado todo lo que estaba comenzando con ese papacito, ojos bellos y rostro de ensueño, cuerpo de un dios, no pude olvidarlo. Cada día pensaba más y más en él. Todo el tiempo lo estaba stalkeando en sus redes. ¿Cómo es posible que estuviera en una trampa que yo misma me había puesto? No podía creerlo. Me la pasaba llorando cuando vi que andaba saliendo con alguien más. Me dolió horrible ver que siguió su vida… ok, ok, es egoísta. ¿Qué quería, que estuviera rogándome afuera de mi casa? Aunque no me hubiera molestado nada. Ay, no, qué cosas digo. Ahora entiendo cuando dicen que duele más terminar con tu casi algo que con un novio formal. Es que no toleraba las fotos que veía de él con una chica. Muy fea, por cierto. Horrenda, diría yo... está bien, está bien, no es cierto. La chica era el sueño húmedo de cualquier hombre, pero no debía serlo de él. Me llevaba la fregada. Chinteguas, que estaba al borde del colapso, hasta que decidí una cosa que sería fundamental para mi vida. —¿Y… qué decidiste, peque? —preguntó Bianca, tirada en mi sillón con una paleta en la boca. El aire acondicionado zumbaba y olía a galletas porque acababa de sacar una charola del horno. Bianca, es que ve, ve esto —le enseñé una foto de Daniel con esa tipa. La pantalla me quemaba los dedos—. Ya está con ella… ¿Cómo por qué? —Pues… será porque lo mandaste derechito al carajo, no sé si sea por ese ligero detalle —dijo, sin despegar los ojos del celular. Le arrebaté mi celular de las manos y le lancé un cojín del sillón. Estamos en mi casa, ya saben, esta loquita se la vive aquí. —Eres una babosa. —Pues… —levantó los hombros como resignada—. Qué te digo, Katia. —¡Bianca!… es que no tolero verlo con esa tipeja. Ve, casi enseña todo. ¿Qué no tiene mucho dinero para comprarse más ropa? ¿Qué significan esos taparrabos? —Katy… ¿estás bromeando, verdad? Es un traje de baño, mensa. —¿Y?... bien pudo ponerse algo, descarada. Ahí enseñando sus implantes. —Ja ja ja, Katia. —¿Qué? —Estás que mueres de celos. —Ay, obvio, mensa. Es que mira, yo lo tuve así de cerca —señalé nuestra distancia con las manos—. Y ahora qué, ya no está. Él allá, yo… aquí. —Pues… para eso hay: camiones, autobuses, aviones. ¿Conoces los medios de transporte? —¡Cállate, mensa! Bianca comenzó a reírse de mí, pero no era tan disparatado lo que estaba diciendo de broma. Tenía que dejar de sufrir por algo que yo misma provoqué. Nunca imaginé que todo me saldría mal y que pasaría todo lo contrario a lo que yo quería: me enamoré como idiota del millonario más guapo que había conocido. No dejaba de pensar en lo guapo, hermoso y varonil que era ese tonto que me robó el corazón y todo. Ahora solo faltaba una cosa... reconquistarlo. Hacer que se enamorara de mí hasta las manitas, como yo estúpidamente lo estaba de él. —¿Qué tanto piensas, Katy? —dijo Bianca, sacándome de mis pensamientos. Giré mi vista a ella y con una sonrisa placentera le dije: —Me voy a donde está Daniel… —Ay, ajá… deja de bromear… —No, Bianca, no es broma. Estoy hablando muy en serio. Me voy, ¡me voy! Me levanté del sillón corriendo a mi cuarto. Un viaje me esperaba, así que tenía que poner mis planes en marcha… ¡Daniel, ahí te voy, chiquitito! (❀╹◡╹)

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