Allison Mis dedos tamborileaban suavemente sobre el escritorio, tratando de reanimarme a pesar de la ola de cansancio que me cubría como una manta densa. Había perdido la cuenta de cuántas tazas de café llevaba hoy, y, aun así, el agotamiento era como un peso que no me soltaba. Y ese cansancio tenía una raíz, una razón con nombre y apellido. Olivia Knight. Mi pequeña, que acababa de cumplir tres años, había desarrollado el hábito de pasar a nuestra cama en plena madrugada, y aunque la cama era tamaño grande, su forma de dormir era todo menos convencional. Cada noche se repetía la misma escena, su cabecita sobre el pecho de Edward, su cuerpo atravesado como si la cama fuera sólo suya, y sus pies, pequeños y firmes, clavados en mi espalda. Las primeras veces había intentado moverla con s

