CAPÍTULO DIECIOCHO Le había costado mucho trabajo, pero Zoe creía que había encontrado algo. Dos cosas, en realidad. Era recién pasada la medianoche, aunque solo lo sabía por haber revisado la hora a propósito en su reloj. No estaba en las características físicas de las víctimas —la altura, el peso. No estaba en la dirección de sus casas. Tampoco en sus números de seguridad social. Sin embargo, todos ellos tenían una conexión. Una gran conexión, al menos en relación a la teoría de Zoe. Todos tenían los dígitos 2-3, en ese orden, en sus tarjetas de crédito. Había empezado a seguir la pista con la tarjeta de Naomi Karling, cuyos dos últimos dígitos eran esos. Era una cuerda de la que había tenido que tirar y lo hizo, dejando que la guiara hacia adelante. En el caso de John Dowling y Cal

