CAPÍTULO 35 Mi milagro

1433 Palabras

Había pasado un mes desde la partida de Rita. Me hallaba en el convento, recostado en el jardín, recordándola, pensándola, sintiéndola. Ámbar se había quedado en la ciudad porque tenía que estudiar para unos exámenes y yo me había venido en tren; pensaba regresar esa misma tarde. Absorbí en un suspiro el aroma que me recordaba a ella, a todas sus enseñanzas, a todas sus palabras. —¿Tienes sueño, Mariano? —me preguntó esa mañana. —Anoche me quedé hasta tarde pensando en la historia que me contaste, esa en la que Jesús le devolvió la vista al hombre que era como yo. Le pedí toda la noche que lo hiciera también conmigo, pero cuando desperté todo seguía oscuro. Estaba seguro de que me había escuchado en la noche —hablé con la tristeza de un niño que esperaba su magia. —Niño de mi vida —dij

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