Oír aquello fue molestoso. El alumno Cabral la llamó «cariño» y le habló sobre un viaje que harían juntos. Sin duda, estaban en pareja. Por algún motivo, aquella idea me generó un sinsabor en la boca del estómago. Quería sacarla de allí y llevarla conmigo al despacho para preguntarle qué era de Cabral y decirle que la situación me molestaba, aunque era incapaz de explicarle el porqué. ¿Qué clase de comportamiento era el mío? ¿En qué clase de irracional primate me estaba convirtiendo? Pasé de largo y fingí no oírlos. Llegué al despacho y me senté, enfadado, amargado, abrumado. Estaba enojado conmigo mismo por no ser capaz de manejar mis emociones o lo que fuera que me estuviera sucediendo. No veía la hora de viajar para olvidarlo todo; tomar distancia, alejarme y enfriar mi mente. En la no

