Una terrible pesadilla me despertó a las tres de la mañana, pocos días antes de volverme por completo loco. La situación con Andrea me sacaba de quicio, suplicando a quien me escuchara que todo eso terminara. No toleraría un día más alejado de ella, siendo consciente que estaba revolcándose con Dean Golding en su apartamento. Me causaba jaqueca imaginarla en su apartamento, enredando sus piernas en las suyas, traspasándose sudor, besándose como si el mundo fuera acabarse al siguiente día y con esa sonrisa que una vez fue por completo mía. Intentaba sacarla de mi cabeza, que la obsesión decayera, pero era imposible concebir algo como eso cuando cada maldito día veía su rostro en la parte trasera de la revista que llevaba su nombre. Busqué mil maneras de olvidarla, con rostros diferentes y

