Capitulo V “El inicio”

1653 Palabras
POV: Elizabeth 3 meses atrás Hoy es la cena con mi sus suegros y mis padres, debo lucir impoluta, elegante, perfecta. Temo más a su opinión que a la de las personas que constantemente me colocan en las portadas de sus revistas, se me ha dado el honor de ser nombrada varias veces como la perfecta ama de casa por varios reporteros “Ser la esposa de un hombre exitoso también es un duro trabajo” “Limpiar la cocina y lucir inmaculada” “La mujer detrás del gran hombre” son algunos de los títulos que se han puesto en esas revistas, eso está bien, es lo que creo. Mis padres parecen felices de ver la dama en la que me he convertido, su felicidad debería ser la mía. Es la mía, eso es lo que quise decir. -Buenas noches, Elizabeth. Luces preciosa como siempre – mi suegra, Agustina es sin lugar a dudas una de las personas más tiernas que he conocido en este mundo, no le importaba lo que llevase puesto, siempre se deshacía en halagos hacia mi persona -Usted también luce estupenda, bienvenida, siéntase como en casa se lo suplico – contesté con una sonrisa, hablar con ella era tan natural como ver fluir un río. A mi suegro solo le saludé con una sonrisa, era un hombre de muchas palabras comúnmente pero de pocas ante este tipo de reuniones, le daba miedo decir cosas que no se consideraran lo suficientemente educadas o pertinentes, su temor me causaba ternura y un poco de lástima, deseaba que mi hogar fuese un poco más seguro, para reuniones moralmente correctas tenía las del trabajo -Dios te bendiga, hija – mi madre, Adelaida era muy diferente, solía ser un poca dura conmigo, pero esto es lo que hacen las madres cuando aman a sus hijos ¿Cierto? – veo que hiciste lo que pudiste, pero como que ya se te comienzan a ver las arrugas -Bendición, mamá. Quizás es porque he agarrado mucho sol – me fascina el color n***o, sobretodo en la ropa, sin embargo mi mamá dice que no es propio de una dama vestirse así, el n***o representa luto y atrae energías negativas desde su perspectiva, opté por un vestido de color turquesa para esta noche, creí tontamente que de esta manera ella no tendría nada para criticar, fallé de nuevo -¡Ay! No te preocupes, mi amor. Luego te paso el nombre de unas cremas que son las que yo uso, seguro que te van muy bien – respondió ella con una sonrisa enorme mientras se dirigía a la cocina, probablemente a meter sus manos donde no debe, a sazonar diferente la comida o ver si no hay nada potencialmente alérgico -Bendición, papá – me dirigí dejando ver en mi semblante que esos pocos minutos de charla con mi progenitora ya me habían dejado agotada, él me miraba con cierta lástima, aunque lástima debería tener yo por él que le toca vivir con ella. Mi padre se llama Guillermo, desde que tengo memoria él ha sido mi salvavidas y es probablemente la única persona en este mundo que logra comprender a mi madre -No te preocupes, mi amor. Te ves muy bien y si quieres mi recomendación cuando tu madre te envíe el nombre de esas cremas ve inmediatamente a la tienda y cómprate unas papas porque esas cremas definitivamente no sirven y tu mamá es la prueba viviente de ello – él sabía hacerme reír cuando creía que ya no podía hacerlo, era como su habilidad especial, aunque en este momento realmente estaba más preocupada por lo que podría estar sucediendo en el interior de la casa El pobre de Álvaro estaba sentado con su madre y su padre a la mesa mientras mamá hacia desastres en nuestra cocina, solo deseaba que se calmara un poco, creo que ella no terminaba de entender que esta era mi casa, movió de lugar la licuadora, la batidora, los recipientes, no sé muy bien si vino a cenar o a trabajar como una muchacha de servicio -Tienes un desastre acá – exclamó ella al verme entrar a la cocina ¿Desastre? ¿Con que moral? En su cocina nada tiene sentido, esta mujer tiene el peor gusto de este lado del mundo y eso es mucho decir, si a ella le parecía un desastre que todo en mi cocina tuviera coherencia y colores sutiles entonces sí, era un desastre, pero al menos no tenía un reloj de vaca sobre el lavaplatos -No tengo un desastre, la chica que contraté para el aseo y yo limpiamos muy bien el lugar, además la diseñadora de interiores hizo un gran trabajo, ella es una profesional en el asunto y tú no, si no es mucha molestia ve a sentarte con los demás al comedor – le hablé en un tono bajo, no quería comenzar una discusión por algo tan tonto, pero con mamá uno nunca sabe lo que puede estar pasando por su cabeza -No, disculpe por querer ayudarla a tener una casa bien bonita, arreglada, donde la gente pueda entrar y sentirse cómoda. Pero usted ya sabe lo que dicen, el que cría cuervos ciego queda. No se preocupe que yo ya no me meto, como usted se la tira de muy muy – mamá respondía con un tono tan molesto que por un momento casi pierdo el control, no entiendo su necesidad por juzgar todo lo que ve a su paso Decidí no prestarle atención, aunque dejé las cosas como ella las había puesto, no quería herir sus sentimientos, no deseaba molestarla aún más. Ella tenía un carácter fuerte pero yo ya no era un niña que iba a explotar en cualquier momento solo por todo lo que ella decía. Serví a la mesa todo lo que había preparado, una ensalada cocida, pescado relleno al horno, arroz revuelto con pollo y algunas piezas de pan, a Álvaro no le gustaba el pescado, sin embargo sus padres lo amaban, me esforzaba para que ellos también pensaran que yo tenía todo bajo control aunque creo que no es realmente necesario, siempre me están apoyando, me he sentido más parte de su familia de lo que quizás Álvaro puede sentirse de la mía -Esta ensalada está muy salada – comentó mi madre de manera repentina, mi padre y mis suegros no podían contener la risa, yo aún no lo había entendido, creo que Álvaro tampoco porque su expresión no había cambiado en lo absoluto -Es que es una ensalada, hubieras pedido una endulce – replicó papá entre risas, yo no entendía aún muy bien, sin embargo los demás se reían, quizás aún me faltaban más años para reírme de ese tipo de cosas, de esos chistes de papás que solo ellos entienden La cena transcurrió entre la normalidad y la incomodidad, pero al menos pudimos hacer que ambas familias se juntaran sin que alguno muriera, mis padres se fueron primero, para mi fortuna, ya no soportaba ni un momento más a mamá en casa, la amo, pero tenemos ese tipo de relación que funciona mejor cuando estamos lejos, la señora Agustina le pidió permiso a Álvaro para lavar los platos, luego de mucho insistir él le concedió el honor, me acerqué hacia ella para tratar de interrumpir su labor y hacerla yo -No se preocupe, yo puedo hacer eso, señora – le dije con una sonrisa mientras agarraba uno de los platos -Si, yo también puedo hacerlo y por eso lo estoy haciendo – replicó ella agarrando el plato que yo había tomado entre mis manos – ya has tenido que hacer mucho hoy, esa doña es insoportable, me disculpas que yo sé muy bien que es tu madre y uno nunca debe hablar mal de la progenitora de otra persona, a cada quien le duele su sangre, pero estaba rezando para que se callara -Ya éramos dos en el rezo, pero creo que no fue suficiente, a la próxima usamos unas bocinas – contesté riendo, ella era una gran cómplice, desde la primera vez que hablé con ella me hizo sentir en confianza, las veces que tomó un bus para viajar una hora hasta donde yo vivía solo para llevarme un trozo de pastel en mi cumpleaños son para mi gratos de recordar, la quiero tanto que nunca puse objeción alguna a los caprichos de Álvaro cuando se trataba de sus padres, muchos podrían creer que soy una tonta, pero la única cosa en este mundo de la que jamás voy a arrepentirme es ver los rostros felices de Álvaro y sus padres, ellos son mi familia y los siento tan cercanos a mí, porque al final del día amo a mi esposo y amo todo lo que viene con él -Creo que nunca te he agradecido lo suficiente por todo lo que has hecho por nosotros – confesó Agustina mientras secaba los vasos, sabía por donde venía y también sabía por donde iba a terminar -Me parece que yo tampoco, así que estamos a mano. Somos familia, tenemos mucho tiempo para seguir agradeciendo mutuamente – contesté sintiendo un pequeño nudo en mi garganta Nos despedimos treinta minutos después, Álvaro y yo nos dirigimos a la cama, tomé un libro entre mis manos, él se colocó unos audífonos, últimamente ya no teníamos sexo, nuestra relación era muy linda, nos amamos, nos apoyamos, pero la oficina del placer s****l lleva bastante tiempo fuera de servicio, siempre estamos muy cansados o simplemente no queremos hacerlo, así es como los adultos describían el matrimonio cuando yo era niña, así que quizás así debe ser. En ocasiones desearía que me tome entre sus brazos, que explore mi cuerpo como si fuese una isla virgen, que se detenga a detallar cada pequeño detalle y movimiento, pero esos días se acabaron, parecíamos más un equipo que una pareja, aunque probablemente eso no está tan mal ¿O sí?
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