Fui el primero en felicitar a Amy esa mañana. Mi novia cumplía diecinueve. Y yo estaba más que feliz porque si me daba la gana de raptarla y llevármela lejos, solo ella tendría la potestad de decidir si continuar conmigo o no. Me arreglé y fui a la mansión con su obsequio, y cuando se lo di, me sentí como un extraño porque en el comedor estaban los padres de Amy, y ella me abrazó con dulzura y yo me quedé estático y frío como un maniquí y le devolví el abrazo de manera tosca. Fue muy desagradable... Maldita doble vida. Maldita realidad. La señora Leyla me interceptó en uno de los pasillos y muy clara me pidió que olvidara mi faceta de guardia y que disfrutara de la celebración en el yate. No era algo que me iba a costar un gran esfuerzo, pero sí me iba a cohibir de hacer todo lo que q

