Capítulo 4. Me quedo

1679 Palabras
Jackson El desayuno que había preparado para ella se queda en la mesa, enfriándose, recordándome que no debo de ser un imbécil sensible. No debo de tener más detalles estúpidos con ella. Ni siquiera le pido a Violet que se lo suba, ya no me importa si quiere comer o no. Estoy tan molesto que prefiero tirarlo que dárselo a esa malagradecida. No se merece nada de lo que hago por ella. —Jack —¡¿Qué?! —respondo muy enojado. —¿A la empresa o a la casa de tu esposa? — pregunta con calma mi guardaespaldas y amigo, Frank. Aunque, que nombre a Isla en este momento es para enfurecerme más. No le teme al peligro ni a perder su trabajo. —A la empresa—digo con los dientes apretados. —¿Qué te hizo? —¿Quién? — pregunto mientras observo hacia el piso superior, esperando que esa malagradecida se digne a decirme adiós por la ventana, como hacía antes. Pero esa maldita mujer no está. —¿Quién más? Charlotte, tu némesis, tu maldición y el amor de tu vida— dice con burla. Mi enojo está llegando al punto de querer golpearlo. —No te pago para que digas estupideces ni para estar de chismoso— lo reprendo con los dientes apretados, pero él no se asusta. Al contrario, se ríe el muy cabrón. —No suelo meterme donde no me llaman. Lo sabes. Simplemente, estoy preocupado por ti. Cada vez que cruzas esa puerta pierdes el control de tus emociones, te desconozco totalmente. Cuando sales de esa casa, te conviertes en un ogro triste y descorazonado, por más brillante y astuto por los negocios que eres, en lo personal eres un maldito caos— suelta mientras estamos saliendo de la zona exclusiva de Londres. Intento ignorar sus palabras para encender mi laptop y comenzar a trabajar. Aunque no puedo negar que todo lo que dice es real. Charlotte logra desestabilizarme de manera terrible. Está clavada en mi alma de manera dolorosa y cruel. Puede ser que ella piense que yo soy un desgraciado cruel con ella, pero no sabe lo que siento, lo que ella me hace sentir, el dolor… Ella me quema a cada minuto que pasamos enganchados. Ella puede destruirme. Me destruye. —Jackson, soy tu amigo. Estaré aquí para escucharte, cuando quieras hablar y sacar todo lo que te está consumiendo— Sus palabras son sinceras. Pero no puedo hacerlo, nadie más puede saber sobre ella, sobre mi venganza. —Cállate y concéntrate en conducir— digo con voz dura, esperando que deje por la paz este asunto. Frank suspira. Para mi fortuna todo el camino es en silencio, hasta que entramos en el estacionamiento subterráneo del imponente edificio de la empresa de mis padres, Energy P. L. C. El dolor en mi pecho me roba el aliento. Este es el legado de mis padres, su esfuerzo, su trabajo, su pasión y también, su perdición. Fue por esta empresa que mi padre fue asesinado de manera tan brutal, que no hay palabras para describirlo. Me bajo del auto con las piernas temblorosas, con las manos sudando por los nervios y el corazón roto. Ahora, por esta empresa es que tuve que hacerme fuerte en estos cuatro años, tuve que cambiar para hacerme cargo del último deseo de mis padres. —¿Estás listo? — me pregunta Frank después de bajar del auto y quedarse a mi lado para protegerme. —Lo estoy— respondo con seguridad. “Esto es lo que he esperado, lo que quiero hacer. Voy a recuperar todo lo que dejaron mis padres”, repito internamente, varias veces. Camino hacia el elevador exclusivo para evitar que me vean y me reconozcan algunos de los trabajadores. Esto me hace recordar a mi palomita. —Pide en recursos humanos que despidan a Charlotte. —¿En serio? —Sí, muy seguro. Frank vuelve a suspirar. —Esto no está bien y lo sabes— dice enojado, aun así, hace lo que le pido. No quería llegar a este extremo, pero haber estado lejos de ella y encontrarme con esta versión extraña y sin emociones… Me desconcertó. Necesito recuperarla y para eso la tendré en casa el tiempo que sea necesario, tendrá que adaptarse a mi presencia. No la tendrá fácil. Y esto también se aplica a mí. Tendré que adaptarme a ella, a su rostro, su cuerpo, su voz… En lo más profundo quisiera adaptarme de nuevo a su ternura, a su amor. Si es que existe en alguna parte de ella. Si es que es real. El ascensor llega al piso más alto del edificio, justo donde se encuentra la oficina de mi tío Harry Williams. Aquella persona que me respaldó, que no dejó que me desmoronará después de perder a mi padre. Las puertas se abren y puedo ver que todo ha cambiado en ese piso. A simple vista no hay nada que me recuerde a mis padres. El piso 50 de nuestro edificio es totalmente extraño para mí. Las puertas están por cerrarse y Frank las detiene para mí. —Vamos con Sara— Le pido a mi amigo, dando un paso atrás para mantenerme dentro del ascensor. Frank sonríe, eso me hace verlo con confusión. Al ver mi expresión, mi amigo borra su sonrisa rápidamente. —Nada, no pasa nada— responde a una pregunta no formulada, dejándome más intrigado. Al llegar al piso del Departamento de Finanzas, puedo ver la cabellera castaña de mi hermana, rebotando por todos lados. Parece que “trabajar” tiene un significado diferente para ella. La veo casi correr como niña pequeña hacia su oficina y aprovecho el momento para ir hacia allí, tratando de evitar que sus compañeros se interesen en mí. Frank es quien se roba la atención haciendo preguntas sin sentido y así, paso inadvertido. —Se supone que debes de estar trabajando, no corriendo por todo el departamento— digo con diversión a mi hermana, despeinada y sin zapatos. —¡Jackson! ¿Cuándo volviste? — corre a mis brazos. —¡Me sigo preguntando por qué no maduras! — Correspondo el abrazo y beso la parte superior de su cabeza. —Nunca, hermano mayor. Además, estás tú para consentirme— dime como niña pequeña, haciéndome sonreír. Sara es la única que me hace sonreír de manera tan genuina, ella me regresa un poco de esa tranquilidad y calor familiar. En realidad, es lo único que me queda en la vida. Por más que esté Frank o mi tío, Sara es mi ancla, es mi familia, mi verdadera familia. Sara es mi calma, mientras que Charlotte es mi tormenta y mi infierno personal. —Jackson, esta vez… ¿Te quedarás? — pregunta mi hermana, todavía entre mis brazos. Me cuesta decirlo, pero tengo que hacerlo. —Sí, Sara. Me voy a quedar. Esta vez, me quedaré contigo. Sara se separa de mis brazos y me da una sonrisa amplia, aunque sus ojos están rojos. —¡Oye! Todo estará bien, no necesitas ponerme esa mirada llorona— bromeo de nuevo y eso la hace llorar de verdad. —Hace tanto que no te escucho bromear— la abrazo de nuevo. —¡Dios! ¿Cuándo te volviste tan llorona? Ya eres una adulta. —Te he extrañado mucho, hermano. —Y yo a ti. —Es bueno que regreses, nada ha estado bien sin ti— dice, separándose de nuevo y comenzando a caminar en círculos por toda su oficina. —¿Qué pasa? —Jackson, ¿no crees que todo lo que ha pasado desde la muerte de papá ha sido bastante extraño? — pregunta con preocupación. Su pregunta me descoloca. He dejado de investigar lo que ha pasado hace 5 años porque todo estaba comprobado. Los culpables estaban ahí, el motivo, el proceso… tenía muy claro quién iba a pagar por quitarme a mi padre. Sí, todo era muy claro. Entonces, dejé de investigar. Deje de lado mi instinto para centrarme en lo importante, en ser mejor, en ser cruel y astuto, y en vengarme. ¿Qué ha visto Sara que yo no? —¿De qué hablas? —Jackson…— mi hermana se ve interrumpida por la voz imponente de él. —¡Ahí estás! Mi sobrino escapista— Harry entra a la oficina, haciendo uso de todo su “encanto” familiar. Algo que siempre me ha incomodado. —Tío— respondo con seriedad, encerrándome en mí mismo, borrando todo rastro de ternura y el atisbo de ese Jackson de antes de la tragedia, ese Jackson amable, extrovertido y cariñoso. Ya casi no queda nada de él. —Jackson, puedes decirme papá también, y no es necesaria esa frialdad. Somos familia— se acerca a mí para tomar mi mano y darle un fuerte apretón, con más fuerza de la normal. —Cuando escuché que estabas aquí, vine corriendo a verte. Sabía que no irías a verme, vendrías a ver a tu hermanita. Déjame decirte que es una chica muy inteligente. En poco tiempo se ha hecho de un buen puesto— dice con una sonrisa extraña. —Sí, la inteligencia la heredé de mi madre y de mi padre— Sara responde de manera tajante. —Sí, inteligente y caprichosa. Jackson, ¿subimos a mi oficina? — A pesar de que hace esa pregunta, sé que es una decisión ya tomada. No me queda más que seguirlo, de nuevo al ascensor. Mi hermana me lanza una mirada enojada y preocupada, que intento calmar con una sonrisa, que, al final, no logra nada. Mi ceño se frunce. Algo está pasando con Sara y tengo que descubrirlo. No la volveré a dejar sola en este lugar, donde puede haber más traidores. —¿Te quedarás o te irás de nuevo?— pregunta mi tío con un tono desdeñoso. —Me quedaré— mi voz sale más dura de lo que quería. —Bien. También, sería bueno que recuerdes que tienes una esposa— su voz sale muy furiosa.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR