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463 Palabras

—Ya, mañana hablaremos. Falta poco para llegar —añadió a modo de aviso. Sabía que ella podía ser terca y negarse a recibir la ayuda de su parte. Era una chica difícil. Lamentable lo que había tenido que pasar. Coral volvió a la cama y, aunque no podía conciliar el sueño, mantenía una enorme sonrisa en el rostro. Era maravilloso saber que su hermana estaba bien y regresaría temprano al día siguiente. Ya no se sentía triste, solo estaba llena de alegría al saber todo lo que había sucedido. Aun así, seguía siendo un misterio por qué no había aparecido en todo el día y había olvidado su teléfono en el apartamento. Había muchos cabos sueltos que no lograba entender y eso la dejaba confundida. Sabía que la única persona que podría responder sus preguntas y disipar su confusión era Elizabeth.

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