Esto era real. Era una de esas situaciones que temes que sucedan, pero que cuando suceden no quieres que se interrumpan. Ver a Galván en la Iglesia fue una sorpresa muy grata e inesperada; pensaba que me alejaría unos días de él y que eso enfriaría las cosas entre nosotros, además, los últimos días él había estado muy distante. Roberto me insistió para que le escribiera al profesor y le sugiriese organizar un paseo el día siguiente. Yo no me animaba, me parecía demasiado, pero para Rob era como una aventura, divertida y peligrosa. —Si yo pudiera, también lo invitaría a salir. ¿Qué tienes qué perder, Ámbar? Por el contrario, podrías divertirte —dijo mi mejor amigo esa noche, cuando llegamos a la posada donde yo me alojaba. Él se quedaba en lo de su hermana, pero la casa era demasiado pequ

