CAPÍTULO 39 Jugando a ciegas

1587 Palabras

La siguiente mañana desperté feliz, emocionado, sintiéndome pleno. Me quedé quieto en mi sitio para disfrutar de la cercanía del cuerpo de Ámbar desnudo, abrazado al mío, con su cabeza recostada sobre mi pecho. Pensé que aún dormía, pero de repente sentí algo húmedo y un pequeño movimiento de su cuerpo. Una leve sacudida me dio la pauta de que en realidad parecía… ¿estar llorando? —¿Ámbar? ¿Amor? —Me asusté al sentir sus sollozos—. ¿Estás bien? ¿Te hice daño? Yo te dije que me detuvieras si —No es eso —interrumpió, incorporándose y besándome suavemente en los labios. Moví mis manos para acariciar su rostro y sentir qué tan mojada estaba su piel, qué tanto había llorado. —Me asustas, amor —añadí al palpar la humedad, sin embargo, ella sonrió. —Es extraño, lo sé pero no lloro porque est

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR