Entre risas y pequeñas bromas, Natasha y Héctor terminaron entrando a una zapatería elegante, él insistió en que necesitaba calzado cómodo y bonito para acompañar toda la ropa nueva que había comprado. — No puedes quedarte solo con lo básico, amor, un buen par de zapatos pueden cambiarlo todo. — le dijo mientras tomaba un par de tacones y se los mostraba con una sonrisa, Natasha arqueó una ceja y tomó los zapatos, evaluándolos con una mirada crítica. — No sé si podré caminar con estos sin romperme un tobillo. — eran demasiado altos, no era lo que usualmente usaba. — Bueno, si te caes, yo estaré ahí para atraparte. — respondió con una sonrisa coqueta. — Eres un caso perdido. — soltó una carcajada y negó con la cabeza. Mientras revisaban los estantes, Héctor aprovechó para elegir alguno

