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2783 Palabras

Leonardo ha sido bastante malo durante estos días, incluso ha comenzado a visitarme y hemos dejado de lado las conversaciones virtuales. Él está por venir en este momento, y yo estoy tomando una taza de café con la bata puesta, me da igual, somos amigos. No me arreglo como lo hacía con Alejandro. Suena el timbre, y voy a abrir la puerta. — Hola, Leo — comento con una sonrisa y él me abraza. — Hola, bonita — dice, y al oír esas palabras me recuerda a Alejandro. Hago una mueca triste, pero la disimulo. — ¿Cómo estás? — pregunta curioso, y yo lo miro. — Creo que estoy bien — digo, y él entra cerrando los ojos. — ¿Estás bien de verdad? — insiste. — Lo estoy, no te preocupes por mí — comento, y él se ríe. — Me alegra saber que estás bien — comenta y yo lo miro. — Me alegra mucho también

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