Las cosas para los Bennett parecían ir peor cada día, Lilian estaba de un humor insoportable, Alexander trataba por todos los medios de animarla, pero nada de lo que hacía o decía era suficiente para controlar su amargura. —Ya ha pasado una semana, mamá, ¿Hasta cuándo vas a seguir encerrada en la habitación? —Cuestionó preocupado. —Déjame en paz, Alexander, ya no tengo motivos para seguir viviendo. El nombre de nuestra familia está en el fango, todo por lo que hemos luchado se fue a la basura por culpa de esa perra inmunda. Maldita sea la hora en que decidiste casarte con esa desgraciada — le echó en cara. A Alexander le dolían profundamente las palabras de su madre, nunca la había querido en el pasado, y sabía que mucho menos podía hacerlo ahora, y aun cuando su relación con Sofía esta

