Estaba muerto de la vergüenza con todo lo que sucedió esa tarde. Nunca me enfermo, ¡¿por qué me tuvo que ocurrir esto justo el único día que mamama viajó a ver a su madre?! Vargas me llevó hasta la clínica y, para continuar con mi desgracia, me acompañó al consultorio. Pensé que saldría, pero creo que el médico supuso que éramos algo y por ello le habló como si nada, explicándole todo a ella sobre los remedios y demás. Lo peor fue cuando me preguntó los síntomas, me preguntó si había tenido fiebre, dolores, náuseas, pero lo más vergonzoso fue cuando inquirió acerca de mi tránsito intestinal, como dicen las publicidades de yogurt. La verdad era que en eso tampoco había estado bien, pero no podía admitirlo frente a una alumna. ¡Dios, qué vergüenza! Acabábamos de llegar a casa y no quería

