Alexander comenzó a volverse presa de la desesperación, no sabía qué hacer para sacar a su familia de aquella situación tan terrible. Miraba la carpeta con el acuerdo que Sofía le había mandado, y aún cuando estaba renuente a aceptar, sabía que por el momento no tendría otra solución. Estaba apunto de marcar el número que su ex esposa había puesto en el documento de la propuesta, cuando se escucharon unos firmes tacones avanzando hacia su oficina. Levantó la vista del documento para encontrarse con la soberbia presencia de su madre quien estaba cerrando la puerta detrás y que además lo estaba mirando con cara de pocos amigos.
–¿Hasta cuánto pensabas decirnos lo que está pasando, Alexander?– Gruñó su madre enfurecida.
–Ahora no, mamá, tengo muchas cosas en la cabeza como para escuchar tus impertinencias–. Le contestó portándose de manera irrespetuosa por primera vez.
Lilian avanzó hasta donde él se encontraba mirándolo directamente a los ojos, y luego lo tomó por los hombros obligándolo a ponerse erguido.
–Cuida la forma en que me hablas, jovencito, mira que soy tu madre y me debes respeto, y ahora sí, explícame qué rayos está pasando–. Espetó.
–Están apunto de embargarnos, vamos a perderlo todo, madre–. Dijo Alexander confirmando las sospechas de la mujer.
–¿Y qué estás esperando para pedirle ayuda a Sofía?, Es la única que puede sacarnos de este problema en el que estamos metidos, se ve que esa mujer se muere por ti, Alexander, y no puedes desaprovechar esa oportunidad–. Sugirió Lilian tendenciosamente.
–Ya lo hice, y esto fue lo que recibí–. Contestó el CEO mostrándole la carpeta con los documentos.
Lilian echó un vistazo rápido al contenido de la propuesta y una furia inminente se apoderó de ella.
–¿Pero qué ha creído esa mujercita estúpida?, ¿Qué puede venir a burlarse de nosotros cuando le dé la gana?– Gritó enardecida .
–Con esto espero que te quede claro que ella no tiene ninguna intención de ayudarnos, por el contrario, quiere quedarse con la mayoría de nuestra empresa, y por si fuera poco pretende dirigir la compañía y ocupar mi lugar–. Mencionó Alexander.
Lilian se quedó pensando un momento, pasaban toda clase de ideas por su cabeza, hasta que llegó a una conclusión y no tuvo reparo en compartirla con su hijo.
–Escúchame muy bien, hijo, haremos como que aceptamos la propuesta de Sofía, con eso ganaremos tiempo, pero cuando tú estés cerca de ella, trabajando en sacar adelante nuestra compañía, te aprovecharás y conseguirás seducirla y hacer que nos devuelva absolutamente todo–. Urdió la mujer sin ningún miramiento.
Alexander no podía creer lo que estaba escuchando de labios de su madre, era verdad que en el pasado se había portado terriblemente con su ex ex esposa, pero atreverse a sugerir algo semejante, sinceramente le parecía repulsivo.
–¿Qué es lo que te pasa, madre?, Yo no voy a prestarme a ese juego sucio que propones–. contestó determinado.
–Claro que lo harás, es la única alternativa que tenemos, yo no pienso pasar privaciones por tus escrúpulos tontos, nosotros te hemos dado mucho, y es hora que nos lo regreses, te entregamos el control de la compañía y mira lo que hiciste, traicionaste nuestra confianza llevándonos a la quiebra total, así que es tu responsabilidad y vas a solucionarlo te guste o no–. Sentenció.
Lilian se dio la vuelta marchándose, sabía que había logrado su cometido al sembrar en Alexander la culpabilidad por haber llevado al fracaso a la compañía, por lo que no tenía ninguna duda de qué él aceptaría la propuesta y haría exactamente lo que ella le estaba exigiendo. Tomó su teléfono y con manos temblorosas marcó el número de la oficina de Sofía, pero para su sorpresa, no fue ella la que contestó, si no su asistente.
–Buen día, por favor comuníqueme con la Sra. Hamilton–. Le exigió a Alexander a la secretaria.
–Ella no se encuentra en este momento, voy a revisar su agenda para ver qué día puede atenderlo–. Contestó la chica acatando las indicaciones que su jefa le había dado.
Alexander frunció el ceño, pues no se esperaba encontrarse con ningún protocolo, después de todo no estaba acostumbrado a rendirle pleitesía a nadie, y el hecho de qué Sofía lo estuviera orillando a hacerlo, lo desconcertaba por completo.
–Era el señor Bennett, y tal como usted me lo pidió, le dije que tenía que esperar a que hubiera un lugar disponible en su agenda–. Le informó la asistente a Sofía.
–Gracias Violeta, hiciste muy bien, esa gente no se merece ni la más mínima consideración–. Señaló.
Los días pasaron y por supuesto que Sofía hizo esperar lo más posible a Alexander, quería llevarlo a una situación desesperada para que no tuviera más alternativa que aceptar la ventajosa propuesta que ella le había ofrecido, después de todo se trataba de salvar el corporativo de su familia, y tendrían que atenerse a lo que ella tuviera para ofrecerles así no les gustara.
–Señora, él está aquí–. Le anunció Violeta su asistente.
Ella emitió un suspiro, tratando de llenar de aire sus pulmones, se sentía muy nerviosa, pues a pesar de qué odiaba a Alexander con todas sus fuerzas, la sola presencia de ese hombre todavía la perturbaba, pero no podía permitirse ser débil, por el contrario, debía demostrar de qué estaba hecha . Ahora era ella quien tenía el poder en sus manos y tenía que aprovecharlo para hacerle pagar a él y a su familia todo el sufrimiento y humillaciones que le hicieron en el pasado.
–Dile que pase–. Contestó por fin.
Sofía se irguió en su silla, se podía vislumbrar a una mujer imponente y con una belleza que era capaz de enloquecer a cualquiera. El poder y la majestuosidad que emanaba de ella era impresionante y con tan sólo verla, a Alexander se le aceleró el pulso, haciendo que cada fibra de su cuerpo reaccionara ante su presencia.
–Buenos días, me da mucho gusto verte Sofía–. Pronunció.
–Que tal, señor Bennett, espero que haya revisado la propuesta que le envié–. Puntualizó.
él se quedó pensando por algunos segundos, pasaban por su mente las palabras de su madre, pero también sus propias convicciones, por más que querían rehusarse a hacerle una mala jugada a Sofía, por el momento no tenía otra alternativa más que aceptar su propuesta, pero esperaba que en el trayecto, las cosas pudieran cambiar entre ellos evitando volver a hacerle daño.
–Así es, mi familia y yo hemos decidido aceptar tu ofrecimiento–. Respondió apesadumbrado.
Sofía sonrío para su adentros, pues sabía que estaba dando un paso muy importante para concretar aquella venganza que tanto anhelaba, pero por alguna extraña razón no se sentía feliz, sólo fue una satisfacción momentánea e inmediatamente después el mismo vacío se instaló nuevamente en su interior.
–Muy bien, tiene tres días para disponerlo todo, en ese tiempo se realizará la junta del consejo directivo donde se hará mi nombramiento–. Determinó.
–¿Tan pronto?, Pensé que nos darías más tiempo–. Manifestó sorprendido.
–El tiempo es oro, señor Bennet, y usted debería saberlo, cuando se trata de negocios cada segundo es muy valioso, así que si no tiene objeción o algo más que decir, procedamos con las firmas correspondientes del contrato–.
Alexander estaba petrificado, aquella mujer no era ni la sombra de la mujer extraordinaria con la que él se había casado, un año atrás ella hubiese hecho cualquier cosa por hacerlo feliz, y ahora tan sólo quería destruirlo. Eso le dolía profundamente, pero sabía que se había equivocado demasiado con ella, y ahora estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para ganarse nuevamente su corazón. Sofía se quedó muy triste, después de todo la venganza no estaba resultando tan dulce como pensaba, ver a Alexander en aquella posición derrotada, no le hacía feliz, pues aún seguía amándolo, pero no podía evitar pensar en que aquella fachada de debilidad, tal vez podía ser un montaje, conocía a su familia y sabía que eran capaz de todo con tal de lograr sus perversos fines, así que se sacudió cualquier tipo de arrepentimiento y dejó atrás la debilidad, se puso de pie y fue directa directamente a la entrada del impresionante corporativo de los Hamilton desde donde llamó a Catalina, su mejor amiga.
–Dime por favor que estás libre, amiga–. Le dijo con voz temblorosa.
–Hay, por Dios, esa vocecita me dice que estás muy triste, pero no te preocupes, no hay cosa que hablando con las amigas no se pueda desaparecer–. Contestó ella con el ánimo que siempre la distinguida .
–Muchas gracias, no sé qué haría sin ti–. Le aseguró.
Acordaron la hora y el lugar, Sofía sabía que en compañía de Catalina las cosas irían mucho mejor, ellas siempre habían sido muy buenas amigas y era con la única con quien podía desahogarse y ser realmente ella misma. Sus padres habían sido un gran apoyo en todo ese tiempo, pero no lograban entenderla, pues jamás estuvieron de acuerdo en que contrajera matrimonio con Alexander, sabía que la área sufrir y aunque aquello sucedió tal como ellos pensaban, en su corazón todavía guardaba ese gran amor y la pasión que la consumía. El día transcurrió y Alexander estaba tratando de prepararlo todo para la llegada de Sofía, aquel momento inevitable tarde o temprano llegaría y era mejor tenerlo todo listo, no le gustaría tener que abandonar la oficina en presencia de ella, sería mejor si tuviera todo listo. Sentía que ya no podía más, habían sido muchas emociones en un solo día y necesitaba desahogarse, así que llamó a la única mujer que le había podido dar consuelo en todo ese tiempo, aunque fuera de manera física, porque en sus sentimientos, en lugar de Sofía seguiría permaneciendo intacto.
–Elisa, qué bueno que me contestas, ¿Te gustaría salir a tomar una copa conmigo?– Le propuso.
Elisa suspiraba por Alexander, y por supuesto que no dejaría pasar la oportunidad de estar junto a él y ganar terreno frente a su ex mujer. Ella era una digna rival y tenía que cuidar muy bien cada paso quedaba, porque de ninguna manera permitiría que Alexander volviera a dejarla para ir tras de ella. Aún cuando su padre le había prohibido estar cerca de los Bennett, ella no le obedecería, y actuaría de una manera muy discreta, ya que estaba segura que los Bennett algún día recuperarían su posición y las oportunidades para ellos dos volverían a estar latentes. Las chicas llegaron al lugar y se instalaron en el VIP, todos las veían con admiración, pues su belleza resaltaba sobre las demás, y por supuesto que las miradas masculinas no se hacían esperar.
–Ahora si, cuéntamelo todo, sabes que soy toda oídos–. Pronunció su amiga.
–Me siento muy mal, Catalina, estoy apunto de quitarle el poder de la empresa a Alexander, y no siento la satisfacción que deberías sentir, después de todo el daño que me hizo tendría que estar feliz y sin embargo me siento terriblemente–. Confesó la chica apunto de dejar caer las lágrimas.
–Amiga tu eres una mujer maravillosa, porque si yo estuviera en tu lugar, te juro que no lo pensaría dos veces para destruirlo–. Expresó su amiga.
–Me está costando mucho más de lo que imaginé, su presencia me inquieta, lo tengo cerca y deseo estar en sus brazos y decirle cuánto lo amo, pero no, no puedo hacerlo, esa gente me lastimó demasiado y no pienso permitirles que se salgan con la suya una vez más–. Concluyó decidida.
Catalina le apretó la mano, y la miró complacida.
–Esa es la actitud, mi niña, piensa en todo el sufrimiento que tuviste que vivir, tienes que sacar las fuerzas desde lo más profundo de tu corazón, yo sé que se dice que la venganza no es buena, ¿Pero acaso la gente sabe todo el dolor que tuviste que atravesar?, A esa gente no le vendrá nada mal recibir una merecida lección–. Le aconsejó Catalina.
Sofía estaba perdida en la charla, cuando de repente sus hermosos ojos se cruzaron con la figura imponente de Alexander, que venía tomado del brazo de una atractiva mujer que le sonreía en forma coqueta y quien parecía devorarlo con la mirada .