A lo lejos, veo a Alejandro bebiendo una copa. Nuestros ojos se cruzan y él me saluda con la mano, a lo que yo respondo de la misma manera. Me acerco a él y siento cómo el ambiente se vuelve más cálido a medida que la música se intensifica y la mayoría de los invitados comienza a bailar con más energía. Alejandro se acerca, me toma de la cintura y empezamos a bailar al ritmo de la música. Intento romper el silencio que se ha formado entre nosotros. —Bailas bien —digo, tratando de aligerar el ambiente. —Lo sé —responde orgulloso, lo que me hace rodar los ojos. Me río divertida mientras él me gira y luego me acerca a su cuerpo. Su pecho presiona contra mi espalda y quedamos así durante unos segundos. —Sofía —susurra en mi oído, me doy la vuelta un poco confundida y avergonzada. —¿Qué? —

