Apenas eran las cinco de la mañana y un dolor de cabeza me coronaba y designaba como su rey... ¿Cómo podía cargar un dolor tan fuerte sin haber bebido la noche anterior? Al parecer, la resaca emocional sí existía. De igual manera, me levanté y me metí a la ducha para estar antes de las seis en la mansión Goldman. Me parecía tan absurdo que Celeste le diera más credibilidad a varios mensajes que le llegaron en vez de a mí, que me tenía de frente y me conocía de años... Pero eso me demostraba —y confirmaba— lo loca e inestable que era, y era algo que, lastimosamente, yo no podría cambiar. Quizá yo era celoso y sobreprotector, pero no mentiroso. O no del todo... Me enjuagué el jabón y salí del baño, me vestí casual, al carajo el traje, era fin de semana... Pero igual me lo llevé en una perch

