Capítulo 2

4617 Palabras
Seiscientos años después nace tu madre, y lo demás es historia.   – ¿Has dicho seiscientos años? ¿Qué edad tienes exactamente? preguntó Taylor.   –  Alrededor de seiscientos treinta y cinco, creo, demasiado tiempo para contarlo de forma exacta. –  respondió Dey.   – ¿Eso quiere decir que yo estoy destinado a convertirme en un demonio como tú o mi bisabuelo? –  refiere Taylor.   –  No del todo, pues tu lado Lagarto aún se encuentra en estado latente, mientras no despierte, serás un simple humano, como en el caso de tu madre. ¿Tienes más dudas que deba aclarar? –  preguntó Dey.   –  Sí, ¿Me enseñaras a usar mis poderes? –  preguntó el joven muy Entusiasmado.   –  No, prefiero que no despierten, pero eventualmente lo harán, todo dependerá de las pruebas que te toque superar en tu viaje. –  Manifestó dey.   –  Me cuesta asimilar esto, pero si las cosas son así, no las puedo cambiar, usted mismo dijo, hasta la peor maldición se puede convertir en un gran don. –  dijo Taylor mientras se rascaba la cabeza.   –  Eres optimista. –  sonríe dey.   –  Por cierto ¿Y qué clase de poder tenía mi bisabuelo? –  Taylor estaba curioso, quizás así obtendría una respuesta del alcance de sus propios poderes.   –  La verdad lo ignoro, pero según las historias, él solo fue capaz de acabar con un ejército de mil Lagartos, si no mal recuerdo en su poder llevaba dos espadas, Rumpaltia y Banguel. – cuenta Dey.   – ¿Y qué paso con las espadas? –  pregunta Taylor.   –  Después que mi padre falleciera, logre recuperar las espadas, las traje conmigo a este mundo, pero no me eran necesarias, pues ya tenía las mías. –  dice dey.   –  Entonces puedes darme una de ellas. –  Taylor insiste a ver si la obtenía.   –  No creo que sea posible, no recuerdo dónde las deje ya que las oculte en algún lugar de Zendra. – manifiesta Dey.   – ¿Nunca los buscaste? –  sigue preguntando Taylor.   –  No, ya que las oculte de tal manera que no puede ser usadas por nadie en este mundo, son armas muy peligrosas para los mortales, lo peor de todo es que estas escogían a su portador, por lo que, si no eres el indicado, estas tratarían de devorar tu alma. –  explica dey.   –  Creo, creo que desistiré, esto…– dice algo desanimado.   –  Ya es suficiente por hoy, no hay más que contestar. –  dijo Dey terminando con cualquier pregunta que Taylor pensara.   –  Sí, creo que iré a dormir. –  respondió Taylor.   –  Será lo mejor, has tenido un día agitado, mañana partirás de viaje. –  acotó Dey.   –  Eso es verdad. Buenas noches, abuelo. –  manifestó Taylor a Dey.     Esa noche Taylor soñó con sus padres, un dulce recuerdo que no tenía hace muchos años, al día siguiente con ánimos y algo de nerviosismo, Taylor terminaba de preparar su equipo, equipaje, hoy iniciaba su viaje, con ello el término de su entrenamiento, mientras tanto, afuera de la casa, Dey le esperaba con una sorpresa.   – ¿Estás listo? –  preguntó Dey.   –  Sí, algo nervioso, pero bien. – contestó Taylor.   –  Ten. –  dijò el abuelo dándole la espada que tenía en la mano.   –  Es la que siempre utilizas ¿No sería mejor usar la mía? Ya que esta está algo, oxidada. –  refutó Taylor.   –  No la juzgues por su apariencia, pues ha sido mi compañera desde que llegue a Zendra, su nombre es Veigrut, intenta llamarle por su nombre. –  le contó el abuelo. –  Veigrut–  al decir el nombre el joven.   El filo oxidado comenzó a pulirse quedo de un hermoso plateado, su empuñadura de un color cobrizo envuelta en parte por cuero n***o, en la unión del filo y empuñadura por ambas caras, un cristal del mismo color de la flauta.   –  Pensé que era tan sólo una espada vieja, pero resulta ser un arma mágica. –  asombrado el joven dijo   –  Incorrecto, es una espada común y corriente, sólo ha respondido a su nombre, la única habilidad que tiene es alimentarse del valor del portador, fuera de eso, nada. –  replicó Dey.   –  Igual me la quedo, tiene algo que me hace sentir seguro. –  muy seguro pidió Taylor.   –  Eso es bueno. Ahora, antes de que te marches, hay cuatro cosas que debes tener en mente y nunca olvidarlas, uno, “Siempre recuerda las bases del combate Lagarto”, pues es un arte que te permitirá enfrentarte ante cualquier adversario, incluso contra las Hordas del Desconcierto, aunque te recomiendo que los evites por ahora, dos, “No todo lo que tus ojos ven, es la realidad, aprende a mirar con tu corazón y te darás cuentas del poder que te acompaña”, tres, “No importa quien sea, nunca subestimes a las personas y desprecies sus vidas, menos las de tus enemigos, ya que estos son los que mejor te enseñaran el valor de tu propia vida”, cuarto y último, “Siéntete orgulloso de ser un Micordios”. –  aconsejó el abuelo.   –  Micordios, Taylor Micordios, suena genial, bueno, abuelo, aun no me acostumbro. –  refirió Taylor.   –  Yo tampoco, así que no lo haga, toma, dale esta carta al cantinero del pueblo cercano, desde ahí inicia tu viaje. –  le dijo Dey con algo frio.   –  De acuerdo, nos vemos. –  se despidió Taylor.   Con aquella simple despedida, el joven comienza su aventura, su primer destino un pueblo que se encontraba en la falda del cerro donde él y su abuelo vivían, un pequeño pueblo que le recordaba a Akame, nostalgia invadió su corazón, pero con mirada serena y al frente continuó hasta llegar a la cantina, al entrar muchas miradas se posaron sobre él, algo que incomodo al joven, no estaba acostumbrado a tantas personas desde que era pequeño, se acerca al cantinero y le entrega la carta, el cual, al recibirla, le da a cambio un morral con provisiones, Taylor se sorprendió, pero entendió el alcance de la estrategia de su Abuelo.   –  Tú debes de ser el nieto del Ermitaño, me hablo mucho sobre ti. –  dijo el cantinero   –  Sí, aunque fue hace poco que me entere eso– respondió Taylor algo inseguro.   –  Como siempre manteniendo el misterio de su persona, bueno Dey siempre ha sido de esa forma, y lo digo porque le conozco desde hace veinte años, en aquellos días era un hombre temible. –  Se mostraba en el tono de voz del cantinero la admiración que tenía hacia Dey.   –  Ya me lo imagino, bueno señor, muchas gracias por las provisiones. –  con una despedida, Taylor se va del lugar.   El viaje comienza, siguiendo el camino marcado por los hombres, pues no tenía un lugar en específico al que ir, sólo el conocer todos los rincones de Ata Bath, con tan sólo un mapa en mano, marca su ruta hacia Liang, una ciudad que quedaba casi al centro del continente, un lugar donde la información y la economía coexistían en un constante crecimiento, lugar ideal para crear la ruta a seguir en su viaje.   Un viaje de dos meses a pie, mes y medio en carreta, pero para Taylor a pie era lo mejor, pues podría admirar las maravillas del paisaje, han pasado cuatro días desde que partió de aquel pueblo, tras haber tomado un desvío, Taylor se encontró perdido dentro del bosque Arkym, camino todo el día sin encontrar la salida, hasta ser alcanzado por la noche, no quedo otra más que acampar en aquel lugar, el sol se levanta y los pájaros llenan el ambiente con su hermoso canto, pero uno más hermoso despertó al joven viajero, curioso, sigue aquella melodía la cual lo condujo a un pequeño lago y en el centro de este, un inmenso árbol cuya copa cubría en sombra todo el lago dejando pasar uno que otro rayo de sol, un árbol como los que se cuentan en historias, al acercarse a la orilla, un dulce aroma lo distrae topando con algunas ramas las cuales para su sorpresa le colgaban algunas prendas femeninas, Taylor mira hacia el lago y ve una delgada silueta femenina, de corta cabellera tomaba un baño desnudo, su inocencia invadió su cuerpo y se sintió avergonzado por lo que se esconde detrás del árbol cercano pensando que así pasaría desapercibido, pero no fue así.   – ¡Sé que te escondes detrás del árbol, sucio pervertido! –  le gritó la joven, con una voz aguda de dulce tono – (Se dio cuenta)– se dijo a si mismo avergonzado – ¡Saldré cuando te pongas algo! –  Taylor toma las prendas, se las arroja más cerca de la orilla, tratando de no ver nada.   La joven algo asustada, toma sus prendas, percatándose de algo inusual, sin apuro, se seca y se viste mientras Taylor aún esperaba, sin embargo, la curiosidad comenzaba a invadirle y deseo mirar, pero al hacerlo ella aparece a un costado de él asustándole a lo que este cae de espalda por la sorpresa.   –  Buenas tardes viajero pervertido– dice la joven con su dulce voz.   Taylor quedo mirándola, pues la encontraba encantadora, su piel blanca como porcelana, su largo cabello ondulado y dorado, de figura delgada, Taylor estaba anonadado   – ¿Pasa algo chico pervertido? Preguntó la joven.   – ¡No me digas pervertido! –  Taylor miro hacia otro lado, se sentía algo avergonzado – Lamento si te vi, pero no era mi intención ¿Sabes?   –  Eres divertido para ser sólo un niño, sobre todo cuando te sonrojas. –  la joven no dejaba de sonreír.   –  Mira quién habla, también eres una niña, de seguro tienes la misma edad que yo. –  Taylor volvió su mirada otra vez para percatarse de algo.   –  Quizás, pero no me preocupa para nada. –  cogiéndose el cabello dijo la joven.   –  Es cierto, aun no nos hemos presentados, mi nombre es Taylor Micordios, tengo dieciséis años y soy un guerrero además de estar en un viaje para conocer toda Zendra. –  contó Taylor.   –  Un viajero– dice la joven con leve desanimo – Mi nombre es Joa neldrick, vivo en el pequeño poblado de Arkym, y tengo la misma edad que tú, aunque no sé si antes o después de ti. –  manifestó la chica.   –  Eres agradable, como dije sorpréndete, sin embargo, no deberías bañarte desnuda en un lugar como este, te podrán ver personas, quizás peligrosas, hasta podrían raptarte. –  aconsejo Taylor.   – ¿Personas cómo tú? –  pregunta Joa avergonzándolo aún más.   – ¿Podrías dejar de hacer eso? –  le pide Taylor muy apenado – Hablo enserio lo de exponerte demasiado.   –  No tienes de que preocuparte, nadie inteligente entra a este bosque por su propio bien, el bosque hace que las personas se pierdan. –  Cuando ella contesta.   Taylor se percata que no le estaba viendo directamente a los ojos.   – Joa, por favor mírame a los ojos– le pide Taylor sorpresivamente.   – No puedo– responde ella.   – Perdona mi rudeza– Taylor se acerca.   Sujeta con sutileza el rostro de Joa la cual se sonroja un poco, con delicadeza lo levanta para ver sus ojos, eran pálidos como su piel, de mirada vacía.   – Ya te has dado cuenta– dice con algo de desanimo   – Me costó percatarme, después de todo no lo aparentas para nada, tus movimientos, tu certeza, es como si vieras   – Gracias, eres el primero que me alaga por mis destrezas, me alegra– dice Joa con una sonrisa inocente   – No deja de llamarme la atención ¿Cómo es que lo haces?   – No es tan difícil como puedas pensar– en eso la joven sujeta su pelo mostrando su oreja izquierda, era algo larga casi en punta y con la otra mano toca su corazón– mis sentidos están muy desarrollados, sobre todo mi corazón pues puedo escuchar a los otros y saber lo que los demás sienten.   – Realmente eres sorprendente y única. –  en eso el estómago de Taylor suena   – Verdad que aún no he desayunado ¿Quieres acompañarme?, porque parece que tú tampoco. – agrega al escuchar el estómago de Joa   – Qué vergüenza. Pero bueno.   Mientras desayunaban, Taylor le contaba acerca de su vida y del propósito de su viaje, de sus sueños y de lo que esperaba llegar a ser, Joa le escuchaba entusiasmada, se sentía grata a su lado.   – No me he divertido tanto desde hace mucho   – ¿Y tus amigos del pueblo?   – No tengo, piensan que soy rara por ser ciega y por mi aspecto.   – De seguro son unos idiotas que no saben nada, no se Dey cuenta de tu gran don.   – Tienes razón. – Joa le muestra una sonrisa alegre.   – Joa ¿puedes decirme como salir de este lugar? – preguntó Taylor   – ¿Te vas tan pronto? Quédate un poco más, desde que llegaron esos hombres de armaduras extrañas, el ambiente no es tan agradable del todo, aunque ya se fueron, el ambiente se ha tornado frívolo.   – Las hordas del desconcierto, algún día me haré cargo de ellos– Dice Taylor de forma seria – Está bien, sólo lo hare por ti.   – Muchas gracias Taylor– Joa se acerca y le abraza encantada, provocando que Taylor se avergüence.   Joa le tomó la mano y se lo llevo a su pueblo por un camino cubierto casi en su totalidad por la flora, al llegar, Taylor se sorprendió de la decadencia que presentaba el lugar, era lúgubre, mientras avanzaban por la calle, las personas de la casa, les miraban con recelo, se sentía un desprecio en el aire, algo que disgustaba a Taylor, le daba algo de nauseas, a medida que avanzaban, siente como Joa apretaba más la mano, ella aun cuando no lo viera y lo mostrara, sentía el desagrado de los corazones y un malestar la atormentaba, pero eran por Taylor que se mostraba firme.   – No les hagas caso Taylor, están así desde que aparecieron las hordas. – dice la joven   – Sabes que eso es mentira– dice Taylor, Joa se detiene y aprieta aún más la mano.   Retoma su camino   – Mi casa está un poco más adelante, así que no digas nada– Joa mantenía la cabeza abajo.   Joa llevo a Taylor por medio pueblo hasta llegar a su casa, era pequeña y de madera, algo vieja y en mal estado, allí vivían tan sólo ella y su madre, Joa abre la puerta y entra junto a Taylor, y como cualquier otro día, la madre de Joa le estaba esperando, pero al ver a Taylor se sorprende un poco.   – No sé qué decir– dice Taylor al ver la mirada despectiva de la madre – Mi nombre es Taylor, un amigo de su hija.   – Sólo eres un forastero más, no te acostumbres mucho–  la madre da la media vuelta y se va del lugar.   – Creo que, no es buena idea que me quede– responde Taylor muy apenado   – Lamento eso, pero por favor, quédate– Joa insistía.   Taylor no quiso, pero desistió y se quedó.   Taylor no comprendía la situación, su abuelo le había enseñado siempre fijarse en los detalles, y uno de ellos era el aspecto de los lugareños y de la madre de Joa, pues todos parecían ser simples humanos, sus rasgos distintos como cabellos oscuros al igual que sus ojos, y sobre todo sus orejas, pero Taylor no quería amargar más el momento y se quedó con ella en silencio, Joa lo llevo a su cuarto y allí se quedaron toda la tarde, comentaron sobre varias cosas que Taylor nunca pensó hablar con alguien, a pesar de que se habían conocido sólo hace unas horas, era como si lo hubieran hecho toda la vida, ya se estaba haciendo tarde y Joa le insiste a Taylor que pase la noche con ella, Taylor estaba algo preocupado por lo que diría su madre, pero ella no apareció desde que se fue.   A muy altas horas de la noche, Taylor había despertado de un sueño, no recordaba nada de él, sólo un amargo sabor en su boca que le incomodaba, al sentarse en la cama, se da cuenta de que Joa había estado durmiendo con él en la misma cama, no recordaba cuando, pero ahí estaba, se avergonzó un poco, pero no importo ella estaba durmiendo, con la disposición de irse, ella le toma de la mano reteniéndolo.   – No te vayas, quédate a mi lado, aunque sea sólo esta noche. – le pidió la joven   Taylor no sabía que responder, y sólo atino a actuar a favor de ella cumpliendo su deseo, ya acostado, Joa lo abraza fuerte, se aferró como nunca antes lo había hecho, Taylor sentía el temor provenir de ella, no entendía nada de lo que pasaba, había vivido durante diez años prácticamente solo, pues su abuelo fue tan sólo un maestro que le enseño a vivir, no había nada que perder y aquellas palabras que deseaba decir en la tarde fueron dichas.   – Joa ¿Por qué insistes en vivir en un lugar al cual no perteneces? No sé cómo explicarlo, pero creo poder sentir la tristeza que sientes– le dice Taylor sin titubeos.   – Me siento sola, aunque no nos conozcamos somos iguales en mucho sentido.   – En eso concuerdo, pero nuestras circunstancias son distintas– Joa guarda silencio – Dime que paso exactamente   – Este bosque solía pertenecer a los elkos, pero ellos fueron asesinados cruelmente por las hordas, ellos y sus descendientes, los que quedaron vivos, huyeron despavoridos, mientras otros se escondieron aquí en el bosque, y eso causo que las hordas tomaran cargos contra nosotros matando incluso a los humanos por ser cómplices.   – Que crueldad– Taylor recordó la muerte de sus padres   – Mi padre fue un elkos, y el murió a causa de ello, mi madre quien le amaba tanto me culpo de su muerte, y no lo niego, nunca debí salir de casa, ellos me vieron y vinieron al pueblo, se llevaron a mi hermana y mataron a mi padre, en cuanto a mí, me dejaron vivir para recordarle su poder, por eso todos me odian, no los culpo. – Narra la joven   – Yo… yo no sé qué decir.   – No tienes que, Taylor ¿Me llevarías contigo? Ya no soporto esta cárcel, quiero sentir el aire de otros lugares, sentir nuevas emociones, quiero que mi corazón conozca más sobre este mundo, sobre la libertad   – Joa ¿Estás segura de ello?   – Sí, dudo que alguien me extrañé, además ella me ha odiado desde que nací.   – ¿Su corazón lo dijo?   – ...– Joa no dice nada afirmando con ello la pregunta de Taylor   – Mañana partiremos, será un viaje duro, nos enfrentaremos a varios retos   – ¿Hablas enserio? No me preocupa nada, mientras pueda estar a tu lado – dice la joven muy entusiasmada   – Sí, siento que no sería malo una compañía.   – Gracias Taylor– agradece Joa con un cálido y suave beso en la mejilla ruborizando a Taylor   – ¡No hagas eso! –  le reclama el joven todo ruborizado mientras Joa reía muy feliz.   Ambos jóvenes quedaron inmersos bajo el manto de Morfeo, en un sueño del que no deseaban despertar, pero como todo en la vida nada era eterno, a la mañana siguiente, un poco cansados, Taylor y Joa se levantan y preparan partir, aun sabiendo de los sentimientos de su madre, Joa estaba muy preocupada por la reacción de esta, ella quería creer en lo profundo de su corazón que ella la quería y no dejaría que se fuese, pero la realidad era más cruel.   – Me iré con Taylor madre– dice la joven algo nerviosa, sus manos temblaban – ¿Eso es lo que quieres? –  le pregunta con un tono frio y sin importancia alguna   – Sí, eso quiero– responde, agarrando la pollera de Taylor en busca de refugio   – Entonces vete y no vuelvas por aquí nunca más, así nos harás un gran favor a todos– sin escrúpulos la madre la despoja de su lado y de su vida en Arkym, y con ello Joa sintió que las cadenas invisibles que la ataban se rompían   – (evadiendo la mirada) Como digas, vamos Taylor– tomándole la mano y yéndose del lugar.   Fuera del pueblo, caminando por el bosque, ambos no se dijeron nada, Joa aún seguía aferrada a él con un leve temblar de sus manos, mientras que Taylor se mantenía calmo, y algo indiferente, sin embargo, Joa no soporto el silencio que comenzó a sofocarla.   – ¿Por qué no dices nada? –  pregunta Joa soltándole y quedándose parada, estaba preocupada por la indiferencia que Taylor mantenía.   – ¿Con respecto a qué? –  responde con otra pregunta el joven deteniéndose y volviéndose hacia ella.   – A lo sucedido– insiste la joven – pensé que– Taylor le toma la mano sorprendiéndola.   – No importa lo que pase, no puedo vivir en el pasado, si has decidido venir conmigo, significo que decidiste abandonar todo aquello que conocías. Además, no hablo del tema porque no quiero preocuparte más, ya es suficiente con que tengas que arriesgarte en este viaje, ¿no crees? –  responde Taylor con un tono que se notó algo alegre   – Tienes razón Taylor, disculpa mi actitud. Gracias.   Así pasaron los días, fue un duro viaje para Joa, era la primera vez que estaba lejos de lo que una vez fue su hogar, las noches frías acurrucada junto a Taylor, frente a una cálida fogata, los amaneceres que vieron juntos, los problemas que les estorban frente a los peligros del exterior, todo un mundo nuevo para ella, pero era un alivio para ambos el poder tener a alguien cerca.   Había pasado un mes desde que Taylor continuó su viaje junto con Joa, atravesaron el espeso bosque de Arkym, cruzaron la planicie del Viento, donde en cada esquina unas altísimas aspas de viento giraban todo el día de los cuales Joa sólo podía sentía aquel fresco aire que la rodeaba.   Era una tarde fresca, y ya estaban a casi a medio camino de Liang, sin poblados cerca y con pocas provisiones, Taylor decide ir de caza, parte de su entrenamiento fue sobrevivencia, llevando lo esencial, deja el resto con Joa en el pequeño campamento, no muy lejos, encuentra algunos jabalíes, con un poco de paciencia e ingenio, Taylor captura el más grande, contento por el gran botín, regresa donde su compañera, pero fue una horrible sorpresa la que encontró, el campamento estaba destrozado, sus pertenencias por todos lados y ningún rastro de Joa. Taylor comenzó a desesperarse al no encontrarla, por su mente cruzaban los peores pensamientos, cae de rodillas enfurecido consigo mismo, en lo que se da un fuerte puñetazo a si mismo recuperando la calma. Taylor se levanta y vuelve a mirar el desastre, su maestro le había enseñado que todo aquello que se mueva deja un rastro, a menos que fuese un espectro, por lo que comenzó a buscar cualquier indicio que mostraba alguna pista de los responsables, y como esperaba un montón de ramas rotas y unas pisadas en dirección sur. Taylor siguió tras el rastro, el cual lo condujo a unas cabañas que parecían estar abandonadas, pero no era así, era la fachada de la guarida de los ladrones, mientras tanto, dentro de una de las cabañas, los ladrones bebían gustosos por el botín conseguido, una joven con buena salud, discutían que hacer, si venderla o quedársela para abusar de ella, una desagradable discusión para Joa quien no perdía la esperanza de que Taylor viniera por ella, la conversa se detuvo, extraños gritos se escuchaban afuera, los ladrones salieron dejando a Joa sola la cual lo único que percibía eran gritos de dolor, lo cual la asustaba, pero en un par de minutos todo quedo en silencio, y tan solo el sonido de unos pasos que se acercaban a ella, su corazón estaba acelerado por el miedo, sabía que aquel estaba frente a ella, pero el miedo se fue al sentir un abrazo y la voz de Taylor que sonaba muy preocupada, un ligero temblor en sus palabras mostraba el temor de la joven.    – Ya estas a salvo– le dice Taylor mientras la desataba.   En lo que Joa se aferra a él para sentirse segura, estuvieron así por un momento mientras ambos se calmaban, al rato, ambos salen de la cabaña, Taylor había recuperado sus pertenencias y tomado parte del botín de los ladrones, mientras avanzaban, Joa siente que pisa algo, Taylor no se detiene haciéndola seguir, diciéndole que no se preocupara, Joa desconocía que caminaba sobre los cuerpos de los ladrones a los cuales Taylor había matado, esa noche, lejos del lugar, frente a la fogata, Taylor miraba fijo las llamas que pasaban con la briza nocturna, absorto en sus pensamientos, fue la primera vez que tomaba la vida de un humano, pero para su descontento, no hallaba diferencia entre los monstruos ni los humanos, se percató que para él todos eran iguales, y que no dudaría en hacerlo otra vez si fuese necesario, una lección cruda por que tarde o temprano debía afrontar. Joa quien estaba su lado, siente el pesar del corazón de su compañero y comienza a tararear una canción que su padre solía cantarle, Taylor se sorprende y recuerda la flauta de su abuelo, con la cual acompañaba el canto de su compañera, Taylor había heredado el buen oído de su madre, esa noche durmieron tranquilos y sintieron como si el lazo entre ellos se fortaleciera más, la mañana llego y consigo el continuar de su viaje, sin embargo su camino hacia Liang se vio entorpecido, había muchas tropas de las Hordas del desconcierto, y no tuvieron otra alternativa que cambiar de rumbo hacia el sur, se embarcaron junto con una caravana de comerciantes que se dirigían la Bahía Coral, un lugar famoso por sus enormes arrecifes de coral que se apreciaban por la cristalina agua que lo cubría reflejando hermosos arcoíris.   Un desvió no previsto, pero en cierto modo.   – Por fin llegamos a Bahía Coral, aunque una lástima no haber podido ir a Liang, pero apenas tengamos noticias del frente retomaremos el camino. –dice Taylor, en lo que observa a su compañera quien no se veía bien – ¿Pasa algo Joa? Luces algo rojas   – No pasa nada– responde la joven con leves jadeos en lo que Taylor posa su mano en la frente de ella   – ¡Tienes fiebre! ¡¿Desde cuándo estas así?!– pregunta preocupado Taylor   – Te digo que estoy bi...– sin poder terminar su frase, Joa cae desmayada siendo atrapada por Taylor   – ¡Joa…resiste! –  Dice Taylor, con ella en brazo, la lleva al médico más cercano, pero no sabía dónde estaba, se encontraba desesperado hasta que una voz familiar le llama a la distancia.   – Tanto tiempo pequeño... ¿Qué traes ahí? –  dice el hombre de gabardina café y sombrero de viaje del mismo color, el usaba lentes negros y redondos, de pelo corto y blanco y una pequeña barba de dos días, aparentaba tener unos cuarenta.   – Ritherz– dice Taylor mostrándole a Joa – ¡Está muy enferma y no sé dónde haya un médico! ¡Por favor, tienes que ayudarla Ritherz! –  rogaba Taylor   – Calma muchacho, llevémosla a la posada, yo haré lo que esté a mi alcance para sanarla.   – De acuerdo Ritherz.
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