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1095 Palabras

Condujo a casa, esta vez no había silencios, el reía mientras me contaba cómo había sido su única clase, después caí en cuenta, que los horarios los teníamos parecidos, dejo su clase por mí, sus clases, literalmente le llamé y él dejo todo por mí, nunca, nunca alguien había dejado todo por estar aquí, conmigo. —Puedes regresar a tus clases, estaré bien—, prometí tamborileando mis dedos en la rodilla. Me enderecé mirando sus pequeños lunares del rostro, junto con sus ojos negros—, Me gustan tus tatuajes. —Gracias. No, hay algo que tengo para ti—, Sus ojos estaban enfocados al frente, se encogió de hombros—, Además, seguro les viene bien un poco de tiempo libre. —¿Algo para mí? —Sí, encontré algo para ti. Deberíamos de desayunar, estabas bebiendo. —Claro. Podríamos desayunar—, me enco

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