El mundo puede jugar muchas malas pasadas, pero pocas de ellas son producto del mandato de la vida, ¿Cuál es el verdadero alcance de los mortales? A mi parecer… hasta donde su voluntad los detenga, Ata Bath es uno de los cuatro continentes de Zendra, un lugar con diversos paisajes, por el norte las monumentales Montañas Nevadas, por el sur, los Paramos de Venus los cuales terminaban las hermosas playas, los innumerables puertos que allí se levantaron, En el centro del continente, un pequeño desierto rodeado en sus límites por diversos bosques que albergan
diferentes especies de vegetación, Ata Bath sin lugar a dudas albergaba una gran variedad de sorpresas para los viajeros, tierras gobernadas por monarcas que mantenían un mandato político y con ello la prosperidad del continente, tres eran los reinos que predominaban, Hanchao (Hijos del Sol), quienes habitaban en el desierto, guerreros poderosos cuya piel era capaz de resistir las llamas, se les conocían como los señores de la guerra, Chenghan (Imperio de Cristal), sus fronteras se expandían desde las montañas del norte hasta los valles cercanos y por último, la mayor potencia económica, La capital de Liang, no muy lejos de Hanchao, una ciudad que se caracterizaba por su gran comercio hacia todo el continente, Un día, desde el este, emerge un enorme ejército de caballeros de armaduras negras, portando un estandarte rojo con el emblema de un Dragon de color n***o, comenzaron a invadir los distintos reinos acabando con cada uno de estos con gran facilidad, estos poderoso y despiadados caballeros se hacían llamar “La Horda del Desconcierto”.
En tan solo dos años, fueron capaces de subyugar a más de la mitad del continente, no tardador mucho para hacerse del resto que quedaba aun libre, con un enorme castillo al oeste del continente y otros cinco alineados como un arco, muy separados unos de otros levantaron el imperio del Desconcierto, a ocho años de la caída de los distintos reinos y extinción de la mayoría de las razas que habitaban, las esperanzas de una caída se habían esfumado, Sin embargo esta historia tiene lugar en un humilde poblado entre colinas y un bosque frondoso al suroeste de Ata Bath, aquel poblado se le conocía como Akame, uno de los tantos pueblos que fueron olvidados por los reinos devastados, en aquel humilde lugar los aldeanos vivían el día a día ocupados por las distintas labores tales como el cultivo o la tala de árboles, por otro lado, los niños jugaban sin preocupaciones, la mayoría nunca había conocido la realidad del mundo exterior, pero uno de ellos era un poco más particular, su nombre era Taylor, un niño de 6 años.
Taylor era idéntico a los demás niños del pueblo, jugaba, reía, y disfrutaba de la pacífica vida de la naturaleza, lo único que le caracterizaba eran sus rasgos extranjeros por parte de su madre, sobre todo sus ojos que eran de un plateado opaco.
Una mañana como otras, adornada por el canto de las aves y los sonidos de los árboles mecidos por la grata brisa matutina, Taylor se levanta, pero le fue extraño, sintió que algo no andaba bien, sentía algo de mareo, una leve molestia en el pecho, a lo cual una voz grave le susurra al oído.
–Ellos están cerca. – le dijo la voz misteriosa en el oído
Taylor se asustó un poco, miro a todos lados, pero de pronto aquellas molestias desaparecieron sintiéndose aliviado, era pequeño e inocente, simplemente olvidó lo que había ocurrido hace un momento, mientras se vestía, su madre le llama desde la cocina en el primer piso a lo que Taylor acude de inmediato.
– Taylor, cariño, necesito que vayas a la posada y me traigas jugo de manzana. – dijo su dulce madre.
Una joven de cabello liso y n***o que se extendía hasta la espalda, de una piel blanca y sobre todo sus ojos plateados los cuales su hijo había heredado.
– De acuerdo mami. – responde el pequeño Taylor muy entusiasmado.
Le agradaba ayudar a su madre sintiéndose el hombre de la casa, ya que su padre viajaba entre los pueblos realizando tratos entre los comerciantes, con el dinero en mano, la lista de su madre, Taylor se dirige al almacén que estaba junto a la posada, al terminar las comprar, fuera del almacén, se topa con un hombre que se cubría con una capucha, Taylor conocía a todos en el pueblo y alguno que otro comerciantes producto de los contactos de su padre, pero a él no lo reconocía, Taylor pensó que era un viajero, su interés creció un poco, su curiosidad lo impulsaba a saber de este, el cual desde que se toparon no había dejado de mirarle, opacado por el sol Taylor solo vio una sombra, era un hombre alto, más que su padre, aquel sujeto volteo su mirada a la posada, entro en ella dejando al pequeño, quien le seguía con la mirada hasta que el sujeto cruzo la puerta, Taylor entro y le siguió hasta la mesa donde se había sentado, dispuesto a saber más, sin miedo le hace unas preguntas a las que aquel hombre sorpresivamente le responde.
–¿De dónde es usted señor? Conozco a todos en el pueblo y a varios comerciantes, pero a usted no ¿es de muy lejos? – Taylor dejaba salir toda su curiosidad sin preocuparle nada
–No necesitas hablar tanto, No soy de ningún lugar...– responde el hombre con una voz calmada y grave que dejaba notar su edad
No dijo nada más y quedo en silencio esperando ver la reacción del pequeño, mostraba curiosidad sobre este quien no le quitaba la mirada de encima.
– Es imposible que no sea de ningún lado, es cierto, no me he presentado, Soy Taylor ¿y usted señor? – la inocencia del pequeño mantenía.
– Deyvi… llámame Dey– le responde el encapuchado con algo de titubeo.
En eso el dueño se acerca y le pide a Taylor que regresara a su casa, en lo que este asiente algo descontento.
– Nos vemos señor. – Taylor continuó con su recado, volvió a casa muy rápido, quería saber más de aquel extraño.
Al llegar, se encontró con la sorpresa de que su padre había vuelto con algunos presentes como era de costumbre, Taylor se hallaba muy feliz, desistiendo de ir a ver al extraño, le contó a sus padres de aquel hombre en donde su padre pareció mostrar algo de interés, pero fue su madre quien mostro mayor interés, le recordaba al nombre de su padre el cual se había ido hace años, la tarde paso, Taylor fue a jugar con sus amigos cerca del bosque, en un pequeño claro que frecuentaban siempre, mientras jugaban, no muy lejos del pueblo, el sonido de una marcha se acercaba, era fuerte y aterrador, los pequeños que estaban alejados del pueblo desconocían dicha situación, de pronto, en dirección del pueblo se escucha una gran explosión, los niños voltearon asustados a su hogar, corrieron mientras veían grandes columnas de humo y un intenso rojo que cubría todo el lugar.
Taylor al igual que los otros niños, corren desesperados en busca de sus padres, pero no fue fácil, las intensas llamas, los c*******s cortados, los innumerables soldados de armaduras negras que mataban a todos, lo paralizaban de miedo, cuando Taylor al fin pudo llegar a su casa, ve que estaba totalmente destruida, su padre estaba tirado en el suelo y su madre junto a él, protegiendo el cuerpo muerto, mientras un soldado alzaba la espada, cortaba su cabeza, antes de que muriera le gritaba que hullera en lo que el soldado se percata del menor, siguió tras Taylor quien cae al suelo llorando, totalmente asustado, era primera vez que experimentaba tal miedo, al punto de no poder moverse.
–¡PAPÁ, MAMÁ! – gritó desconsolado el pequeño desamparado.
Pero era inútil, estaba sólo ante la muerte próxima, el soldado se acerró a él, lo agarra del pelo alzándolo por los aires, arrojándolo hacia las llamas, pero en eso una espada corta a los soldados, una sombra corre, atrapa a Taylor en medio del aire, los demás soldados lo vieron, fueron tras él, pero de igual forma, la sombra con una habilidad singular los cortó a todos, sin enemigos a la vista, con el pequeño Taylor entre sus brazos se dispuso a huir, pero es retenido por un soldado, era distinto a todos, su armadura era más imponente, era más grande que el resto, sobre todo su presencia abrumadora que alejaba al fuego de sí, la sombra la cual resultaba ser Dey, le mira fijo, pero decide evadir la batalla huyendo en sentido contrario, pero aquel caballero aparece frente a él bloqueando su huida.
– Ha pasado tiempo Dey ¿Por qué eres tan frio conmigo? – dice El caballero con una voz profunda que desgarraba el alma
– Dingo, no sé cuánto te habrá tomado encontrarme, pero fue demasiado, sin embargo, no soy el indicado para frenarte, por lo cual te daré una advertencia, y espero que la tomes. – Indico Dey
– ¿Advertencia? No me hagas reír viejo, ya no soy el mismo de antes, por algo soy General de la Primera Brigada del Desconcierto.
– Me das pena, pero al mismo tiempo me siento satisfecho que las cosas marchen como deben, ahora te advierto que un futuro un demonio vendrá por tu cabeza, así que más te vale estar reparado. – dijo Dey
Enterrando su espada al suelo y una gran explosión rodea el lugar, obligando a Dingo a protegerse, al disiparse la explosión, Dey había huido en dirección al bosque desapareciendo del peligro, mientras se alejaban, el niño miraba con sus ojos plateados llenos de tristeza, como su pueblo se hundía en las terribles llamas y la figura de aquel General quedo grabada en su mente.
Han pasado diez años desde el suceso, Taylor, quien ya era todo un adolescente, había vivido oculto entre las montañas, con 16 años, hecho todo un guerrero, se preparaba para un viaje.
– Tengo mi espada, mi equipo, mis ítems, ¿Qué me podría faltar? – decía Taylor revisando sus cosas.
– Un pequeño repaso. – dijo un hombre apareciendo detrás de Taylor, era Dey, el que le había salvado.
– ¿Otro más? – dice Taylor en un tono de desagrado.
– ¿Cómo que otro más? – le regaña Dey.
– Lo lamento Maestro. – Responde apenado.
– Así me gusta. – Dey era un hombre serio y severo con sus entrenamientos.
– Más que un repaso, es un pequeño reto, si eres capaz de superarlo, eso significará que serás capaz de iniciar tu viaje, de lo contrario deberás quedarte hasta ser lo suficientemente fuerte, detrás de nuestra casa hay una cueva sellada, deberás retirar la roca, adentrarte a esta, en lo más profundo deje un objeto muy útil para tu viaje, ve y tráelo. - dijo Dey a Taylor
– Suena sencillo. – dice Taylor de forma ingenua, derrochando gran confianza.
– No te confíes demasiado, en esa cueva hay monstruos que nunca has visto, y sobre todo porque al final hay un guardián muy peligroso. – dice Dey.
– ¡¿Qué?!... ¿Por qué monstruos? – dice Taylor sorprendido
– ¿Qué con aquella confianza de hace un rato? –manifiesta Dey
– No lo sé ¿pero monstruos? –refunfuña Taylor
Para estos casos, son más eficientes que los humano, sólo por el hecho de que viven más.
– ¿Y cómo es que hay monstruos en ese lugar? – siguió diciendo Taylor
– Los encerré ahí hace muchos años atrás, mucho antes de que naciera siquiera tu madre. – explico Dey.
– ¿Por qué hiso tal cosa, maestro– pregunto Taylor.
– Eso no importa, te advierto una cosa, el guardián no es algo de este mundo, así que seguramente te lleves unas cuantas sorpresas. –expreso Dey.
– (¿Que no es de este mundo?). – pensó Taylor.
Sin más demora, parte a la cueva de la cual con su espada como palanca remueve la roca que bloqueaba el paso, dentro de esta, con antorcha en mano, comienza avanzar, en un comienzo no era distinto a otras cuevas, pero a medida que se adentraba, los monstruos que su maestro había mencionado comenzaron a aparecer y atacarle de todos lados, Taylor con una sonrisa los enfrenta, no fue complicado, aquellos 10 años de entrenamiento mostraban sus frutos.
– Mi maestro tenía razón, realmente sirve cortar leña, y esas otras cosas, gracias a ello puedo cortar a estos monstruos muy fácilmente, aunque aún no me acostumbro a esta sensación. – comento Taylor mientras avanzaba.
Así continuó descendiendo, hasta que poco a poco, la cueva comenzaba a tomar una forma particular, como si hubiera sido interferida por seres humanos, pues había algunas baldosas y paredes construidas de piedras, más al fondo, la estructura ya era totalmente notorias, era una especie de templo abandonado, muy deteriorado, con cautela, Taylor camino con escudo en mano vigilando todo a su alrededor, pues los monstruos pequeños dejaron de aparecer.
Avanzado por uno de los caminos llega a un gran salón, junto a la puerta, una pequeña lámpara en la cual Taylor deposita la antorcha, de la cual se desprende una llama por debajo hasta el piso prendiendo todo el borde del salón, a través de una canaleta abierta la cual prendió las demás antorchas iluminando por completo el lugar, Taylor observo que al final, bajo una estatua rota, había un cofre, al ir hacia el cofre, desde el techo cae una gigantesca mano en medio del salón bloqueando su paso, Taylor retira su escudo para divisar que era aquello que se interpuso.
– ¿Eres el guardián de estas ruinas? – pregunta Taylor sin bajar la guardia.
Mientras tanto la bestia que sólo lograba verse su gran brazo comenzó a olfatear.
– Hueles como él, pero algo en ti es diferente, aun así, no es bienvenido ese aroma. –dijo el guardián
– ¿Qué quieres decir con eso? – pregunta Taylor
– Cuando entraste, has dicho que soy el guardián, estas equivocado, soy el esclavo de ese demonio sediento de sangre al cual llamas Maestro, dime pequeño demonio ¿Quién eres?– manifestó el esclavo.
– No soy un demonio, y mi nombre es Taylor, di lo que quieras, pero eres idéntico a ese demonio, aunque tú no pareces haber despertado, eso me facilita las cosas, lo lamento, pero morirás. – le dijo el joven guerrero.
– ¿Qué quieres decir con que no he despertado?, Parece que el Demonio de Dey no te ha explicado nada, déjame contarte una cosa antes de que mueras. Tú y él son descendientes del demonio más temido en Glencoe. – pregunto e indico el esclavo
– ¿Glencoe? lo de que no eres de este mundo es cierto, ya que ese es el nombre de una tierra de leyendas. – manifestó Taylor.
– No es una leyenda, es tan real como él, y tu clase, pero tú eres distinto, tú eres de aquí, de Zendra, pues tu sangre está mezclada. – expuso el esclavo
– Tú dices que soy un demonio ¿Cómo puedo creer eso? ¡Pruébalo monstruo! – le grita Taylor.
– Tus deseos de matar son más fuertes, una vez que dañas a alguien, tus instintos son más agudos y tus destrezas son superiores a los de los humanos normales, y sin olvidar tus ojos... esos ojos llenos de odio que tienes ahora, solo mírate en el reflejo de tu escudo ¿A caso los humanos de este mundo tienen los ojos plateados o quizás rojos como los de las bestias infernales? – gritó el esclavo a Taylor.
Taylor hace caso al monstruo, se mira en el escudo, en efecto, sus ojos eran distintos, aquel plateado había cambiado a un rojo carmesí, su mirada era idéntica a la de una bestia sedienta de sangre y rabia cómo las que había matado en su trayecto al saló, se hallaba atemorizado y algo desorientado, en eso el monstruo aprovecha el instante y lo ataca, pero instintivamente Taylor alza su escudo, se protege de las poderosas zarpas y contraataca, Taylor libró una complicada batalla con la bestia la cual al acercarse tenía la forma de un gigantesco chacal, su piel grotesca, podrida, donde en ciertas partes se lograban ver dejándolo casi como un gran c*****r, sus mandíbulas inmensas trataron de devorarle pero Taylor salta hacia un lado y da un
Corte, fue breve, pero al final con algunos daños, Taylor obtuvo la victoria.
Taylor reclama su premio, era una flauta roja casi anaranjada, dentro del cofre no había nada más, sin otro objetivo, se encamina hacia la salida, en eso, el chacal medio moribundo le habla por última vez.
– ¿Ves a lo que me refería? – dice el chacal sonriendo entre gemidos de dolor.
Sin embargo, Taylor no dijo nada mostrando una expresión de disgusto.
– Eres un demonio igual que él, un maldito "Lagarto del Desconcierto"– dijo en sus últimas
palabras el chacal al morir frente a este joven...
– ¿Lagarto del Desconcierto, mi maestro me debe muchas explicaciones? – se decía a si mismo Taylor
Taylor abandona la cueva y en su salida se percata que aquellos monstruos habían desaparecido, En unos minutos logro salir, en lo que se da cuenta que era de noche, una muy oscura con un gran manto de estrellas en los cielos, ya de regreso a su hogar, el cual le esperaba junto a una fogata, Taylor toma asiento en un tronco, saca el tesoro de la cueva, mientras se lo entregaba, a su maestro, Taylor no quitaba su mirada.
– ¿Pasa Algo? – Pregunta Dey su maestro mientras inspeccionaba la flauta.
– No sé cómo decirlo. – Taylor se mostraba algo inseguro.
Pensaba que aquello que dijo el monstruo sólo eran palabras para confundirle, algo
relacionado con la prueba.
– ¿De que eres un Lagarto del Desconcierto igual que yo? – dice Dey sorprendiendo al
Joven.
– Entonces todo era cierto. – dice Taylor
– Correcto. – expone Dey y le devuelve la Flauta a Taylor
– Es momento de que sepas la verdad, en primer lugar, tu madre Agartha es mi hija, y tanto tú como ella llevan la sangre del Lagarto, pero sois más humano que Lagarto, por ahora. – le revela Dey.
– Eso quiere decir que eres mi abuelo ¿Por qué no me lo contaste ante? ¿Por
qué esperar tanto? – pregunta el joven Taylor.
– ¿Hubiera cambiado algo? – le responde Dey callando al joven
– Ahora bien, nuestra historia, el legado de los Malcovish se remonta hace mil años atrás, en antaño, en el mundo de Glencoe, en la era del imperio de "El mandato de los Lagartos", la cual era compuesta por los representantes de cada r**a, cada uno con su respectivo espíritu elemental: Fuego, Viento, Agua, Trueno, Tierra, Bosque, Hielo, Acero, Luz, obscuridad y los dos últimos Los Divinos de Vida y los Demoniacos de la Muerte, en aquella era nació una treceava r**a, una que fue repudiada hasta estos días, se le conocía como Lagartos blancos, una r**a que nacía de la unión de un Lagarto y un humano, nuestra familia surgió de esa forma, mi abuelo era Lagarto demoniaco y mi abuela una humana, de ellos nació mi padre, el cual fue criado por los humanos, ya que mis abuelos fueron asesinados por los Lagartos, por haber roto la ley, mi padre quien vivió oculto del mandato, se crió con aquel, ignorante de lo ocurrido, pero eso cambio, a la edad de veinte años mi padre descubrió sus dotes de Lagarto y aprendió a transformarse, fue entonces que su tía le conto la verdad de su origen, su corazón se llenó de rabia y tristeza, decidió
acabar con todo los Lagartos, sin embargo, era muy débil, no poseía poder alguno en comparación a sus contrapartes del mandato, pero en su viaje, a través de un amigo obtuvo un oscuro secreto, y con ello dio paso al origen del Lagarto del Desconcierto, tras haberse convertido en un total demonio, llevo a cabo su venganza cumpliéndola en parte, pero eran demasiados y el cayo en batalla, herido y sin posibilidades de ganar, se ocultó del mundo, en su forma humana, es ahí cuando fue encontrado por una joven humana quien se enamoró y de ahí nací yo, para ese entonces mi padre se había recuperado e intento nuevamente su venganza, esta vez terminando con su vida, yo crecí sabiendo eso y me convertí en un guerrero, pero no era mi destino la venganza así que me fui de Glencoe por el portal de las estrellas hasta llegar a Zendra.