—¿Fue muy costoso? —No importa —responde, y lo miro con curiosidad. Aún no le he mencionado la cantidad de dinero que necesito para casarme con él, pero planeo pedirle el valor del tratamiento para mi papá. Afuera, una limusina blanca nos espera. Ni siquiera me había dado cuenta de su llegada. Abro la boca para decir algo, pero la cierro sin emitir sonido. —¿Y esto? —pregunto confundida. —Vamos a casarnos —explica encogiéndose de hombros, se acerca al vehículo, abre la puerta como un caballero y me indica que entre. Tomo su mano y obedezco, sintiendo un cosquilleo intenso recorriendo mis brazos en el momento en que nuestras pieles se tocan. Sin embargo, disimulo mi reacción apartándome bruscamente. No puedo creer que después de tantos años, un simple roce de él tenga el poder de pertur

