Unos incontrolables celos se apoderaron De Sophia, no soportaba ver a Alexander tan quitado de la pena del brazo de aquella mujer que se había convertido en su sombra durante el matrimonio. –Soy una estúpida, amiga, yo sintiendo remordimientos por lo que le estoy haciendo a ese idiota, y míralo nada más, del brazo de esa trepadora como si nada estuviera pasando, definitivamente ese hombre no merece ninguna consideración de mi parte–. Se dijo con determinación. –Nada ganas con atormentarte, Sofia, vinimos aquí para divertirnos y eso es lo que haremos, sin importar que Alexander se encuentre en este lugar, es hora de demostrarle que él no mueve los hilos de tu vida–. Sugirió Catalina. Ella asintió y le pidieron al camarero que les trajera una botella del más selecto vino, empezaron a brin

