La mañana de mí salida a Oregón, Skyler preparó huevos rancheros, algo de pan tradicional y buscó leche en la entrada de la casa. Me atendió como a un príncipe antes de marcharme, incluso se sentó en mis piernas mientras desayunábamos. No entendía por qué era más cariñosa de lo habitual, pero no me quejé de la fabulosa atención. Alma estaba con nosotros, emocionada por subir a un avión conmigo e ir a la feria de Oregón durante una semana. Le había prometido algo fabuloso para su cumpleaños, así que visitar un lugar asombroso como la feria que muchas personas me recomendaron, fue la excusa perfecta para unas segundas vacaciones. Le pedí a Skyler que me acompañara, pero comentó que no podía abandonar su trabajo por tanto tiempo. Si ella hubiese ido conmigo quizá las cosas no habrían result

