—Al menos te puedes divorciar — comenta Melisa encogiéndose de hombros. —Supongo que sí — comento pensativa. Las dos nos quedamos en silencio mientras bebemos nuestro café y comemos el bizcochuelo. Parece que Melisa no está de acuerdo con mi decisión, pero de igual forma la respetaría, porque es mi mejor amiga y siempre estará ahí para mí. Sin embargo, no quiero tomar una decisión precipitada. Por mucho que ame a Alejandro, no podría casarme con él bajo esos acuerdos. Lo haría si él me dijera que me ama y que yo también le amo. Pero casarme por dinero... parece que me estoy vendiendo, y eso no me parece correcto. —¿Podría casarme así con él por dinero? — pregunto — Siento que me estoy vendiendo. ¿Acaso me está comprando como si fuera un paquete de masitas? —Ay, amiga, prefiero no opina

