— Pero amor, sabes que no puedo vivir sin hamburguesas con queso…—. Hago un pequeño puchero mientras me siento en sus piernas y tomo una hamburguesa en mis manos. Mi cabello está todavía húmedo así que lo pongo hacia adelante para no mojarlo con él, y automáticamente me abraza más cerca. — ¿No hay muchísimas sillas? ¿Por qué te sentarías en mis piernas? —pregunta acomodando mi trasero. — Si no quieres que me siente aquí, me levanto, no hay problema…—contesto poniéndome de pie. — Yo no dije eso… —murmura sentándome otra vez. Solo queda un mes para que deba regresar a Nueva York. En un mes, tendré que volver a acostumbrarme a verlo solo en videollamadas y enviarnos un par de mensajes de texto al día. Antes creía que un mes era demasiado tiempo, pero ahora que estam

