CAPÍTULO Epílogo

1869 Palabras

Su vibrante risa era como música para mis oídos. Estaba sentado en el patio de nuestra casa, disfrutando de un domingo cálido y del sonido de sus pasos corriendo por el pasto, de su risita aguda y de las canciones que de pronto se ponía a cantar; eran alimento para mi alma. Me encantaba su carácter, cariñosa y dulce, alegre y ocurrente. Amaba cuando ella y Ámbar se discutían por mi cariño. —¡Es mi papi! —insistía Valeria. —Yo lo vi primero —le discutía Ámbar divertida. Valeria se ponía nerviosa y muy chistosa, hasta que Ámbar le decía que yo era de ambas y que podían compartirme, entonces solían abrazarse para luego abrazarme a mí. Quién diría que mi vida iba a cambiar tanto, quién diría que Dios tenía todo esto preparado para mí. A menudo, solía preguntarme dónde estaría Rita y si podr

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR