Necesito esposa
JEREMY
—Mamá... no empieces con tus cosas —me pongo de pie y camino hacia la ventana que daba a la calle. Mamá solía llamarme cada semana para repetirme lo mismo una y otra vez.
—Cariño, me preocupas. Vas a cumplir cuarenta años y aún sigues soltero. Esta bien que lo de Natalie te haya afectado mucho pero ya pasó. Eso fue hace cinco años. Supéralo y anda a buscar a esa chica especial para ti.
Suspiré frustrado porque odiaba que me acordada de Natalie cada vez que podía. Era estresante. Después de ella no he querido estar con nadie más ya que las relaciones son pérdida de tiempo en este momento para mi. Hagas lo que hagas nunca tienes satisfecha a esa persona.
—Ya, mamá. Tengo que seguir trabajando.
—No es bueno que solo te dediques a trabajar. Hay un mundo allá afuera esperándote, cariño. Tu abuela está preocupada, dice que ella va siendo mas vieja y no ha visto bisnietos. Ella tiene ganas de criarlos.
—Pues tendrás que adoptar a alguien porque yo ahora no pienso tener hijos. —brame. No me gustaba que se metieran en mis cosas personales y mucho peor cuando se trataba de mi vida amorosa o s****l. Pero mi madre era así.
—No digas esas cosas, cariño. Eres un hombre guapo, exitosos, cualquier mujer estaría dispuesta a darte amor. Es solo que tu eres muy frío y no te dejas.
—Mamá, voy a colgar.
—No te atrevas, Jeremy. Soy tú madre y tienes que obedecerme. Escúchame para que puedas salir adelante. Sal y encuentra a esa chica especial, estoy segura de que ella está por ahí, esperándote.
Quise reírme pero no lo hice, no quería que pensara que me estaba burlando de ella. Es normal que mamá esté desesperada por mi, a mi edad muchos hombres de negocios están casados y con hijos.
—Está bien, mamá. Voy a salir más. Me tengo que ir. —le dije.
—Vale, esta bien. Te llamaré mañana. Cuídate, cariño.
Colgué. A veces me estresaba que mamá me tratara como un niño cuando evidentemente no lo soy. Suspiré y volví a mi escritorio, flashes de lo qué pasó hace años con Natalie vinieron a mi.
*
AÑOS ATRÁS
Llegaba del trabajo, muy cansado evidentemente y solo quería encontrar a Natalie, comer algo juntos y dormirnos temprano. Pero Natalie no estaba de muy buen humor cuando llegué. La encontré en la habitación de arriba, terminando de hacer una maleta.
—Hola, cariño —la saludé con un beso en los labios pero ella se portó seca y se apartó de mi. Son malas noticias.
—¿Terminaste de trabajar? —pregunta ella, su tono es seco y molesto. Me pregunto por qué estará ahora de malhumor.
—Si, un poco tarde pero terminé por hoy. ¿Qué te pasa? ¿Por qué empacas tus cosas?
—Todavía me lo preguntas. —rodó los ojos.
—Claro, no se que es lo qué pasa. ¿Te vas de viaje con tus amigas?
—¡Claro que no! Increíble que no te des cuenta de lo qué pasa aquí. Jeremy, llevo horas esperándote. Me invitaste a una cita hace días y no puedo creer que se te haya olvidado. Estoy cansada de la misma situación siempre.
—¿Cita?
Traté de recordar cuando la invité a salir y pude hacerlo. Maldije para mi mismo porque le había quedado mal.
—Lo siento, Natalie, se me pasó por alto —la tomé de las manos—Discúlpame por favor, te lo voy a compensar te lo prometo.
—No prometas nada porque siempre quedas mal. Siempre estás en tu maldita empresa o en alguna reunión de negocios. Nunca tienes tiempo para mi. ¿Sabes, Jeremy? Deberías estar solo así no te molestas en romper promesas a nadie.
Natalie tomó dos maletas y se dirigió a la salida.
—¡Espera! Tu no me vas a abandonar. Maldita sea, Natalie, te dije que se me pasó. Tuve un problema en la empresa y eso me llevó mucho tiempo. No te vas a ir por esto, ¿o si? Te lo voy a compensar, podemos pasar todo el día juntos Mañana. Por favor.
—¿Ah si? ¿Y pasado mañana que? Luego será lo mismo contigo. Jeremy, esto no está funcionando así que es mejor que terminemos. Quédate con tu trabajo.
—¿Estás terminando conmigo?
No podía creer lo que estaba escuchado.
—Si. Así es. No es la primera vez que sucede algo como esto así que el hecho de que ya no quiera vivir así está más que justificado. Es lo mejor, Jeremy.
—¡Natalie! —la seguí. —Estas exagerando demasiado, estoy seguro de que podemos arreglar esto. —la tomé del brazo.
—Déjame, Jeremy. Estoy segura de que la pasaras mucho mejor solo. Admítelo, tú no estás preparado para tener una relación con nadie. Estás casado con tu empresa así que quédate con ella. Y por favor ya déjame ir.
Apreté los puños muy molesto y la dejé ir. No la detuve. Esa noche tomé una botella de whiskey y me la acabe. El día siguiente amanecí con un fuerte dolor de cabeza e indispuesto. Aún así me tomé una ducha fría y me fui a trabajar porque la empresa era la única que no me fallaba ni me abandonaba.
*
PRESENTE
Y así he pasado estos años: solo. A veces me da ganas de tener algo serio con alguien pero siento que aún no ha llegado esa persona. Sin embargo, mamá tiene razón. Quizás ya sea hora de que vaya saliendo al mundo y conozca gente nueva. No me puedo pasar el resto de mis años solo.
*
GRACE WELLS
Desperté con un poco de resaca pero no le di mucha importancia. Anoche había sido una buena noche. En el club los hombres me habían dado una buena propina. Sabía que lo que hacía no era digno de una señorita decente pero todo lo hacía por necesidad, porque el dinero era muy importante y porque tenía que comer. Me habían dado una propina de más de mil dólares y eso me dio felicidad. Planeé mi día para hoy: iría de compras, al salón de belleza, a comprar ropa y a llenar la nevera. Hoy era un día feliz y yo me sentía feliz.
Me levante y me duché con agua tibia. Desayune y me fui hacia el centro comercial. Lo primero que hice fue arreglarme el pelo y retocarme el tinte, allí me pase unas cuantas horas. Luego fui a comprar ropa y a comer un poco. Cuando me di cuenta ya eran las tres de la tarde. Hoy también tendría que ir a trabajar. Por último pase al supermercado y llene el carrito con las cosas que necesitaba.
Al llegar a casa empecé a acomodar la comida en la nevera y algunas cosas en la alacena. Acomode la ropa nueva que me había comprado y luego busqué algo sensual que ponerme para ir a trabajar. De amores no hablamos porque con la vida que llevo a ningún hombre le gustaría estar conmigo. Es mucho mejor estar sola, así nadie te reclama y tampoco estás pensando en si esa persona te traiciona. Además de que no tienes por qué frenarte a lo que sea que tengas que hacer por dinero. La verdad, me gusta la vida de ricos. Siempre fantaseo con lo que sería tener mucho dinero para gastar. Ya no tendría deudas y mucho menos pasaría estresada por no tener dinero para llegar a fin de mes.
La vida nocturna era bastante complicada. Algunas noches iba bien y otras no tan bien. Los hombres a veces pueden ser tacaños y aprovecharse. He tenido varios problemas con algunos.
Esa noche en el club hice lo mismo que las noches anteriores, bailaba y me dedicaba a complacer a los clientes. Me dieron propinas pero no fue como los días anteriores. Apenas fueron cuatrocientos dólares. Cuando llegue a casa cansada me dejé caer en la cama y me dormí. La noche del día siguiente la tenía libre así que planeé una cena conmigo misma en un lujoso restaurante. Hace mucho no me daba un gusto así.
Revisé mis r************* donde tenía mensajes de un montón de hombres ofreciéndose para que yo les hiciera caso. A veces hacían unas ofertas tentadoras sobre dinero pero algunos solo eran estafas o querían todo gratis así que por eso ni siquiera les contestaba.
—Buh —Sarah vino detrás de mi y me sonrió—¿qué tal la noche?
—Agotada como siempre. Fue bajo en comisiones pero está bien. Ya vendrán rachas mejores.
Estábamos en un restaurante cerca de la playa viendo jugar volley a los chicos mientras nos tomábamos un jugo.
—Lo mismo digo. De hecho solo vine para pedirte un favor súper importante.
La miré porque más o menos sabía de que se trataban sus favores.
—Hoy no me siento tan bien para ir al club y quería saber si podrías hacerme la noche. ¡Por favor!
—Sarah...
—Por favor di que si, di que si —suplico con sus manos juntas. No me gustaba que me hicieran perder mis planes, al menos tenía pensando que iba a descansar esta noche de todos esos hombres. —Anda, Grace, quien sabe si hoy es tu noche de suerte y de dan mucha más propina. No seas así. No me siento muy bien que digamos y quiero descansar.
Sarah tiene algunas ojeras de no dormir bien, me da pesar verla así porque se lo mucho que se esfuerza también por obtener algo de dinero. Debe de sentirse muy mal para perder su noche y también sus comisiones.
—Vale, esta bien.
—¡Gracias, eres la mejor amiga! —me abraza.
—¿Pero te sientes muy mal? Deberías ver a un doctor.
—Voy a descansar todo el día de hoy y la noche. Si mañana amanezco igual iré a verlo, lo prometo. Yo no quiero dejar de trabajar, sabes que no podemos darnos ese lujo.
Asentí.
—Vale, esta bien. Espero que hagas caso y te cheques.
—Está bien. Lo haré. ¿Quieres más jugo?
Asentí. Después de dejar a Sarah en su casa me dirigí a cambiarme y prepararme mentalmente para la noche. Sabía que tenía que poner de mi parte para que los hombres me dieran muchas más comisiones. Hoy tenía la esperanza de que sucediera. Tenía un buen presentimiento.