Edward El trabajo me estaba matando. Las interminables reuniones, los proyectos acumulados, y la presión constante de tomar cada decisión correcta se sentían como una montaña aplastándome, y, por si fuera poco, Allison, quien acababa de cumplir los cinco meses de embarazo seguía con sus malestares que parecían no tener fin, especialmente en las mañanas, cuando la náusea la dejaba exhausta y sin fuerzas. Verla tan vulnerable me desgarraba, y mi preocupación por ella y el bebé se hacía más intensa cada día. A pesar de que ella intentaba restarle importancia, mi ansiedad me empujó a llevarla al médico, casi a rastras, necesitaba asegurarme de que ese malestar constante no fuera algo más grave. El médico, por suerte o por desgracia, fue claro y directo: nada grave, solo síntomas comunes

