Alpone estaba sorprendido, da un pequeño vistazo a su compañero quien entendió sus intenciones y ambos se acercaron cada uno a un lado de la bestia y ayudaron al hombre a cargarla hasta la cabaña. Ya en ella, dejaron a la bestia en un depósito que estaba detrás de la cabaña y acompañaron al hombre quien les invito a pasar.
– Por casualidad ¿Usted es Ali? – pregunta Alpone
– El mismo ¿y ustedes? – pregunta de vuelta Ali
– Mi nombre es Taylor Micordios, y él es mi compañero Alpone de laCruz. Estamos en busca de alguna pista sobre la leyenda del espadachín Gigantico.
– Hace años que no escuchaba sobre él. ¿Qué quieren saber exactamente?
– Todo lo que sepa– dice Alpone entusiasmado al saber que alguien podía darle alguna pista
– El espadachín Gigantico, mejor dicho, Fustas Roda, según cuenta la leyenda era un joven aventurero que viajó por los confines del mundo en busca de los mejores espadachines para medirse contra ellos y demostrar que su arte el más poderoso. Se cuenta que su poder era tan grande que con una simple daga era capaz de partir un lago por la mitad, o abrir la tierra. Su apodo proviene por ser el único humano capaz de derrotar a un titán y obtener su poder devastador. Toda una leyenda. Pero les diré lo que quieren escuchar.
Hace años atrás, Fustas embarco en esta isla cuando aún no era habitada por humanos, las Solandas era temibles, pero él se las apaño para abrirse paso. La razón de su venida era que el único lugar donde podía ser forjada el arma definitiva era en este volcán según un herrero al que estimaba demasiado. Después de su victoria contra el titán, de este obtuvo un mineral legendario llamado “Núcleo Gigantico” un mineral cien veces más duro que el oricalco Gigantico u otra aleación conocida, pero lo que lo hacía especial era su abrumador peso, un pequeño trozo llegaba a pesar hasta una tonelada.
Fustas cargo dicho mineral hasta el interior del volcán para entregárselo al único herrero que pudiera forjarle una espada, ya que su poder era tan grande que cada arma que usaba se destruía en el proceso. Al llegar al interior del volcán, después de haber enfrentado a centenares de Solandas de fuego, se encontró con la mítica criatura quien también era un herrero de clase elemental, la gran Solanda Dorada Dior llagan.
Según se cuenta, EL herrero le impuso una prueba, y era permanecer dentro del volcán por un mes entero sin agua ni comida, Fustas acepto. Para sorpresa del herrero, el espadachín supero la prueba a duras penas, pero siempre manteniendo una sonrisa victoriosa. Como había prometido, el herrero arroja el valioso mineral al volcán y le forja una espada como ninguna, su filo de un metro, delgado y firme, de un color rojo como la lava y de grabados plateados por el color del mismo mineral, una espada de una sola pieza. Su empuñadura fue cubierta por cuero de Solanda, pero la recompensa no había terminado, Dior llagan le concedió uno de los dones antiguos de los espíritus elementales, la esencia de fuego haciéndolo inmune a este elemento pudiendo incluso beber lava para recuperar su fuerza vital. Y esa es la leyenda.
– Es impresionante– dice Alpone – ¿Qué tan poderosa era esa espada? – pregunta el extasiado joven
– Según se cuenta, era tanto el poder que tenía, que, al combinarlo con su fuerza titánica, era capaz de partir una montaña en dos, pero esas son leyendas.
– ¿Y qué fue después de eso? ¿A dónde se fue? – pregunta Taylor.
– Lamentablemente no se sabe. La única que podría darte una respuesta es Dior Llagan
– ¿¡Aun existe!?– preguntan ambos muy sorprendidos, sobre todo Alpone.
– Sí, habita en lo más profundo del volcán, pero les será imposible llegar, el calor de ese lugar los matara si no lo hacen antes las cientos y cientos de Solandas de fuego.
– Es un reto que debemos afrontar ¿No crees Taylor? –
– Siempre soy el que nos mete en problemas, ahora es tu turno– responde con una sonrisa
– Ese es mi hermano. Mañana iremos por la mañana–
– No mueran en el intento jóvenes. Ambos se retiraron a la posada para descansar. Esa noche Taylor se vio invocado en lo profundo de su corazón, donde se hallaba Daymont y la criatura la cual aún permanecía encadenada.
– ¿Para qué me has traído Daymont? – pregunta Taylor algo evasivo.
– ¿traer, yo? Para que querría ver a un mocoso tan débil como tú. Si estás aquí es por tu propia voluntad o quizás la de esta criatura, deberías de ponerle un nombre o talvez preguntarle si ya tiene un uno, hasta a mí me da pena el tener que llamarlo “cosa” o “criatura”, al fin y al cabo, para ser una aberración, es una de las más nobles y “útiles” que pueda tener cerca.
– Un nombre…– Taylor se acerca a la criatura la cual ni se dignaba a mirarle.
– Tu eres una parte de mí, y lo quiera o no, llegara el día en que tengamos que ser uno.
– (¿Y este repentino cambio?)– se preguntaba Daymont quien miraba fijo al joven cuyos ojos habían cambiados a los de Lagarto, y la criatura le miraba fijamente.
– Seth– dice la criatura con una voz profunda y siniestra.
– Me gusta– dice Taylor quien se acerca y le quita las cadenas, pero dejándole los grilletes – Por ahora es mejor que camines libres.
– ¿Estás seguro? – le pregunta Seth quien se irgue superando la estatura de Taylor.
– Para nada, siento miedo de que me puedas a****r, pero sé que no te gusta estar de esta manera, a mí tampoco me gustaría que me mantuvieran aprisionado–
– Te agradezco, pero no significa que cederé ante ti– Dice Seth. Ya libre, este se yergue mostrando su gran altura, que superaba en crecer a la de Taylor.
Su figura intimidante generaba una sombra que opacaba a Taylor, pero este se mantenía firme a pesar del temor. Seth extiende sus grandes alas y da un salto yéndose volando.
– Eso fue inesperado– Dice Daymont aplaudiéndole lentamente. ¿Estas claro de las consecuencias de haberle dejado libre? – pregunta Daymont quien se aparece de la nada por detrás de Taylor.
– Ni idea– responde luego de un suspiro.
– En la vida, no todo aquello que sea hecho por la oscuridad y el Desorden tiene que ser necesariamente malo, no olvides eso. Ahora despierta– con aquellas palabras Taylor abre los ojos para encontrarse con los rayos del sol que entraban por la ventana y su compañero haciendo algo de ejercicio matutino.
– ¡Buenos Días Taylor! – saluda Alpone, su entusiasmo se desbordaba por toda la habitación
– Buenos días– en cambio Taylor mostraba poco ánimo. – Vamos por algo de comida, y de ahí al volcán
– Esperaba que dijeras eso.
Un desayuno breve, y una visita rápida a Ali, quien les indico el camino a la entrada. Equipados y listos corrieron a su destino, para toparse con un sinfín de Solandas de fuego, a diferencia de las terrestres y de aquellas de la prisión, estas eran enormes y de su piel emergía un constante fuego abrazante que apenas les dejaba acercárseles, sin embargo, sus atuendos les mantenían protegido contra las llamas y así afrontar aquel peligro.
Su exploración inicio normalmente, nada extraño, fuera de la constante intervención de las Solandas, su camino era tranquilo, pero a medida que se adentraban, el aire cálido y seco comenzó a afectarles, Alpone mostraba notorios signos de agotamiento, mientras que Taylor a penas se le notaba, aun así el ambiente le afectaba. Bebieron la poca agua que les quedaba, pero esta se había calentado y su sed se vio aumentada, no les quedo más que retirarse e intentarlo una vez más. Así fueron sus intentos, tres días seguidos, pero sin resultado alguno. Entrar era imposible, no había forma de que nadie pudiese soportar aquel infernal calor.
Ambos jóvenes se hallaban en la posada discutiendo su próxima estrategia, era cierto que habían logrado soportar un poco el calor, pero eso no cambiaba el hecho de que era demasiado peligroso, no les quedaba más opción que desistir de su aventura, algo que desanimaba totalmente a Alpone, pero en ello, la camarera se les acerca y le comenta sobre un antiguo brebaje que se usaba para entrar al volcán, sin embargo no había reserva alguna, pero por suerte, la receta aún estaba y los materiales se encontraban dispersos por la isla.
– Chicos, para este elixir se necesitan tres ingredientes, el primero es agua de hierba fuego, el segundo son hojas de flor invernal, y el tercero, una opción curativa.
– Las pociones las venden ustedes, pero que hay sobre los otros– – El agua de hierba fuego, se prepara haciendo hervir agua con hojas de una planta de fuego, la cual se encuentra en los peñascos al este de la isla, cerca de la playa donde desembarcan los barcos mercantes. Es bien llamativa, pues de color rojo opaco, aunque pequeña, la planta invernal se encuentra sólo encuentra en el interior de la cueva que está detrás de la cascada, aquel lugar es dominio de las Solandas acuáticas, suele crecer en las paredes como un arbusto blanco, pero las hojas de color celeste o azules son las únicas que sirven.
– ¿Qué dices Taylor? ¿Risco o cascada? – – ¿Piedra, papel o tijera? El ganador a la cascada y el perdedor al risco.
– Tú si me entiendes Después de un pequeño e infantil duelo, Taylor gana dos de tres.
Ambos jóvenes se despiden y parten a su destino. En su recorrido, Taylor se percata que su cuerpo se sentía algo ligero, y sus sentidos estaban algo más agudos en comparación a cuando llego, podía percibir su entorno de mejor manera, pero no era momento para pensar en ello, tenía un trabajo que realizar. Al cabo de una hora, llego a su destino, desde lo alto, observaba la cascada, viendo como rebosaba de agua pura e infestada por las Solandas acuáticas. Observo todo el entorno, pero por donde mirara, las Solandas estaban, sólo quedaba entrar de frente, pero debía evitar caer al agua a toda costa o sería su fin.
Rodeó el lugar hasta quedar por el costado de la cascada disminuyendo los encuentros con las criaturas. Dentro, la luz no llegaba del todo, y las criaturas se confundían con el entorno, pero estas no se veían tan agresivas, la mayoría se mantenía al final de la cueva, como si estuviesen protegiendo algo. Taylor observo fijamente sin moverse de la entrada y manteniendo alerta a sus espaldas, fue cuando se dio cuenta que algo no estaba bien, el lugar era oscuro, y aun así lograba ver con total claridad, realmente algo estaba pasando con su cuerpo; saca una daga y se mira en el reflejo, sus sospechas fueron ciertas, sus ojos se habían tornado a los de Lagarto, no sabía en qué momento, pero había ocurrido. Intento relajarse un poco, pero era inútil, estos no desaparecían, fue cuando entendió las palabras de Daymont, las consecuencias de haber liberado a Seth sin antes haberlo dominado. Taylor miro a todos lados, logro ver los arbustos con la planta, y al acercarse pudo ver más claramente lo que las Solandas protegían, la cueva era su nido donde cuidaban sus huevos. Taylor observo a los anfibios y luego fijo su mirada en la planta recolectando solo las hojas azules. Ya con una buena cantidad, da un último vistazo a los anfibios y se retira evitando más combates.
Taylor retorna al pueblo, al llegar, se encuentra con Alpone quien, al verle, se le acerca muy preocupado, viendo que este no estuviese mal, cosa que molesto a Taylor quien lo alejo para recalcarle que él estaba peor.
– ¿Qué carajos te paso? Estás todo magullado, como si te hubieras azotado contra rocas– dice Taylor.
– Me caí del acantilado cuando intentaba coger la planta– responde como si aquello fuera algo normal – Lo que me preocupa eres tú, si no te has dado cuenta, tus ojos estos rojos ¿no deberías ocultarlo?
– No puedo– responde Taylor – Ya lidiare con eso, ahora aboquemos al elixir para ir al volcán.
– Está bien, hermano– Alpone no se sentía del todo cómodo, le preocupaba que algo malo le estuviera pasando le ha Taylor.
Taylor y Alpone entregan los ingredientes, la camarera quedo mirando un momento a Taylor quien desvió la mirada, pero hizo caso omiso y se fue a preparar el elixir, después de un par de minutos, completa la formula y le entrega a cada uno siete frascos concentrados de elixir ártico, la joven les explica que aquel elixir les permitiría soportar el calor por un largo rato, pero que tuvieran cuidado cuando sus efectos estuviesen por acabar, pues podrían morir asfixiados por el intenso calor. Ambos jóvenes sabían bien el peligro y cogen los elixires.
Sin espera, ambos se adentraron al volcán, bebiendo uno de los frascos su cuerpo comenzó a enfriarse, un frio intenso recorrió su garganta y pulmones eliminando el calor de su cuerpo, ahora podían permanecer dentro sin problemas. Al cabo de quince minutos, comenzaron a percatarse que poco a poco el calor volvía a sus cuerpos, se habían adentrado lo bastante y ya habían trazado una ruta por lo que decidieron regresar.
Con algunos botines, regresan a la casa de Ali quien les esperaba con algo de comida.
Esa misma tarde, desde las costas de Ata Bath, un barco de la Legión del Desorden, zarpa rumbo a la isla Solanda, abordo, iban un capitán con la insignia de la segunda brigada, la marca del cazador, y su comanda de diez soldados especiales. Aquel hombre cuya apariencia se ocultaba bajo una capucha dejando relucir una seriedad implacable.
Al día siguiente, ambos jóvenes se adentran una vez más a la cueva, esta vez estaban decididos a encontrar al herrero, a la medida que se adentraban a esas nuevas zonas, se percataron que aquel volcán era un lugar más grande y profundo, al igual que el peligro el cual era mayor al previsto, pero ello no les detuvo y continuaron, nada los detendría en su búsqueda. En su camino, fueron dándose cuenta que aquel lugar no era una simple cueva bajo un volcán, aquellos túneles, parecían ser obra de alguien o algo, más sus dudas fueron fundadas al encontrar pilares rotos los cuales estaban tallados, estos marcaban lo que era un camino que seguía descendiendo, basto una mirada entre ambos para seguir avanzando.
Mientras tanto en el pueblo, una pequeña comanda de la legión había llegado, los soldados preguntaban a todos por información, pero nadie quería responder por aprecio a los jóvenes, en ello, el capitán saca su mano desde la capucha en la cual sostenía un rifle del cual dispara a un aldeano, la bala apenas roso el rostro de este haciendo que cayera al suelo por el miedo.
El capitán dio una advertencia, y no les quedo otra que indicarles el lugar. Los soldados desenvainan sus armas y corren junto a su capitán hacia el volcán, llegando en tan solo unos minutos.
– Soldados, esto no es una misión común– dice el capitán – Nuestros objetivos son presas peligrosas, ya han acabado con dos capitanes, no dejaremos a la presa pensar que se ha vuelto cazador. No olviden, rastreen, en Espíritu y cacen a su presa. ¡En Marcha!
– ¡Si Señor! – responden en unísono y se adentran al volcán.
– Dejare que los soldados se hagan cargo, yo tengo otro trabajo que hacer– El capitán se adentra al volcán tomando otra ruta.
Ambos jóvenes ya habían descendido unos cuantos niveles hasta llegar a lo que parecía el centro del volcán, ignoraban cuanto habían bajado, pero aquel lugar merecía la pena ser visitado. Un gran salón con suelo de roca volcánica y baldosas de piedra desgastada por el tiempo, sus paredes con murallas viejas y caídas, en el centro un lago de lava bordeado por barandas de obsidiana, y en cuyo centro, una pequeña plataforma flotaba en la cual parecía haber algo similar a un yunque, ambos se miraron entusiasmados, sabían bien que ese era el lugar de trabajo del herrero, pero aún faltaba encontrarlo, según recordaban Dior Llagan era una Solanda dorada, pero no había ninguna. Decidieron caminar un poco por los alrededores, pero nada, solo habitaciones vacías y otras con cerradura, pero era extraño, en aquel salón no se toparon con ningún monstruo, algo inquietaba a Taylor, ya que desde que entraron sentía la presencia de algo grande, pero su preocupación aumento al sentir varias presencias menores y de como aquella grande se alejaba del lugar, las presencias pequeñas se desvanecían y era complicado percibirlas, lo que le inquietaba aún más. Taylor avisa a Alpone quien se pone en guardia esperando cualquier cosa, de pronto todas las presencias desaparecen en ello Taylor por instinto salta a un lado y Alpone reacciona por reflejo saltando hacia el otro lado logrando esquivar varias
flechas que impactaron justo en donde estaban. Taylor buscaba a su alrededor, pero nada, de pronto vuelve a saltar hacia adelante rodando en suelo y mirando al lugar donde estaba para ver otras flechas, estaba rodeado, pero no sabía qué clase de enemigo enfrentaban.
– Hordas del Desorden Taylor, reconozco estas flechas, son idénticas a la que usaba la capitana que derrotamos en mi pueblo– Dice Alpone de forma seria mientras su espada se imbuía en un aura roja.
– Es lo que me temía. Y por su forma de moverse, pareciera que nos estuvieran cazando ¿Qué se siente ser tratado como una presa Alpone?
– ¿Pues no es obvio? – Alpone muestra una sonrisa en su rostro serio – Una jodida emoción.
Taylor sonríe al comentario, y comienza a correr por la habitación sosteniendo a Claymore, mientras tanto Alpone le seguía a distancia, Taylor era el señuelo y el uno falso. Como Taylor esperaba, varias flechas comenzaron a caer de distintos lugares, pero estas eran frenadas en el aire usando la zona de acero, y otras tantas esquivadas, en ello Alpone logro descubrir la posición de alguno partiendo al ataque y Taylor hacia los otros, pero al llegar se encontraron que era una trampa, las ballestas estaban puesta adrede y junto a estas pequeñas bombas las cuales estallan, Alpone logra escapar, pero Taylor fue alcanzado recibiendo grave daño, fue entonces cuando los soldados se mostraron, con sus atuendos rojos, y armadura negra, se acercaron a Taylor para acabar con él pero no previeron la astucia del joven, el cual al tenerlos cerca usa su control elemental abriendo la tierra y logrando tragar a solo dos de los diez que les perseguían.
– Esto no será fácil– Dice Taylor quien se reincorpora y se acerca a su compañero.
– Ya nos queda menos ¿Cuál es el problema? – dice Alpone para variar.
Los soldados se dispersaron en grupos de cuatro, y cada grupo rodeo a uno de los jóvenes, quienes sonreían al peligro. Alpone salta por los aires para alejarse un poco, y en la altura, arroja unos cuchillos los cuales distraen a las hordas abriendo un paso para tomar mayor distancia, pero estos eran rápidos y apenas toca suelo, los tenía sobre si por lo que no quedo otra que enfrentarles de frente. Era momento de probar su nueva arma, la Beast’s fang. Con su habilidad natural, Alpone despierta el poder de la espada y esta se tiñe de un aura roja de la cual comenzó a emerger pequeñas llamas, Alpone agita su espada y al hacerlo las llamas crecen durante el movimiento.
Sus oponentes tomaron una corta distancia para evitar el daño, en ello Alpone se abalanza contra, siendo detenido por otro el cual recibe parte del daño de las llamas, y por detrás le vuelven a a****r, a lo que Alpone salta usando las espadas como soporte para quedar fuera de rango, pero el ataque enemigo continuaba, era complicado mantener tan intenso ritmo. Por otro lado, Taylor la llevaba tan difícil como su compañero, este corría por la habitación seguido a la par por las hordas los cuales le atacaban en plena carrera, con Claymore sobre su hombro, Taylor daba pequeños saltos girando en el aire para usar la zona de acero devolviendo cada ataque y buscando una apertura para a****r, pero estos enemigos eran más hábiles que los que habían enfrentado, las dos primeras muertes fueron un golpe de suerte, estos no caerían una segunda vez en la misma trampa. Taylor continua su carrera hasta acercarse al grupo de Alpone, el cual, al ver a su compañero, cambia de táctica, imbuye su arma en un aura distinta, la espada
se tiñe de dorado y de esta comienza a desprenderse pequeños rayos.
Taylor salta sobre Alpone quien alza su espada la cual Taylor sostiene con fuerza, a lo que Alpone agita y lo arroja al aire, en ello Taylor con sus manos cubiertas en rayos, los intensifica con su aura en su mano derecha creando su particular rayo n***o, con el poder acumulado en su puño se deja caer en el centro de todos, Alpone se aleja antes esquivando el poderoso ataque de su
compañero. Al caer Taylor libera la energía acumulada creando un gran impacto del cual se levantasen filosas estacas de piedra volcánica alrededor las cuales liberaban los poderosos rayos negros que había acumulado, el ataque fue intenso y mato a la mayoría del restante, los pocos que aún quedaban con vida, estaba en muy mal estado, pero el ataque no había acabado, Alpone los termina decapitándolos usando un aura de hielo.
En otro lado del volcán, el capitán llega a una extraña estancia en la cual frente a sus pies un vacío y ante su mirada una cascada de la cual dos ojos rojos más brillantes que la misma lava le observaban fijos.
– Ante usted, Lord Dior Llagan me arrodillo para mostrarle mis más sinceros respetos– dice el capitán quien se arrodilla quedando expuesto a cualquier ataque. Desde el otro lado, a través de la cascada de lava, una enorme criatura emerge caminando por la pared hasta quedar frente al capitán, una enorme Solanda dorada, de ojos intensamente rojos, sobre su cuerpo una armadura de obsidiana de la cual escurría la lava y emergía intensas llamas.
– ¿Qué asuntos trae a un cazador a mí morada? – pregunta Dior Llagan con una voz grave.
– Mis disculpas, pues estoy en una misión para atrapar a dos jóvenes, a parte, mi señor me ha encomendado entregarle este obsequio como disculpa.
– El capitán saca de su bolso un pequeño cofre el cual contenía joyas y minerales extravagantes, dignos para el mejor herrero.
– Lorsatan siempre sabe cómo complacerme– abriendo su enorme boca, agarra con su lengua el cofre y lo traga sorprendiendo un poco al capitán.
– Tu nombre y razón de querer acabar con esos jóvenes.
– Soy Luis Chaspear, mi lord, y mi razón es un mandato dado por el alto mando, debido a que esas presas asesinaron a dos de nuestros capitanes y varios soldados. Son peligrosos.
– Una razón poco justificada ¿A caso vuestra legión no ha cometido los mismos actos y en mayor escala?
– A su vista, somos meros niños, que no hacen más que actuar bajo prejuicios y conveniencias, pero para una entidad como usted eso no es relevante.
– No debes adornar tanto tus palabras para decirme que no me inmiscuya en vuestros asuntos. Haced lo que os plazca, pero una cosa es cierta, a estas alturas tus soldados han de estar muerto, y tú también lo estarás si les enfrentas.
– No soy tan confiado para no tomar las debidas medidas, le aseguro que ganaré.
– Eso lo veremos. Te agradezco por el presente, hasta luego– Dior Llagan da la media vuelta y desaparece por detrás de la cascada de lava, mientras que el capitán se dirigió donde sus tropas.
Al llegar, encontró a todos sus soldados muertos, tal como había dicho el herrero, y antes de que pudiese revisar uno de los c*******s, Taylor y Alpone caen desde las alturas utilizando sus habilidades para matarle; en un ágil movimiento Luis salta hacia el frente rondado en el suelo, quedando en dirección hacia sus oponentes, los cuales continuaron su ataque, pero Luis evadía con gran precisión, hasta lograr distancia. Sin preocuparle los jóvenes, comienza a caminar por el terreno observando su estado, observando y analizando cada detalle, sin dejar de evadir a Taylor y Alpones quienes se extrañaban de la actitud del capitán.