CAPÍTULO DIECISÉIS Zoe se cubrió el pecho con los brazos para protegerse del frío aire nocturno que se colaba por su fino traje. En esta época del año, a comienzos de la primavera, normalmente estaba templado y agradable en California, pero esa noche estaba ventosa. Quizás era la idea de que habría habido un incendio allí, si no fuera por la interrupción fortuita del testigo. —¿Ese es él? —preguntó Zoe, haciendo un gesto con la cabeza en dirección a un joven afroamericano sentado al borde de una ambulancia, cubierto con una manta de emergencia. —Creo que sí —confirmó Shelley—. ¿Quieres que hable con él mientras tú vas a inspeccionar el cuerpo? Zoe dudó. Sería la mejor opción. La más fácil. Después de todo, era lo que cada una hacía mejor. Pero Zoe sintió, y quizás esa era la voz de la

