Edward Allison estaba embarazada. Iba a ser padre de nuevo, y aunque ya conocía el amor incondicional que se siente al tener un hijo, esta vez era diferente, casi abrumador. Una sensación cálida y expansiva me llenaba el pecho, como si mi corazón no pudiera contener tanta dicha, pensar en nuestro futuro juntos, en esta familia que habíamos construido poco a poco, era la culminación de cada sueño que alguna vez tuve, y ahora estaba aquí, mirándola, absorbiéndola, con todo este amor palpitando en lo profundo de mi pecho. Allí estaba ella, dormida con Olivia en sus brazos, tan protectora, tan naturalmente maternal, y no podía evitar sentir que no había sido posible amarla más… hasta ahora. Ella era mi todo. La mujer que me había salvado, que me había cambiado para siempre y que ahora, una

