Sostengo ambos bebés en mis brazos hasta que comienzan a entumecerse mis músculos, y le pido a Aaron que me ayude a acostarlos en sus cunas. Cinco minutos después, entra Anna con Luce y Francisco. La emoción en el rostro de los niños es casi tangible. Corren al interior de la habitación mirando todo a su alrededor sin hacer el mínimo sonido. Llegan al centro de la habitación, y ambos se detienen en vilo cuando ven las cunas con los dos bebés. Anna se para detrás de ellos con una sonrisa de oreja a oreja, que se borra cuando ve a los dos niños durmiendo. Cubre su boca con ambas manos para ahogar el sonido del llanto y corre a abrazar a su hijo. Como madre de mellizos, Anna sabe perfectamente lo que debe estar sintiendo Julia en este momento, deja a Aaron luego de un corto abrazo

