Capitulo 104

904 Palabras

Mientras Alastor se alejaba, su figura comenzaba a disolverse en la penumbra que rodeaba el lugar, como si el aire mismo se negara a retenerlo por completo. Cada uno de sus pasos parecía teñir el ambiente de un misterio espeso, envolvente, casi palpable. Su silueta se convertía en sombra, y la sombra en suspiro. Mi corazón, desbocado y tenso, golpeaba con fuerza contra la jaula de mis costillas, como si al hacerlo intentara advertirme o, quizás, rogarme que lo siguiera. Era un ritmo insistente, desesperado, que no sabía de calma ni de paciencia. La curiosidad se me incrustó en el pecho como una espina dulce, impaciente. Me urgía saber más, entender qué se escondía detrás de sus gestos, de sus palabras que resonaban en mi mente como ecos entre paredes antiguas. Pero el miedo, traicionero y

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