Con nuestras piernas enredadas entre las sábanas, desperté el día predispuesto para conocer al nuevo jinete que la compañía contrataría. La luz de la ventana se reflejaba en la espalda desnuda de Skyler, mientras la brisa que se colaba movía su cabello. El aroma de su cabello junto a la suavidad de su piel, eran una carnada que no me dejaba escapar de aquella seductora cazadora llamada Skyler. Dejé una estela de besos por el centro de su espalda, justo antes de llegar a su cuello, quitar los mechones de su cabello y mordisquear su oreja. Ella se removió en la cama y soltó una risita cuando la barba raspó gran parte de su cuello y sus manos buscaron mi rostro entre las sábanas. Skyler susurró que se debía levantar para preparar el desayuno, pero con un par de besos la convencí de lo contra

