Mel se recostaba sobre el auto de Sebastián mientras éste observaba el robot de la empresa de robótica del padre de Melodie. Y ella mientras tanto lo observaba a él, y le contaba los defectos uno, por uno.
—Es realmente gracioso, es como estar en Chucky—dijo riendo mientras lo veía.
—Basta, no actúes como un niño Sebastián, además, es solo para limpieza, que más te da...
—Pues que no quiero uno de esos en mi casa.
—Tu padre le compro esa versión al mío y mi padre ha dejado la espalda en estas cosas, muestra algo de respeto.
—¿Y tú porque estás tan altiva?
—¿No recuerdas acaso?
—¿Sigues con eso?—inquirió él.
—Sí—insistió ella—.No se puede perdonar del todo cosas así...
—Entonces déjame, soy ruin.
—No, eres ruin cuando bebes y te drogas.
—Pero luego no recuerdo el daño que hago.
—Sabes del daño, solo no estabas consciente cuando lo hiciste.
Ella se quitó la bufanda que traía y le mostró sus moretones.
—Aún no se han ido...—le dijo.
—Mierda—espetó él con miedo.
—Sí, mierda.
—¿No se lo contraste a nadie?
—¿Olvidas que no tengo amigos?
—Bien, supongo que tengo que recompensarte...
—Algo como esto no tiene precio, no puedo creer que pienses que lo tiene.
—Por favor Mel, todos tenemos uno.
Ella giró los ojos a la nada y le dio inclusive ganas de vomitar. Lo odiaba, pero seguía a su lado.
—Deberíamos dejarlo aquí.
Él se acercó y tocó sus hombros viéndola fijamente.
—No me digas que no tiene solución...
—¿Crees que lo tiene? Estás tan dañado que todos los que se te acercan tienen un precio, pues yo no lo tengo y me cansé de ayudarte a cambiar.
—¿Acaso me dirás que no disfrutas de los lujos?—insistió él con suspicacia.
Ella volvió al auto.
—No me importa lo que pienses—dijo arrancando el auto y dejándolo a Sebastián atrás, lo dejó solamente en su casa pero el desdén se transformó en angustia ¿y quien era ella sin Sebastian?
La conversación de la cena con su padre tampoco fue amena.
—No compran Alone, eso me preocupa—comentó su padre en la cena.
—Será por su aspecto.
—De todos modos tengo otros planes con Alone.
—¿Debo saberlo?
—No especialmente.
—Entonces no me los cuentes—se volvió a comer enojada.
—¿Que sucedió con el chico Finderman?
—¿Quien habló de los Finderman?—preguntó ella intentándolo engañar.
—Sé que estás con él cuando yo no estoy y sé que desconectas a Alone.
—¿Y porque no te rayaste ésta vez?—inquirió ella.
—Porque es tu primera experiencia amorosa y no quiero ser yo el problema con el que vivas.
—Que generoso. De todos modos no estamos bien...
—¿Y eso es definitivo?
—No sé, nunca lo sé.
—Pues no es tan difícil, elige pros y contras—recomendó su padre.
—Ajá, ¿y luego?—dijo irónica ella.
—Decides donde se inclina tu corazón.
—¿Y si se inclina en los contras?
—Entonces te has vuelto una persona oscura, ya no te importa la mejor opción. De todos modos todo puede cambiar, las personas también.
—No papá, él no...
—No puedes decir que no te lo advertí...
—Ya lo sé, ¿esperabas que te lo diga?
—Esperaba que no salgas lastimada.
—No estoy lastimada—refunfuñó ella.
—¿Ah si? ¿Entonces porque apenas estas comiendo?
—Porque estoy enojada.
—El enojo es un paso al olvido.
—Pues en mi caso es un paso a volver a verlo, papá no fuerces las cosas.
—Está bien, supongo que debe ser incómodo hablar conmigo de esto.
—Lo es—dijo tajante.
—Está bien hija, solo entiende que quiero que seas feliz.
—Yo también quiero ser feliz, pero tienes que dejar de meterte en mis asuntos, papá.
—Lo prometo, no lo volveré a hacer.
—¿Me cuentas sobre tu proyecto?
—Pues, pensamos injertarlo en personas reales.
—¿Que dices?
—En personas que tengan muerte cerebral. Quizás podemos volver a hacer funcionar el sistema nervioso central.
—Es de locos, no eres Dios, papá.
—Solo piénsalo hija, alguien con un problema podría solucionar sus operaciones con un chip.
—Sigo pensando que es de locos, es reemplazar vida humana...con vida robótica.
—Implantaríamos los recuerdos, no se tocarían esas áreas neurológicas.
—De todos modos planeas intentar algo similar a jugar con sus cerebros.
—Sus cerebros están muertos, Mel.
—Como sea, no regresará la persona real, solo un reemplazo.
—Una parte de él...
—De todas formas eso es imposible papá...
—Estamos en la parte beta.
—Es una estupidez.
—Como sea, se acerca tu cumpleaños. ¿Que quieres hacer?
—Lo mismo de todos los años, papá. Cenar algo encargado y ver películas que ya vimos.
—¿Sigues sin hacer algún amigo que valga la pena?
—Imagina que mi mejor opción es Sebastián...
—Él podría hacer una fiesta en tu nombre, con sus compañeros de estudio...
—Bueno, supongo que sí, nunca le dice que no a una fiesta...
—Genial, hablaré con su padre entonces.
—No creo que eso sea necesario, lo hablaré yo misma—dijo marchando rápidamente a su recámara y llamando a Sebastián.
—''¿No habíamos cortado?''
—''Sí, pero mi padre quiere que organices una fiesta por mi cumpleaños''
—''¿Cuando es?''
—''La semana entrante''
—''¿Y hablará conmigo?''
—''No, por eso te hablo. Intentará hablar con tu padre''
—''Evita eso, tendrás la fiesta''
—''Está bien, muchas gracias Sebastián''
—''Sabes que siempre quiero la excelencia para ti''
—''Sí, gracias''
Cuando terminó de textear se había dado cuenta que no podría deshacerse de Sebastián fácilmente, de su perpetrador. Nadie podía ayudarla, se sentía profundamente sola, su cumpleaños lo pasaría con quien tenía dudas de quien fuera su enemigo o su amante. En ocasiones que no admitía, le gustaba pensar que Sebastián y su parte monstruosa se convertían en las de un príncipe, como lo era cuando comenzaron, pero la vida y los deseos tan intrínsecos de los seres humanos solo pueden cumplirse en los altos y ella, para entonces, se sentía en lo bajo. Lo bajo lo ahogaba, Sebastián la ahogaba, su padre estaba totalmente inmerso en su mejor obra y no pudo verla, allí, pidiendo tacos y con el alma desbordada. Se preguntó si elevaba el rostro él vería su tristeza, pero no lo hizo, la miraba a los ojos y no notaba nada, mientras que dentro suyo llamaba a alguien que soportara todo el sufrimiento que ella no podía soportar.
Y finalmente, ella no lo pudo soportar y eligió la peor de las opciones, volverse una suma del mal que la atormentaba. Pensó que si se volvía un par de sus vergüenzas y sus lamentos, entonces la tristeza no tocaría su puerta, en visto a que estaría junto a ella, para siempre.