Jackson
Mis manos se aprietan en puños. Aquí va su maldito discurso.
—No quiero recordarte tus obligaciones, Jackson. Pero ya es tiempo de que te tomes en serio tu matrimonio— Así comienza a hablar, con ese tono paternal y, a la vez, de reproche que me disgusta.
—Mira, muchacho, me alegra que estés en casa de nuevo, no tienes idea de cuánta alegría. Tus padres estarían tan orgullosos de ti, como yo lo estoy de lo que has logrado en otras sedes de la empresa. Créeme— Harry da un par de golpes en mi hombro, y después, pasa su brazo sobre mis hombros, empujándome para salir del elevador en el piso 50.
—Ya es hora de que tomes el camino de la realidad, que pongas los pies en la tierra, hijo— Me tenso con esas palabras y su toque tan “paternal”. —Tienes una linda, inteligente y honorable esposa. Jackson, ¿por qué no comienzan a pensar en formar una familia? ¡Me encantaría ser abuelo!
Detrás de nosotros se escuchan claramente las risas ahogadas por una tos falsa por parte de Frank, quien no se despega de mi lado. Su risa tonta me desvía de las ganas de querer alejar a Harry con brusquedad.
—¿Qué opinas, Jackson?
—Lo siento, Harry. Aún tengo mucho trabajo por hacer para la empresa, quiero enfocarme en eso.
—¡Muchacho! El trabajo no lo es todo. Además, de que te preocupas, tienes todo lo necesario. Tus padres te han dejado con la vida resuelta; tienes un buen empleo. No hay nada de lo que puedas preocuparte, hijo.
Respiro hondo, tratando de calmarme para no sonar grosero. Al contrario, necesito sonar lo más seguro de mí mismo. Me suelto de su agarre y lo enfrento.
—Tío, no es el momento. De hecho, quiero regresar a la sede principal.
El rostro de Harry se descompone por un segundo. Es un viejo astuto, así que vuelve a su sonrisa bonachona de siempre, pero ese minúsculo cambio me hace sospechar.
—¡Claro! Es importante que regreses. ¿Qué te parece compartir oficina con tu hermana? También, puedes seguir monitoreando lo que pasa en otras sedes desde una oficina especial…
—No, no es lo que quiero.
—Dime qué puesto quieres y lo tendrás, de eso me encargaré personalmente.
—Por ahora, quiero la vicepresidencia— su sonrisa vuelve a temblar.
—Hijo, Isla ha estado ocupando ese lugar para apoyarme. ¿No has pensado en otro puesto? Además, desconoces el movimiento en la sede principal. Porque no inicias en otro lugar.
—Bueno, Isla no es la heredera de esta empresa. Yo lo soy. Podría pedir la presidencia. En realidad, ese es el puesto que heredé. Pero no lo estoy pidiendo por ahora. Como bien dices, querido tío, necesito aprender más sobre “el movimiento”. Aunque por toda la experiencia que he adquirido y lo que me ha educado mi padre, soy capaz de llevar la vicepresidencia sin problema.
Ahora, Harry no está impactado. Está molesto, siempre que se enoja, su rostro enrojece.
Frank me lo había advertido. Me dijo que no confiara en él tan ciegamente, que muchas de sus acciones me orillaban a ser un inútil en la empresa. No creo que mi tío se quiera quedar con todo, pero sí que me menosprecia, que no confía en mis habilidades. Por eso me quedaré.
Él no sabe que fundé otra empresa, que no me enfoqué en las sedes de Energy nada más. Quería demostrarle que podía hacer crecer mi propio imperio y fortalecer el de mi padre.
Pero Harry no me da la oportunidad.
—Entiendo, Jackson. Piénsalo bien, hijo. También, piensa que puedes aprender de tu esposa, que está ahora como vicepresidenta. Ella te puede enseñar lo que necesitas. No lo tomes todo tan rápido. Ya no eres tan joven y eso de actuar impulsivamente, ya no va contigo, hijo. Recuerda lo que pasó hace cinco años. Los accionistas no te darán otra oportunidad— su voz se vuelve de tristeza junto con una pizca de desdén por el pasado.
En ese pasado en el que los accionistas no querían dejar la empresa en mis manos, porque me derrumbé después de la muerte de mi padre. Harry estuvo ahí, y me ayudó a ganar credibilidad, aunque no de la forma convencional.
Tuve que casarme con Isla, su hija adoptiva. Fue la única mujer a mi lado que aceptó el reto y ese contrato que salvarían mi reputación.
—Tomaré el puesto. Isla puede quedarse en caso de que necesite algo— respondo. Decido ceder en eso para que pueda obtener el puesto sin tantas preguntas.
—Muy bien, eso los unirá más. Tal vez, que trabajen juntos haga que su relación crezca y me den un heredero— sigue con sus ideas locas.
—Deberías de ir a verla en su oficina y darle la buena noticia. Ve— responde emocionado sacándome de su oficina, que ni siquiera pude observar bien.
—¡Tú, guardaespaldas! Jackson está seguro aquí, no te necesita. Va a ver a su esposa, no hagas mal tercio— Harry intenta tomar del brazo a Frank, quien, con ese porte serio y enojado, logra esquivarlo y mantenerse a mi lado.
Sigo mi camino, sin tomar en cuenta los comentarios despectivos de mi tío sobre mi amigo.
—Pensé que le harías caso.
—Jamás— bufa con molestia. — No trabajo para él y no me confío de sus intenciones. Prefiero mantenerme a tu lado para protegerte.
—¿Qué pueden hacerme? — respondo quitándole peso a lo que acaba de ocurrir, aunque dentro de mí, tengo esa sensación de que todo no es tan real y tan honesto por parte de Harry.
—Así sea soportarlo a él o a la loca de tu esposa, prefiero estar a tu lado.
—Eres un buen amigo.
—Espero que pienses eso cuando me pagues por mis servicios. Un aumento me vendría bien— Su broma me hace rodar los ojos. Es el típico sujeto con cara de asesino, pero bromista y por momentos alivianado. Excepto cuando trabaja, se convierte en el mejor guardaespaldas y su actitud es seria, concentrada.
—Tal vez, te despida.
No me responde porque llegamos a la oficina de Isla, mi esposa y quien está regañando, con gritos agudos, incómodos y groseros, a su secretaria. Una chica que está casi llorando por los regaños.
—¡Estúpida! Te pedí que trajeras mi ropa de la tintorería, que hoy hay una reunión importante. No puedes hacer nada bien. ¡Estás despedida! — grita. Tiene los ojos rojos, como si el tema de su ropa fuera el asunto más horrible que hubiera vivido.
—Su trabajo no es recoger tu ropa— entro a la oficina, defendiendo a la chica, quien me mira con sorpresa. Isla se queda en shock, hasta que reacciona y su rostro distorsionado por la ira, se convierte en uno de víctima y comienza a llorar.
—¡Jackson! ¡Cariño, has vuelto! — se acerca a mí, pero me aparto de ella, alejándome lo más que puedo para evitar su contacto. Su rostro muestra tristeza. — Cariño, hoy tenemos una reunión importante con los accionistas. He estado trabajando incansablemente estos días, que tuve que pedirle a mi secretaria ese pequeño favor.
Aunque Isla siga explicando la “gran injusticia” que acaba de vivir, eso no justifica sus acciones.
—Puede dejarnos solos— le pido a la secretaria, quien asiente y sale corriendo, huyendo del lugar.
—Jackson…— Isla me llama con voz agraviada.
—Es tu responsabilidad ir por tu ropa. El personal de la empresa se encargan solamente de este lugar, no de tus caprichos.
Isla hace esa expresión de estar herida.
—Jackson, tiene tanto tiempo que no nos vemos y lo primero que haces es venir a pelear conmigo, a reprocharme. Es una situación extraordinaria.
—Lo que haya pasado, tu actitud no está a la altura de la empresa. Así que es mejor que vayas a la casa de tu padre a descansar. Tomaré la vicepresidencia.
Isla abre los ojos con sorpresa.
—Jackson, este es mi puesto.
—Sí, y pensaba en darte una oportunidad para colaborar, pero viendo que no haces tu trabajo, no me queda de otra que despedirte.
—¡No puedes despedirme! Mi padre…
—Tu padre está a cargo por ahora. Pero esta es mi empresa, no suya, tampoco tuya.
—¡Soy tu esposa!
—Solo por un contrato y para mantener las apariencias.
Isla se toca el pecho como si la hubiera ofendido terriblemente.
—No puedes humillarme y lastimarme de esa manera, Jackson. Soy tu esposa por ley, tú eres quien me mantiene lejos. Sabes que te amo, que me casé contigo por amor, no por tu herencia, ni por las apariencias. Me casé porque te amo y porque no quería verte triste por la muerte de tu padre. Yo estuve contigo todo este tiempo, respaldándote…— comienza a llorar, descontrolada.
Odio que juegue esa carta conmigo, que me haga sentir culpable y comprometido por su apoyo, por el apoyo de su padre.
—Lo siento, Isla. No te amo y no puedes quedarte en la empresa.
Ella suelta un jadeo de dolor, muy falso.
—He trabajado aquí por años, soy la mando derecha de mi padre. No sabes los sacrificios que he hecho por esta empresa. ¡Tú estabas disfrutando en las otras sedes! ¡Yo estaba aquí resolviendo tu desastre! — por fin, saca las uñas.
—No te pedí que lo hicieras.
—¡Lo hice por ti!
—¿Qué pasa aquí? — Harry entra corriendo, directo a abrazar a su hija mimada y caprichosa.
—¡Papá! ¡Jackson me quiere despedir! — grita entre los brazos de su padre.
—¡Jackson! No quedamos en eso.
—Lo siento, Harry. Pero no tolero a las personas que usan su poder para aplastar a los demás. Tu hija estaba montando un espectáculo arrogante hace unos momentos.
—Ella tiene todo el derecho…— lo interrumpo.
—No tienen ningún derecho. Ni siquiera tiene un contrato real para trabajar aquí.
Ambos se tensan en su lugar. Seguramente, pensaron que no tenía conocimiento de que, por capricho de su hija, le dejara estar en la empresa sin nada que la vincule legalmente. Claro, que eso le ayuda a protegerse de demandas. No trabaja ahí legalmente, no puede castigarse.
Harry la consciente demasiado.
—Aun así, ha tomado el lugar que debiste tomar tú, pero que decidiste tirar, todo por tus viajes. Todo por reencontrarte, por lamerte las heridas. Jackson, no eres el único que perdió a alguien, yo perdí a mi hermano y aquí estoy, al frente de lo que te corresponde porque eres débil. Porque dejaste todo tirado.
Harry habla con dureza.
Lo que no sabe es que sus palabras ya no me hieren, solamente chocan con esta coraza que he construido a mi alrededor.
—Así como tú, he hecho crecer esta empresa. No necesitas darme sermones ni adjudicarme culpas morales. Tomaré la vicepresidencia, estés de acuerdo o no, Harry.