~Extracurricular ~✓

2079 Palabras
¿Quien eres? Me pregunto por dentro sin preocupar a Gwen. Decirle que un hombre nos sigue sería caótico para ella, al menos eso creo yo. La miro con la vista fija en la carretera cuando enciendo el sonido del auto. Una canción suave, desconocida en todos los sentidos para mí sonó. Ella me miró moviendo la cabeza de lado a lado. —Fue mi canción de baile de boda—dijo—. Fue perfecta para Gabriel, él la escogió. Miré el reproductor con la intensión de que la letra en otro idioma me la tradujera al mío, y fue que caí en cuenta lo estúpida que era al esperar algo de un aparato que solo cumplía su única función. Sonreí. —¡Suena lindo! Saco la cabeza por la ventana y dejo que la brisa desordene un poco mi cabellera rubia mientras el sonido de la música consume mis oídos. Acontinuacion, Gwen no esperó lo que ocurriría. La salida extracurricular para liberarnos un poco de la rutina que hicimos le trajo un problema con Gabriel. Un problema donde no podía entender su enfado considerando que, estaba su suegra allí. Tuve ganas de fulminarlo con todo mi ser, cuando le gritó a Gwen. —¡No puedes salir! ¡Estás embarazada!—gritó. Gwen se quedó tan quieta como una piedra. Mis pensamientos a mil por segundos con cada palabra de maldición habidas y por haber. —¡Solo salimos unas horas!—replicó ella, su tono débil la dejaba al igual que una niña en presencia de su padre. —Horas dónde mi madre estuvo afuera de la casa esperando a que te dignarás a llegar. Debes recordar que tienes un embarazo riesgoso y que no es el tiempo de salir a cualquier lugar ya que puede ocurrir una emergencia—dijo, quizás fue sensata las palabras de Gabriel, entiendo que su preocupación lo lleva comportarse al igual que un imbécil. Lo que sí me cabreó en lo absoluto fue lo que a continuación dijo después. —¡Si a mi hijo le sucede algo, será solo tú culpa! Ojeé a Gwen y su rostro era indescifrable, no podía discernir si lo que sentía era ira, molestia, enfado, ganas de asesinarlo o tristeza. Entendía toda esa mezcla de emociones aún el asesinato en este caso, no se merecía ser tratada de esa forma solo por una salida. Tal vez Victor tenía razón: Gabriel no merecía a Gwen Enseguida me aparté de aquella presencia imponente que usa el tono de voz elevado para regañar a su esposa delante de todo el mundo y fui a la cocina cabreada. La muy vieja miserable que aún no conocia habia movido los pocillos de su lugar y los dejó en otro lado que no habia determinado. Resoplé, una forma de mantener la compostura en casos tan injustos como este. Minutos después, Gwen abordó la cocina con una expresión seria. Se movió de un lado a otro sin saber que coño estaba haciendo. Entonces, rompió a llorar de espalda a dónde me encontraba aunque sabía claramente que se sentía mal y lo estaba dejando salir. Con pasos lentos me acerqué abrazándola por detras. Impartiendo todo el consuelo que ni yo misma sabía cómo proporcionarle. —¡No sabía que vendría, lo juro!—sollozó. —¡Te creo! ¡no debió tratarte así!—me atreví a decir. —Él, ¡no es así!... hace todo esto porque su madre está aquí. Hago una mueca. —Aun si ella está aquí, no debió de regañarte frente a ella. La biblia debe decir algo sobre eso. Gwen me miró melancólica. —Ademas, Dios debió de dejar algún estipulado para las suegras cuando van a casa de sus yernas. No dijo, solo se me quedó mirando. —Un estipulado como: Suegras, no sean tan metiches... Se le escapó una risa que por más que quiso contener, no pudo. Yo también me reí solo que fue más forzado que sincero aún no conocía a la creadora de la disputa y ya la odiaba a pesar de ser la madre de leviatan. Suspiró decepcionada. —Dios, debo cocinar lasaña. Agarra la carne, la cebolla, el queso y yo la detengo. —Tranquila, te ayudaré. Sonrío con ternura. —Tengo a la mejor chef, entonces, no tengo por qué preocuparme. Entre las dos nos unimos en una cena especial. La lasaña fue rápida de hacer y la más rica también. Tengo la sospecha de que cuando estás cabreado la comida queda más rica. Gwen se rió cuando le expuse el comentario en voz alta. Puso la mesa y sirvió dos pedazos a Gabriel de lasaña y a los demas un trozo con una copa de vino. Por consiguiente, fue extraño para mí sentarme en la mesa sin ser m*****o sanguíneo de la familia. Agradecía que Gwen estuviera a mi lado para sentir su apoyo. La suegra de Gwen era una mujer delgada, elegante, alta. Tenía los ojos azules al igual que leviatan y el pelo corto hasta los hombros. El maquillaje exagerado la hacía ver malvada, creo que más por las cejas gruesas que por el delineador n***o que usaba. —Haz mejorado muchísimo con la lasaña Gwen—dijo la mujer, llevándose un trozo a la boca. De soslayo miré a Gwen que tenía una risita un tanto forzada. —¡Gracias!—musitó, mirándome—. Creo que ya conoces a Willow—. Willow, la señora Isabel Fisher y suegra, Willow. Le sonreí con amabilidad. —¡Es un gusto señora Fisher!—dije. Sentía el peso de la mirada de todos en la mesa, especialmente, la de Gabriel. La señora se me quedó mirando. —¿Cuántos años tienes? Titubeó en responder. —18 —Mmmm... eres una niña. ¿Que dicen tus padres porque estás viviendo aquí? Busco la mirada de Gwen y cuando al fin la encuentro presiento un destello de preocupación en ellos. No digo nada por unos minutos. Reflexiono la pregunta porque a la verdad no sé nada de mis padres. Entonces, resuelvo por responderle lo más fácil. —Mis padres me abandonaron cuando era pequeña, supongo que no tienen nada que decir. Gabriel carraspeó. Los ojos azules intensos me observan por unos cuantos segundos. —¡Lo siento!—se disculpa. Me concentro en el plato y jugueteo con el tenedor. —Madre...—interrumpe Gabriel—. Willow llegó a esta casa por medio de Gwen. Se conocieron de forma inusual y, estuvo el día donde casi mi esposa pierde el embarazo. Si no fuese Sido por ella, porque la auxilió a tiempo, el bebé hubiese muerto—explicó Isabel me miró. —¡Dios te bendiga mi niña por ayudarnos! Por esa buena labor que hiciste con uno de los míos. Que Jesús te recompense. Asiento en silencio y le doy una sonrisa forzada de boca cerrada. No me inspira confianza, ante esa imagen perfecta, no sé, presiento que se esconde algo más, quizás, un carácter cruel, no específicamente tiene que ser un secreto o un pasado turbio. Dios, considero que estoy paranoica, debe ser a qué está mujer no me aparta los ojos de encima ni por un segundo, aún cuando se dirige a otra persona en la mesa, siento el peso de su mirada. —Hablé con Gabo sobre el día familiar. Quiero que ustedes tengan una participacion. Me concentro en mi plato, es una conversación que no me importa. —Me parece bien—responde Gwen. —Que todo salga perfecto, ya está todo organizado y lo del campamento también—dice. —¿Campamento?—inquiere Gabriel —Si, son dos días donde estaremos con los jóvenes. Necesito que estés allí Gabo. —Mamá, tengo mucho trabajo. Además, Gwen no puede ir lejos de aquí, ¿si ocurre una emergencia?—refuta. —Hijo, necesitamos tú apoyo. —Mamá, no creo que pueda estar. —Son dos días. —Igual, no puedo dejar a Gwen sola y el trabajo botado. La mujer suspira. Miro a Gabriel y él no lo hace, de hecho, me ignora, no es capaz ni de mirarme por una vez. No comprendo el sueño tan real que tuve. Es como si para Gabriel no hubiese existido y tal vez para la realidad de él no existió. ¿O sí?. Estoy tan confundida. Es tan difícil descifrar que se esconde tras esos pensamientos de niño bueno y hombre moralmente comprometido con su familia, la iglesia y Dios. Sobre todo eso... Dios. Nadie debería jugar con Dios. Es un pecado mortal. Isabel se toma el vino y se limpia la boca con una servilleta. —Willow, estás invitada al campamento. Son dos insignificantes días. Por agradecimiento, yo lo cancelo. Miro a Gwen. Ella me mira. —Gracias señora Fisher. Arrastra la silla hacia atrás y el chillido me da dentera. —¡Estuvo todo muy rico! —¿Te quedas a dormir madre? —No creo cariño, mañana tengo un montón de cosas que hacer. —Te acompaño a la puerta. —Hasta luego Willow, adiós Gwen. Abandona la casa al lado de Gabriel y veo a Gwen hacer una mueca mal encarada. —Tu suegra es adorable... Gwen me mira como si hubiese dicho lo más descabellado del mundo. —Es adorable cuando no eres parte de su familia. Me echo a reír. —Dios me libre de las suegras—digo Ella me mira esbozando una sonrisa. —La tendrás. Algún día. Gabriel interrumpe la plática cuando irrumpe a la cocina con una cara de limón. Gwen me da una rapida mirada y bosteza. —Gracias por todo Willow, descansa. La veo irse a la habitación junto a su marido y tras cerrar la puerta, me entra la curiosidad de lo que estará pasando detrás de esas cuatros paredes. ¿Están discutiendo? o ¿Gabriel ha buscado otra forma de enmendar el error? Un destello de celos crece en mi corazón al solo imaginarme los labios de Gabriel entre las piernas de Gwen y me estreso cuando el pensamiento persiste una y otra vez hasta llegar al punto de enloquecerme. Tengo que saber que pasa en esa habitación después que se cierran las puertas. Ordeno la cocina y voy a mi alcoba. El calor me sucumbe y siento la necesidad palpitar entre mis piernas. Entonces, imagino, uso mi mente para traer a Gabriel y... y... me excito con solo fantasear que está encima de mi cuerpo, besando, chupando, lamiendo. Su boca desciende entre mis piernas recorriendo un camino peligroso con su lengua. Asimismo, mis manos hicieron espacio en mi clítoris, tocando, haciendo formas circulares hasta hallar el placer esperado. Mi fantasía me arrastra a la locura, a un éxtasis de otro nivel que me sucumbe y me resucita al mismo tiempo. En es instante, entendí que el placer de uno mismo va ligado a la imaginación, a esa imagen s****l que tengas del otro. Y yo, ya tenía dos encuentros con Gabriel o leviatan. Dos putos encuentros que dudaba si eran producto de mi imaginacion o una pura realidad. Gabriel era diferente a leviatan. Educado, casi no habla, y me evita lo más que puede. Los intercambios que hemos tenido han sido momentáneos y pocos, por ende, no comprendo aquella noche que me doblego hasta dejarme delirando por él. Cuando me corro. Quedo mirando el techo con los ojos pelados, el sueño se me ha espantado. Doy vuelta por toda la cama un largo rato hasta que decido levantarme. Suspiro, caminando por la oscura casa. Y es cuando me doy cuenta, me quedo parada unos segundos analizando el ¿por qué la puerta del despacho está abierta? Nunca ha estado abierta, al menos el tiempo que llevo trabajando. Camino despacio, no estoy asustada, solo tengo curiosidad. Me imagino que a Gabriel se le ha olvidado cerrarla. Es raro, nunca se le olvida nada. Me acerco, y entonces, él sale de allí. Un gritito sale de lo más profundo de mi estómago porque no me esperaba que en madrugada estuviera allí, al contrario, pensaba que estaban todos durmiendo. Me tapa la boca y el corazón se me detiene cuando sus manos tocan mis labios. Si supiera... si supiera que hace unos minutos me toqué pensando en sus manos, en su lengua. Dios, Sálvame de él o salvame de lo que puedas hacer yo. ***** Les dejo otro capítulo. Y salseo. Está historia habrá salseo y mucho. Dejen sus comentarios.
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