Era nada más y nada menos que Sofía la que había hecho arribo en las instalaciones de la mansión Bennett. Todos la miraron con ojos de asombro, en especial Lilian, quien no sabía si ella había llegado para ayudarlos finalmente, o para darles la estocada final. –Que tal, señores, espero no haber llegado tarde – dijo ella con ironía. –Señora, Hamilton, llega usted justo a tiempo, se está haciendo efectiva la orden de desalojo – le informó el abogado que llevaba el caso. –Sabía que no nos dejarías solos en esto, hija – pronunció Lilian con zalamería. Sofía respiró profundo, necesitaba concentrarse para que la mejor actuación de su vida pudiera resultar muy convincente. Soltó una gran carcajada y los ojos de todos se voltearon a mirarla. –No te confundas, Lilian, si yo estoy aquí no es pa

