Entre la espada y la pared

1808 Palabras
Entre la espada y la pared. Alexander estaba muerto de celos, le costaba demasiado asimilar que ahora Sofía pudiera estar rehaciendo su vida con alguien más. Sabía que William Parker tenía todo lo necesario para conquistar a una mujer, una posición envidiable, y un físico increíble que derretiría a cualquiera con su sola presencia, no obstante, había sentido en aquel beso que se dieron en la oficina de Sofía cómo los sentimientos y la pasión seguían presentes. Pero también era consciente del odio infinito que su ex mujer sentía por él y su familia. Mientras tanto, Elisa permanecía en silencio observándolo, estaba muy celosa porque por primera vez Alexander la estaba ignorando y eso para nada le convenía. –¿Me imagino que estás tan ausente debido a los problemas de tu familia?– Preguntó ella con suspicacia. –Por supuesto, estamos en una situación terrible, el corporativo está a punto de irse a la quiebra y todavía no encuentro la solución–. le confesó por fin. Elisa se acerca en forma seductora, acariciando el rostro de Alexander que nunca había podido resistirse a su proximidad, pero esta vez se sentía frío como el hielo, puesto que ni siquiera se inmutó ante su contacto. –Vamos, cariño, tienes que relajarte, y yo sé lo que puedo hacer para que eso suceda–. Continuó Elisa con el coqueteo. Pero él se apartó bruscamente y la miró como nunca antes lo había hecho, pues en esos momentos la única mujer que robaba todos sus pensamientos era su ex esposa, a quien no había conseguido dejar de pensar en ella ni un solo día desde que se fue, o mejor dicho, desde que él la sacó de aquella manera tan cruel y despiadada de su vida. Y ahora verla así, completamente transformada, convertida en una mujer poderosa y mucho más bella de lo que ya era, definitivamente supuso un impacto demasiado fuerte para Alexander y su familia, y el amor emergió con mucha más fuerza, porque ahora se había dado cuenta de qué siempre estuvo enamorado de ella, y que la perdió por hacerle caso a su familia y a un supuesto sentimiento por la mujer de su juventud, con quien no podía casarse porque su abuelo no estaba de acuerdo, en cambio cuando conoció a Sofía, quedó deslumbrado por ella e insistió para que Alexander contrajera matrimonio con aquella chica tan sencilla. Nunca entendió porque el afán de su abuelo, ella era una simple secretaria en ese tiempo, o al menos era lo que él pensaba, no obstante, su belleza lo cautivó por completo, pero sentía que Sofía no estaba a su nivel, lo cual era una equivocación terrible. –Lo lamento, Elisa, ahora no soy buena compañía para nadie–. Le dijo. –¿Es por tu exmujer verdad?– Preguntó ella furiosa. Él no contestó, pero la mirada perdida y el brillo que había en su rostro lo decían todo, lo cual hizo que Elisa se llenara de unos celos indescriptibles. –Creo que será mejor que me vaya, tú estás aquí pero tu mente está en otro lugar, y eso es muy humillante para mí–. Espetó. La arrogante chica se dio la vuelta y se marchó sin siquiera mirarlo, pero Alexander ni siquiera quiso detenerla, le importaba muy poco lo que ella pensara o estuviera sintiendo, desde hacía un tiempo se había decepcionado de Elisa, pues no era lo que él esperaba, y comparada con Sofía , era una mujer frívola y calculadora a la que sólo le interesaban sus propios fines. Elisa no estaba dispuesta a perder a Alexander, estaba obsesionada con él, y no estaba dispuesta de qué otra vez, Sofía fuera a arrebatárselo por más hija de los Hamilton que ella fuera. En el pasado su abuelo no le había permitido casarse con Elisa, pues desde que conoció al mayor de los Bennett, este se comportaba de manera hostil con ella, le desagradaba demasiado, y por supuesto que Elisa sentía lo mismo, le parecía un viejo antipático, pero en realidad es que el abuelo sabía perfectamente que Elisa era una mujer fría y calculadora, que sólo quería fusionar las empresas de las familias para que sus padres tuvieran una mejor posición, y los Bennett podían representar ese salto que ellos tanto les convenía. La mujer se dirigió con pasos firmes hacia la oficina de su padre, y como siempre estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para convencerlo de qué le permitiera casarse con Alexander, después de todo ya era su tiempo, y no era justo seguir esperando, estaba segura que dada la situación de los Bennett, su suegra la ayudaría para que ese matrimonio se llevara acabo lo más pronto posible. –¿Cómo está el papá más hermoso de todos?– Pronunció con su acostumbrada zalamería. El hombre sonrió, pues sabía que cuando su hija le hablaba de esa manera, algo muy grande iba a pedirle. –¿Y ahora qué capricho quieres que te cumpla, princesa?– Contestó lanzando un suspiro. Ella se acerca y le da un beso en la mejilla. –Ay, papi, no voy a pedirte nada que no puedas concederme, es lo que he querido toda mi vida pero que por cosas del destino no se me ha podido conceder, y tú sabes que no soporto que las cosas no salgan como yo quiero–. Exclamó. –Explícate, cariño, mira que no estoy entendiendo nada de lo que dices–. –Me quiero casar con Alexander–. Soltó por fin. Su padre la miró con intensidad, su rostro estaba rojo por la furia que estaba experimentando, y luego de dar un golpe sobre la mesa se puso de pie yendo hasta donde estaba ella . –¿Estás loca?, ¿Que no has escuchado la situación tan deplorable en la que se encuentran los Bennett?, Por supuesto que no voy a entregarles a mi hija a esa sarta de perdedores–. Sentenció. –Pero, papá, tú siempre has estado de acuerdo con mi relación con Alexander, no entiendo que te está pasando ahora–. Cuestionó incrédula. –Eso era antes, hijita, cuando ellos tenían una buena posición, cuando estaban a la altura y podían ayudarnos para dar el salto que tanto necesitamos–. Señaló. –Estoy segura que la situación de los Bennett es temporal, padre, ellos muy pronto van a reponerse y volverán a ser la familia prominente que siempre fueron–. Trató de convencerlo. –He dicho que no y es mi última palabra, y ahora márchate que tengo muchos pendientes–. Le dijo sin ninguna consideración. Elisa no podía dar crédito a lo que acababa de escuchar, su padre le estaba negando algo por primera vez en su vida, y nada más y nada menos que estar con el gran amor de su existencia, lo cual le dolía más que cualquier cosa en el mundo, pero no podía desobedecerlo, ya que su padre podía llegar a ser implacable cuando se lo proponía, así que con todo el dolor de su corazón, tendría que darle la espalda a Alexander y a su familia. Por otra parte, Sofía junto a su familia habían decidido pasar una larga temporada en Londres, y eso movía fibras muy sensibles de su ser, estaría en la ciudad muy cerca del hombre al que tanto había amado, pero que tanto daño le había hecho, y de quién pensaba desquitarse. –¿Alexander aceptó la propuesta, cariño?– Le preguntó su madre. Ella suspiró y dirigió su mirada hacia la carpeta que se encontraba sobre el escritorio. –Aún no, mamá, pero estoy segura de qué lo harán, no les queda otra alternativa–. Contestó decidida. –No debes bajar la guardia, mi amor, recuerda que esa gente sólo está esperando el mínimo descuido tuyo para volver a lastimarte, pude verlo en los ojos de esa víbora de Lilian, sólo quieren aprovecharse de tu posición–. Le advirtió Margaret. A Sofía le dolían profundamente las palabras de su madre, pero sabía que tenía la razón, esa familia lo único que habían hecho era humillarla y causarle sufrimiento en el pasado, y esta vez seguramente querrían volver a hacerlo, pero no pensaba permitírselos, esta vez iría un paso adelante, y estaría siempre alerta sin permitir que los sentimientos se antepusieran a sus intereses. –Nunca dejaré que esa familia de porquería vuelva a dañarme, mamá, puedes estar tranquila, porque te juro que ellos van a pagarme cada lágrima que he derramado por su culpa–. Aseguró Sofía con un profundo resentimiento a cuestas. Margaret esbozó una sonrisa de satisfacción, al percatarse de qué su querida hija no volvería a doblegarse ante la voluntad de los Bennett, y allí estarían ellos para apoyarle en todo lo necesario y para encargarse de qué no cambiara de parecer. Alexander se encontraba en su despacho, analizando con detenimiento los últimos informes financieros de la compañía intentando buscar una solución, pero por más que le daba vueltas al asunto, lo único que veía eran cifras que desalentarían a cualquiera. Estaba pensando en la propuesta de de Sofía, pero le parecía un trato muy desventajoso para la empresa de su familia, además el hecho de tener que dejar el liderazgo del corporativo, era algo que le dolía profundamente y que lo hacía sentir decepcionado, pues había fracasado como CEO de la compañía. Le había fallado a su familia, ellos confiaron en que mantendría el buen nombre que por generaciones habían tenido los Bennett, y aún cuando había luchado con todas sus fuerzas para mantener el legado que por tantos años había sido su sustento, la joyería clásica que ellos manejaban, así como los accesorios, ya no tenían la misma popularidad y era necesario modernizarse, creando una línea mucho más moderna, accesorios más accesibles más a la parte con las necesidades actuales. Su móvil comenzó a sonar, se trataba de una llamada inesperada que lo cambiaría todo, desliza la pantalla y se dispuso a contestar. –Señor, tengo a todos los acreedores encima exigiendo sus respectivos pagos–. Le informó su director de finanzas. Alexander se frotó las sienes en señal de la enorme preocupación que estaba experimentando, respiró profundo tratando de encontrar el alivio que tanto le hacía falta. –Busca que nos extiendan el plazo para pagarles–. Le solicitó . –Eso es imposible, estamos a un paso del embargo, lo siento mucho, señor Bennett–. Le explicó el hombre preocupado. Alexander le agradeció a su director de finanzas y cortó la comunicación , se encontraba entre el espada y la pared, Sofía lo tenía acorralado junto con los proveedores que exigían lo justo, pero que en ese momento ni haciendo un esfuerzo sobre humano podría resolverlo.
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