Las salidas con Keith se tornaron más seguidas. Fuimos al cine a ver una espantosa película de terror que me causó pesadillas durante dos noches seguidas. Lo llevé a la estatua de la libertad, conoció una de las más emblemáticas estructura de Nueva York, comimos hamburguesas, e incluso me dejó manejar la moto de su hermano y casi quebrarme cada uno de los huesos de mi cuerpo al caerme y romperle ambos espejos. Fue una vergüenza ver a su hermano al llegar al departamento donde se estaban quedando, con una moto algo diferente a la que sacamos de la cochera. De inmediato le aseguré que pagaría los daños, aun cuando él se carcajeó en mi rostro, mientras Keith y yo lo veíamos como si hubiese perdido la cabeza. Para Micah estrellarse contra el asfalto por falta de práctica era tan divertido com

