Natasha estaba feliz de vivir en Sicilia, quince días habían pasado volando y cada vez se sentía más en casa, la isla, con su cielo azul infinito, su aire salado y sus calles llenas de historia, la envolvía con una calidez que nunca había sentido en Moscú. Desde que llegó, su vida había dado un giro inesperado, se sentía libre, sin la presión de su familia ni de las expectativas que le habían impuesto. Héctor había sido una gran parte de esa transformación, con él, cada día era una aventura, entre paseos por la ciudad, cenas caseras llenas de risas y momentos en los que simplemente disfrutaban de la compañía del otro. Tenía su cuaderno de recetas y recuerdos, entre las páginas había fotos de Héctor probando sus platillos, algunas con expresión de deleite y otras con una mueca divertida cu

