— cariño, ¿está todo bien? —pregunta luego de golpear la puerta tres veces. — Sí, más que bien. Perfecto, enseguida salgo— grito poniéndome de pie. Mis manos tiemblan como si estuviera a punto de confesarle una infidelidad o un asesinato. Mis palmas sudan como si acabara de entrar a una casa embrujada. (le tengo terror a los fantasmas, por cierto). Respiro profundamente y abro la puerta. Alex está de pie junto al umbral, esperando por mí con un rostro preocupado que odio ver. — ¿qué pasa cariño? Me estás asustando…— murmura acariciando mi rostro con su mano derecha. — Tengo que contarte algo…— susurro tomando la mano que me acariciaba y arrastrándolo al sofá. Nos sentamos uno frente al otro, aprieto su mano en la mía, rogando a quien sea que esté allá afuera, q

