~Extracurricular✓

1386 Palabras
Un día de chicas. Un día para mí y para Gwen. Nos embutimos en el auto sonrientes. Gwen maneja ya que no tengo mucha práctica. Por primera vez, mis pensamientos no me atormentan. Leviatan ha desaparecido quedando sin rastros. Solo Gwen y este presente está en mi cabeza. Bajo el vidrio del carro y la brisa entra revolviendo todo el cabello. Sonrío. —¿Que te paso ahi?—pregunta por los vendajes que llevo en las manos. Veo mis manos. —Espero que no hayas golpeado a Víctor—dice divertida. —Estuve a punto. Nos echamos a reír. —Me corté, y él me curo—digo una media verdad. En realidad, no me corté aunque el doctor si me curó. —Esa es la ventaja de tener un amigo doctor. Asiento, estoy de acuerdo con ella. —¿Cómo puedes ser amiga de alguien que no cree en Dios? Me echa un vistazo, luego, mira la carretera. —Él es escéptico pero respeta mi creencia. Respeta mi buen juicio, respeta a Dios y por eso hemos sido amigos por tanto tiempo. —¿Que piensa Gabriel de eso? —Mmmm... Un tiempo creyó que estaba enamorado de mí, luego que nos casamos dejó la idea. —¿Por qué pensó eso? Gwen se rasca la cabeza y suspira. —Él le dijo a Gabriel que no me merecía. Gabriel no entendió que solo quería cuidarme. —¿Por qué le dijo eso? ¿se volvió loco?—parpadeo. Se ríe. —De locura, Victor es especialista. Y no se porque le dijo eso. Supongo que estaba celoso. Ya no tenía tiempo para él, ni para conversar con él. Me había dedicado a Gabriel en cuerpo y alma. En ese tiempo, estaba loca por Gabriel, no entendía de razón ni cordura y cuando quedé embarazada, él me lo propuso. Pelé los ojos. —¿Quedaste embarazada fuera del matrimonio? Gwen me miró y se rió. —Dios todos me miran escandalizados. Victor lo hizo cuando le conté. Bastó una sola vez y puuum llegaron los vomitos, náuseas y todo eso. Todos hablaban a mis espaldas porque la virgen había quedado embarazada sin casarse—su rostro se ensombreció—. A los pocos meses de habernos casados, él niño murió dentro de mí. —¡Oh Gwen lo siento! ¡lo siento tanto! —No, no. Fue hace tanto. Por eso, tengo que cuidar este bebé—se tocó el estómago. Le sonreí con ternura. —¿No es muy arriesgado que salgamos? tienes un embarazo de alto riesgo. —Solo será un par de horas. Además, estar en la casa todo el día me aburre. —Enserio, debes descansar. Saliste y vuelve a salir. Suena a imprudencia. —Vale mamá, tiene razón. Nos comemos un helado y regresamos ¿vale? Me echo a reír. —Vale. Por cierto, que dijo tú madre cuando te quedaste embarazada. El auto se detuvo en un centro comercial gigante, iluminado. Veo sus ladrillos por fuera, y el nombre: Paraíso. —Mi madre y mi padre habían muerto. —Oh...yo no quise ser imprudente. —Tranquila. Es necesario que hable de ellos. Murieron en un accidente. Justo el día que me enteré del embarazo. Al final, nunca lo supieron. En cierta parte, por eso Gabriel decidió que nos casaramos, para apaciguar mi sufrimiento. La veo bajar del auto y lo hago. Me toma del brazo y entramos al centro comercial de Frost. Lo sé porque una vez estuve con Gigi aquí. De hecho, la imagen de Gigi viene a mi mente y tengo un masivo impulso de ir a verla, de saber cómo está después de que Mark me echó de la casa aquel día. Gwen se acerca a una heladería y se sienta revisando la cartilla. —Aqui están los mejores helados de Frost. Sonrío. —Yo tengo antojo de chocolate. La miro y asiento. —Igual. Lo pedimos cuando el mesero se acerca y esperamos... —Yo estudié en esta universidad, tú deberías inscribirte. Pelé los ojos, un cosquilleo en mi estómago de emoción se pronunció. —Por Dios, me gustaría mucho. —Tendría que preguntar con algunos contactos que carreras están disponibles y si hay matricula. Pero, deberías hacerlo, es maravilloso estudiar. Sonrío, yo quiero también. Nos traen el helado y a pesar de que está frío, lo devoro demasiado rápido mientras que Gwen va a capaz lentas, esa lentitud me despera, no entiendo ¿por que no va al mismo ritmo que yo? —Uuuum... ¡está rico!—exclama, complacida. Asiento, aunque me lo terminé. La veo comer y tiene toda la boca llena de chocolate, eso me hace reír. Veo a la gente del centro comercial que entra y sale, y es entonces cuando lo veo. El mismo tipo de cuero. El que me violó. El que no recuerdo muy bien. El hombre que me llamó Gwen. Nuestras miradas se encuentran, y enseguida se va. No puede irse... no hasta saber ¿por que nos sigue? Me alzo. —Voy al baño Gwen asiente sin dejar de comer. Voy detrás de ese acosador. Lo sigo de espalda. Se camuflajea con la gente, sin embargo, no estoy dispuesta a perderlo de vista. Voltea, visualiza que lo sigo, enseguida, apresura sus pasos. Yo también lo hago. Voy a saber quién eres hijo de puta. Camino, lo sigo y me distraigo por unos segundos y es cuando lo pierdo de vista. Quedo de piedra cuando lo veo: es Mark, y está... ¿con otra mujer? una rubia con cuerpo de diosa. Maldito. Una sonrisa malévola se ensancha y quiero tomarle una foto, lo deseo, quiero tener prueba y evidencia de que engaña a Gigi. Busco por todos lados y solo veo a gente caminando y a un niño jugando con un teléfono. Asimismo, me acerco al niño. Es mi única opción. —¡Hola!—saludo amigable. Él apenas me mira. —¿Y tú qué quieres?—inquiere en un tono brusco. Los niños de ahora... —¿Quieres ganarte un dólar de lo más fácil? Me mira interesado. —¿Que quieres?—dice el niño con pelo parado, camisa blanca de cuello y pantalones jean. —Puedes tomar una fotografía y luego ir a la tienda a imprimirla. Me sigue mirando sin expresión. —¿A quien hay que espiar? Alzo una ceja. —A un chico y chica, solo es una foto. Hace una mueca con la boca y sonríe. —Que sean 4 dólares. —¡Que! ¡usurero! —Entonces, no hay fotos. —Que sean 2 dólares. —3 dólares—negocia. Lo miro mal. Necesito tomar las fotos lo más rápido posible. —¡Hecho! El niño sonríe victorioso. Saco el dinero del bolsillo del pantalón y lo cuento. —No puedo creer que un mocoso me haya quitado 3 dólares. Se los doy y lo cuenta delante de mí. Sonríe y toma las fotografías, exactamente, unas 6. De inmediato, nos dirigimos a imprimirla y cuando lo hacen y me las entregan, me siento la mujer más feliz del mundo. Voy a joderte Mark. Tomo un hoja y escribo en letras grandes y en grafito: TÚ ESPOSO TE ENGAÑA. Compro un sobre y lo hago enviar como si fuera un paquete con suma urgencia a lluvias de sabores. Eso va dirigido a Gigi, y de Mark me encargaré después. Retorno a la heladeria y veo a Gwen preocupada. —¡Dios santo! tenía miedo de que te hubieses perdido. —¡Lo siento! lo hice—mentí. Conozco el centro comercial como la palma de mi mano. Suspira. —Debes tener un teléfono y así comunicarnos. Me encojo de hombros. —Eeeh, no he cobrado—digo, apenada. Gwen pone los ojos en blanco y me lleva a una tienda donde compra un celular y yo soy la más feliz del planeta, soy igual a una niña con juguete nuevo. Ella guarda mi número. Yo guardo el de Gwen. Entonces, después de eso, nos marchamos y nuevamente, por la ventana lo veo. Veo al hombre de cuero. Nos mira... Me sonríe... ¿Quien eres? ***** Notita: Aquí les dejo otro capítulo. ¿Que les parece? Dios, no confío en lo que hará Willow para joder a Mark.
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